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Los Caídos, Alcalá-Zamora, Franco, Azaña y la nueva ‘Memoria Democrática’

Manuel Azaña. Fotografía: Archivo Digital de Polonia (Fuente: Wikimedia) / Francisco Franco. Fotografía: Biblioteca Virtual de Defensa (Fuente: Wikimedia) / Niceto Alcalá-Zamora. Fotografía: Archivo de Prensa de Neurisse (Fuente: Wikimedia).

El alcalde socialista de Alicante, José Luis Lassaletta, consiguió que la Cruz de los Caídos sea un recuerdo pacífico y religioso de una guerra fratricida

Franco está muerto y bien muerto si no fuera porque los socialistas sanchozapateristas y sus socios podemitas de Gobierno se empeñan en resucitarlo. No es que yo pretenda que se olvide el pasado franquista, pero una cosa es no olvidar el pasado por el peligro de que se repita y otra, muy distinta, acudir al pasado de la Guerra Civil y una postguerra triste y revanchista para repetir el desastre cainita. A ver si me entiende el señor Pedro Sánchez; que la Transición se hizo no solo por derechistas, sino también por socialistas y comunistas que, junto con los republicanos de Manuel Azaña, fueron incapaces de vencer a unos sublevados de los que se reían, en un principio, los Alcalá-Zamora, Manuel Azaña, Indalecio Prieto, Largo Caballero y un largo etcétera. Y es que la República lo tenía todo (o casi todo) a su favor para aplastar a unos sublevados a los que menospreciaron más de la cuenta.

Han pasado 81 años del final de la Guerra Civil y casi 50 de la muerte de Franco. Ya no hay franquistas; ya no hay falangistas; ya no hay requetés; ya no hay más que socialistas sanchistas y comunistas podemitas para desgracia de este país en el que Sánchez e Iglesias están reproduciendo el Frente Popular que provocó la Guerra Civil y la perdió cobardemente como demuestran los historiadores y los documentos de algunos protagonistas, entre ellos Manuel Azaña, Negrín, Carrillo, La Pasionaria e infinidad de protagonistas de una Segunda República en la que se asesinaban entre sí algunos republicanos y se culpaban de cobardes y traidores los más altos dirigentes de los partidos de izquierdas.

Pedro Sánchez y cualesquiera gobernantes que deseen la reconstrucción de España (y no me refiero a la tan cacareada de la economía tras la pandemia del coronavirus) tienen que tener altas miras. Hay que buscar la concordia y no la restauración del Frente Popular. El socialista Sánchez tiene que aprender de sus antecesores del PSOE, excluyendo al malvado Zapatero, amigo y protector del chavista Maduro tras haber puesto en marcha la perversa Ley de Memoria Histórica, como si la historia pudiera escribirse con leyes y menos con leyes para fomentar el odio revanchista.

Aprenda Sánchez de otros compañeros del PSOE no a destruir sino a construir, como hizo, por ejemplo en Alicante, el alcalde socialista, de grata memoria, José Luis Lassaletta, regidor durante tres legislaturas. Hizo muchas cosas para el progreso de la capital, como uno de sus antecesores, Agatángelo Soler, de distinta ideología y, como Lassaletta, hombre de gran corazón y más alicantinos ambos que el Benacantil.

Lassaletta acabó con una vieja polémica en torno a la Cruz de los Caídos, que desde 1940 ocupa un lugar entre las calles Doctor Gadea, Federico Soto y Eleuterio Maisonnave, asomada a la Plaza Calvo Sotelo. Juntas conviven la Cruz de los Caídos, la Plaza Calvo Sotelo y la estatua de Eleuterio Maisonnave, el primer alcalde republicano de Alicante a finales del siglo XIX.

 El 8 de marzo de 1987, el alcalde Lassaletta, con otras autoridades civiles y militares, inauguraron la nueva inscripción de la Cruz de los Caídos: “1936-1940, A todos los hombres y mujeres que murieron en defensa de sus ideales”.

Cruz de los caídos. (Fuente: Alicante Vivo).

Plaza de Calvo Sotelo, dedicada a una víctima de la izquierda cavernícola republicana, una de cuyas facciones criminales actuó para vengar la muerte-asesinato del teniente Castillo, ambas muertes injustificables y execrables, pero sin meter en el mismo saco a un líder de la oposición de derecha monárquica, de comportamiento intachable, y a un mando de la Guardia de Asalto que fue expulsado del cuerpo por apoyar la revolución de Asturias de 1934 y al que, con la llegada del Frente Popular en 1936, se le atribuyen algunas actuaciones criminales por acreditados historiadores.  

Mientras que se conocen. con nombres y apellidos, todos los implicados en el asesinato de Calvo Sotelo, sigue sin aclararse la autoría de la muerte del teniente Castillo, si bien cobra fuerza la versión de que fueron enemigos suyos republicanos los que lo abatieron a tiros en la calle para acusar a la derecha y así intentar ‘justificar’ el asesinato de Calvo Sotelo un día mas tarde, el 12 de julio de 1936. 

El régimen franquista, parte de la historia de España, fue reconocido por multitud de naciones, entre las primeras, Francia e Inglaterra; luego, por la ONU. La poderosa URSS, el régimen comunista de Lenin y Stalin, asesinó a 17 millones de ciudadanos rusos y la China comunista de Mao masacró a más de 50 millones de ciudadanos. Rusia y China son, por cierto, miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, con derecho a veto. Este derecho a veto afecta a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (hay diez miembros elegibles, en total son quince). Estas son las cinco grandes potencias: Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia.

La historia de los pueblos no se detiene. Las naciones más inteligentes progresan, pero no caen en el error de llamar progresismo a retomar los errores del pasado. Perdimos la oportunidad de reunir junto a Franco, en la Cruz de los Caídos, la del Valle de los Caídos, a Niceto Alcalá-Zamora y a Manuel Azaña, los dos presidentes que tuvo la República en los ocho años de existencia (1931-1939).

Acaso debieron reposar junto con Franco en el Valle de los Caídos, aunque ninguno de ellos ‘cayera’ durante la guerra, pero posiblemente los tres puedan ser considerados víctimas de la contienda; sí, también el dictador, con sus méritos militares y su falta de generosidad con los vencidos; su total crueldad en la represión reprobable contra los derrotados. El gran pecado del dictador no es haber vencido al infumable y criminal Frente Popular (llegado al poder con pucherazo electoral) sino el haberse manchado de sangre las manos con la brutal e innecesaria venganza tras la victoria.

Recordemos la historia todo lo que queramos, pero que no sea para revivir odios sino como exigencia para la paz, para la concordia, para la convivencia. Memoria para la fraternidad, pero malamente se conseguirá con la malvada nueva ley promovida por la vengativa vicepresidenta Carmen Calvo que, no satisfecha con la infumable Ley de Memoria Histórica del infumable Zapatero, filochavista y filomadurista, promueve la Ley de Memoria Democrática, recreando, o mejor inventando, las bondades de un Frente Popular republicano que ni fue democrático ni, menos aún, libre, igualitario y fraterno. Esta ley calvinista (de Calvo, no de aquel Calvino que propició que Miguel Servet fuera condenado a la hoguera en Ginebra) no busca la reconciliación definitiva sino la perpetuación del fantasma cainita entre los españoles. Carmen Calvo puede jurar lo contrario. No la llamaré perjura. Solo diré que se equivoca. Y que es muy triste. Triste como se me antoja siempre su malhumorada cara.

Y triste es lo ocurrido en Aguilar de la Frontera, donde la alcaldesa de IU, Carmen Flores, ha eliminado la Cruz de los Caídos (de todos, como ella misma apoyó hace 20 años con el resto de compañeros concejales y se materializó en una placa) y que fue a parar a un vertedero de escombros. Para más inri, la alcaldesa, en lugar de entonar el mea culpa, ataca al autor de la fotografía de la cruz en el vertedero, al que acusa de “dañino y ruin”. Ya no habrá fotografías porque la alcaldesa informó de que “a la tarde siguiente fue demolida y reciclada”. Ella y sus camaradas de IU persisten en que era un símbolo franquista abjurando de cuando los concejales comunistas hicieron un acto de reconciliación hace 20 años con esa misma cruz dando sombra y acogida a todos los que murieron en la contienda. Acertaron entonces; se equivocan ahora. Como acertaron Felipe González y Alfonso Guerra y se equivocan ahora José Luis Zapatero y Pedro Sánchez. 

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Ramón Gómez Carrión

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