Balones a la olla

Lo que el frío nos heló y la cara que nos dejó

Un partido realmente horroroso por parte local; el Hércules siempre fue a remolque del filial valencianista. Los de la capital de la comunidad pusieron al descubierto todas nuestras carencias y abrieron mil vías de agua. Crearon mil ocasiones, mil desbordes, mil llegadas, tanto en la primera parte como en la segunda. Paradojas, cosas del fútbol y de la propia vida, se pudieron ir de vacío. Al final empataron sobre la bocina, pero si hubieran ganado por cuatro o cinco de diferencia, no hubiera extrañado. Una vez más gracias a la providencia y al portero Falcón.

Hércules 1 – Valencia Mestalla 1

Hablaba en el encabezamiento de paradojas. Tan paradójico y extraño a la lógica, que me disponía a cerrar la libreta de apuntes, y ya tenía escrito el titular de la crónica. Entonces en el minuto noventa y tres, en el último de añadido sobre el tiempo reglamentario, llegó el empate. De no haber existido ese instante, de haber defendido de otra forma, de haber ido a parar el balón a las nubes, el titular ya escrito en borrador era: «LA LOTERÍA NO SIEMPRE TOCA A QUIEN MÁS JUEGA»

De esa forma quería reflejar el resumen del partido. Las mejores ocasiones para el Valencia, unas tras otras, paradas inverosímiles del portero Falcón, desborde en el juego, durante todo el partido, los palos aliados a favor herculano y la posibilidad de haber ganado por cuatro o cinco goles de diferencia. Sin embargo el Hércules había aprovechado una de sus escasas acciones, a cuentagotas, a principio de la segunda parte, e iba a ganar, frente a la incredulidad de toda la parroquia. Era como ese sorteo de Navidad donde uno compra cuarenta décimos y no araña ni una pedrea, mientras que otro, adquiere un solo décimo y le toca el gordo.

En el último instante empató el Valencia. El balón una vez más, lo repelió la madera, y el posterior rechace y remate a modo de carambola, esta vez sí entró al fondo de la portería. Se nos heló la sangre. Y digo la sangre, porque ahí viene la explicación del otro titular, que hube de discurrir en última instancia. La tarde era realmente fría, gélida, para lo que acostumbra por estos lares, y más desapacible en la ladera del Monte Tossal, con viento racheado. Había que ser un valiente de verdad, y muy herculano, para ser uno de los seis mil que acudieron al campo, y máxime cuando el partido, fue televisado por la nueva televisión autonómica valenciana, esa que apenas nadie ve y muchos ni conocen. Y entonces se nos quedó esa cara, esa carita. Como el niño al que le dan una chocolatina y luego se la quitan. En honor a la verdad, ayer el Hércules no hubiera merecido ese triunfo, de la misma forma que tampoco mereció ese empate. El equipo valenciano hizo méritos más que suficientes para habernos goleado a domicilio, y la afición ya está más que resignada a que este año tampoco toca. Ahora lo que toca es intentar salir de la zona baja, y que la avería no se haga todavía mayor. Respecto a la película del partido, casi no vale la pena entrar en el inventario de un ramillete de acciones, jugadas y ocasiones, creadas por el filial valenciano, que sí pudieron culminar en al menos cuatro o cinco goles. Unas veces los postes, con rechaces incluidos, otras veces el desacierto o mala suerte, y la mayor parte de veces Falcón, fueron evitando una tras otra la llegada del gol. Llegó el gol del Hércules, al comienzo de la segunda parte. Un aturullado pero impetuoso Moha, se fue por la derecha, centró raso y viniendo desde atrás en el área chica, remató Jona. De lo poco vistoso, de lo poco a resaltar de un equipo en el que solamente se salvan Falcón y el arrojo y la voluntariosa labor del canterano,  Nani. El empate valencianista en el último minuto del descuento, en los últimos segundos. Fue una jugada repetida de otra anterior, pero en este caso con más acierto para ellos. Remate, rechace en la madera y ahora sí lograron realizar el tanto.

Fuente: Hércules de Alicante Club de Fútbols.

El partido había concluido pero el equipo bajó los brazos con una sensación de hastío, de cansancio y de derrota, como el que piensa que tarde o temprano aquello tenía que pasar, y que haber llegado a ganar ese encuentro, era como un espejismo.

La afición ya casi ni se enfadó, ni protestó. Cuando la afición no se enfada, mala cosa; eso es lo más parecido al conformismo.

Lo de la sala de prensa esta vez no tuvo desperdicio. El experimentado y veterano técnico valenciano,  Chema Sanz, dijo haberlas visto de todos los colores a lo largo de su trayectoria, pero manifestó, no haber entendido irse ayer con una derrota y sin un solo punto. Tras un análisis del partido y sus opciones, cuando ya se calentó, dijo que lo justo hubiese sido haberse llevado los tres puntos.

El entrenador del Hércules, Jesús Muñoz, entró a la sala realmente abatido, su cara lo decía todo, estaba realmente fastidiado por no decir otra cosa; sabía que tenía que hacer frente al trámite, pero lo hizo con desánimo. Reconoció ser el peor partido desde que él está al frente del equipo, y como todo el mundo, reconoció que haber perdido por goleada hubiese sido normal a la vista del desarrollo. Justificó a su manera el cambio cruel y casi grosero del canterano Olmedo, por Diego Benito, a nueve minutos del descanso, que descolocó un par de posiciones, y se agarró al tópico y manido argumento del: «Hay que seguir trabajando, no nos queda otra». Cuando un entrenador dice eso es que quizá se está quedando precisamente sin argumentos.

Por todo lo dicho, y lo que pasó, esta es la historia de un partido de fútbol, en el que un titular sustituyó a otro ya redactado, a última hora.

Ya saben, el gol a última hora. EL FRÍO Y LA CARA QUE NOS DEJÓ.

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Ferrándiz

Se puede ser de equipos muy grandes, muy famosos, ganadores de muchos títulos, pero nosotros somos del Hércules. Modestia y orgullo pueden ir de la mano. En nuestro corazón habita ese pálpito blanquiazul. Sentimos al Hércules, como sentimos la Explanada, el Postiguet o la Cara del Moro. Macho Hércules.

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