Opinión

¿Leerá el Papa la Biblia en catalán?

Fotografía: Emerson Mello (Fuente: Pixabay).

La simplificación es uno de los hábitos que empobrecen nuestra sociedad. Cuando no la confunden y hasta la envilecen. Los estereotipos, los clichés con los que intentamos encorsetar, y hasta opinar de lo que apenas conocemos hacen un flaco favor al verdadero entendimiento de las cosas.

Los gallegos son ambiguos, los catalanes agarrados, los madrileños chulos, los andaluces van de juerga en juerga… Y si nos vamos fuera tres cuartos de lo mismo. Los franceses orgullosos, los alemanes superiores, los italianos escandalosos, los balcánicos marrulleros, los escandinavos educados, los argentinos tramposos y así hasta donde queramos.

Es innegable que la cuna marca. Los usos fiscales daneses no son los hispanos. El rigor alemán, en general, tampoco. Es más fácil relacionarse con un desconocido en una barra de Jerez que en Vic, eso es innegable. Pero toda generalización es injusta porque guste o no, todos estamos hechos de la misma pasta. Somos sensibles a las mismas tentaciones y, sin controles, pienso que seríamos muy muy parecidos en nuestro comportamiento.

Y llevado por los tiempos me voy a detener, como no, en los catalanes, hoy donde parece que las fuerzas independentistas se piensan saltar hasta sus reglamentos. Que la “razón de estado –catalán–” todo lo ampara. Pero esto no pretende ser una “crónica de actualidad” que tiempo habrá, sino una reflexión sobre la tendencia que, de vez en cuando, tienen los pueblos al suicidio, como he dicho alguna vez.

Decía al empezar que los catalanes tienen fama de agarrados. O interesados, peseteros y demás epítetos relacionados con la avaricia en sus distintos grados. Y eso les ha granjeado tantas reservas como admiración según los tiempos y lugares.

Tan es así que en la malhadada (para los nacionalistas) visita del Papa Juan Pablo II acabando el siglo XX, el pontífice no “entendió” la “terrible opresión” de la que era víctima el pueblo catalán, a pesar de que pocos meses antes en audiencia concedida al “Molt Honorable” Jordi Pujol en El Vaticano se le obsequió con los 15 volúmenes de la Gran enciclopèdia catalana. Abierta eso sí, por la hoja dedicada a la Virgen de Czestochowa de la que fue declarado devoto. Precisamente a un hombre conocedor como nadie de lo que significa, de verdad, sufrir opresión. Y de un régimen comunista. En fin, cada cual con sus prioridades

Gran Enciclopèdia Catalana, Fotografía: Galazan (Fuente: Wikimedia).

Nadie sensato discute que son gente trabajadora, ordenada, industriosa, buenos comerciantes. Y eso les había otorgado una posición envidiable en el contexto patrio. El nivel de vida y de desarrollo de Cataluña era claramente superior al resto de España. La cantidad y calidad de su entramado económico y social entroncaba más con lo que se esperaría de la Europa a la que aspirábamos. Nótese que utilizo el tiempo pretérito y no es un recurso inocente.

Pero una frustración histórica limita, no sé si acabará laminando, esa prosperidad. Por avatares de la historia Cataluña nunca fue una nación. Podría haberlo sido pero no lo fue. Y no entro aquí en si esto es bueno o malo, sólo constato un hecho. Sí lo fueron Dinamarca, Escocia o Baviera. O Navarra por quedarnos cerca. Eso, creatividad histórica aparte, es así por más que catalanistas interesados en el ya lejano XIX inventaran toda una panoplia de argumentos sin mucha más base que su añoranza de lo que pudiera haber sido y no fue. Sí hubo instituciones “forales” de distinta naturaleza, más referidas a los condados (Barcelona era uno de ellos, pero también lo era Ampurias o Urgell) que al actual territorio de la autonomía catalana siempre adscrito a la corona de Aragón. Al fin y acabo, la actual Lérida es catalana porque al rey aragonés Jaime I (Jaume I) le dio en su testamento por poner la marca de los condados catalanes al oeste del río Cinca. Pero fue por su graciosa realeza. Créanme que nadie se opuso a su voluntad.

Y así, inmersa siempre en la corona de Aragón se convirtió en española junto con el resto de reinos ibéricos menos Portugal (que lo fue “un rato”). Y siempre supieron mantener a flote su cultura y su lengua. Más y mejor que otras regiones que la han ido diluyendo en distinta medida. Y dentro de ese esquema también han sabido sacar tajada de las distintas circunstancias. Perdieron los fueros de tiempos de las “Austrias” porque apostaron a caballo perdedor en la guerra de sucesión española tras la muerte sin descendencia de Carlos ll “el Hechizado”.

Aun así conservaron su derecho mercantil y algunas otras prebendas jurídicas y sociales como la muy sana norma de que los matrimonios se constituyan en régimen de separación de bienes en contraposición al arcaico sistema de “gananciales” imperante en buena parte del país y que tantos líos acarrea en una sociedad donde las uniones duran lo que ambos cónyuges decidan en libertad.

En tiempos tan recientes como el franquismo, lograron del régimen el casi monopolio del textil para proteger la potente industria del cinturón de Barcelona, especialmente Sabadell y Tarrasa. Una empresa como Zara no se habría podido desarrollar durante el franquismo por su calidad de gallega. La misma razón compensatoria explica la concentración de “Altos Hornos” en el País Vasco con su correspondiente acompañamiento de toda la siderurgia y la industria pesada en general. Sólo en el tardo-franquismo hubo un conato (y efímero) de montaje siderúrgico en Sagunto.

Y de todo hubo en los muchos años en que Franco “reinó” en el sentido antiguo nuestro país. Eduardo Barreiros –otro gallego de pro– se las vio canutas para sacar adelante su industria automovilística en Madrid. Es increíble la cantidad de zancadillas que el régimen anterior le puso a este empresario que debiera estar en los manuales de lo que ahora llamamos “emprendimiento”.

Menos problemas tuvo Barcelona para montar una firma de coches bajo auspicio FIAT que acabó llamándose SEAT. Sólo unas plantas de ensamblaje en régimen CKD (Kit de montaje) fueron permitidas en Valladolid (FASA Renault) y Vigo (Citroën aunque, al principio, sólo para el montaje de furgonetas) para atender la demanda de una sociedad que se despertaba del largo letargo de la posguerra.

Hasta pasado el franquismo no pudo Renault hacerse con el control de su filial española. Y fue también cuando Ford y Opel pudieron establecerse. No sé por qué, tengo muchas versiones no siempre desinteresadas, pero siguiendo mi línea de constatar hechos, las marcas con capital privado Renault, Citroën, Ford , Opel y Barreiros (hoy PSA) se establecieron en Valladolid, Vigo, Valencia, Zaragoza y Madrid respectivamente. SEAT con mayoría del capital público es la única que lo hace en Barcelona. Y la única que se hunde. Y es rescatada y saneada por el INI para venderla ya remozada y limpita al grupo VW con la tremenda inversión en Martorell ya a la vista. Seguro que Cartagena, Cádiz o Castellón no se hubieran molestado nada por acoger la inversión. Pero fue Barcelona.

Planta de SEAT, años 50 (Fuente: SEAT).

Lo cierto es que Cataluña en la medida que ha ido acrecentando su autogobierno ha ido perdiendo peso en el contexto nacional. O los otros han ido más rápido o se han distraído esfuerzos en cuestiones poco productivas.

Pérdida de Mercado

Pero siempre se les atribuía un dicho a los catalanes “La pela es la pela”. Referido al espíritu empresarial y práctico de los catalanes. Es proverbial la imagen del comerciante catalán recorriendo “las Españas” por aquellos caminos de Dios, de pueblo en pueblo, de mercería en mercería. Vendiendo velcro, cremalleras, tornillos, tejidos, y cuantas mercaderías producían o importaban desde allí. Yo los he visto, y respetado, y admirado toda mi vida. Tanta camisola azulgrana en tantos equipos de fútbol de muchos pueblos y ciudades se explican por esta “invasión” comercial y bendita de gente seria de los que había mucho que aprender, que desparramaron su saber hacer por toda España. Y muchos de ellos se quedaron. La “colonia” catalana es cuantiosa por doquier.

Hace ya algunos años he podido ver cómo esos comerciales, profesionales a los que aprecio como he dicho antes, han llegado a mi casa a vender sus “tornillos por ejemplo” poco menos que cabizbajos después de algún desgraciado telediario donde la noche anterior su President había tachado de vagos a los del sur, o cómo en tiempos de Carod-Rovira se incitaba con mayor o menor disimulo al boicot de productos españoles.

Hace tres años, el responsable comercial de una firma proveedora me llama para concertar una reunión y antes de entrar en detalles me aclara que votaba a Ciudadanos. Qué triste.

Y es que no entiendo si han medido con tiento qué es lo que se está jugando aquí. El resto de España constituye 2/3 del mercado de Cataluña. ¿A quién se le ocurre insultar a su mercado? ¿Cómo van a mantener su economía con el desastre que supondría la reacción del resto del mercado español? Un mercado no se improvisa. Lo que no vendes hoy a tu cliente habitual no lo vendes mañana en otro lado. Si fuera así ya se hubiera hecho.

Veo goteo de empresas que van abandonando Cataluña a la vista de las circunstancias. Y siendo grave no considero que sea lo más importante a corto plazo. Sólo se mueven o se moverán las que puedan, que siempre serán las menos. Y pueden o podrán las que estén muy saneadas para volver a montar su infraestructura en otro lado y las que sean de servicios cuya actividad no requiera de grandes instalaciones.

El problema está en las empresas que no se van a establecer, en las inversiones que no se van a decidir en la situación de incertidumbre actual porque, no nos engañemos; si tú eres un inversor o un empresario de Ohio que quieres entrar en el mercado europeo o español con tus suculentas patatas fritas, ¿te vas a instalar en Cataluña hoy? A que no. Sería estúpido con la amenaza de perder el mercado español por posible despecho y el europeo por el difícil encaje en la Unión Europea donde ya se ha dicho desde todos sus estamentos que tendrían que ponerse en cola y necesitarían la unanimidad de todos sus miembros. Y no parece que estén por abrir el melón secesionista en Europa con la cantidad de muertos que han llevado estas cosas cuando los vientos parece que soplan de otro lado.

Y por último, y abundando en lo que he escrito anteriormente, la pérdida del mercado del resto de España sería dramática y casi instantánea. Por lo menos al principio. Poca gente estaría dispuesta, salvo por unas condiciones escandalosamente favorables con respecto a cualquier otra opción, a comparar a un proveedor de la Cataluña independiente en los términos en que está planteada la cuestión.

Fotografía: Falco (Fuente: Pixabay).

Las separaciones son caras y dolorosas. Pero lo serían aún más para quien provoca la separación cuando dependes económicamente del otro. Y eso es lo que pasa ahora. Mas allá de otro tipo de consideraciones que hoy, hablamos de pelas.

Pues la “comida de coco” ha llegado ya a ese extremo. Al olvidar lo más elemental del comercio. Mimar al cliente, buscar la complicidad con él porque en el mercado apretadísimo de hoy cualquier pequeño factor te da o te quita un contrato.

Y asistimos a la actitud silente de las empresas, sólo unas pocas se han atrevido a manifestar lo obvio. También es cierto que el ambiente catalán de hoy es irrespirable. A ver quién se atreve a ponerle a su hijo una camiseta de la selección española de lo que sea. Tristemente empieza a ser una cuestión heroica.

Me siento solidario con la gente que desde allí sufre la situación. Y no los podemos abandonar. Pero reprocho a los que son responsables de crear y mantener los puestos de trabajo a los que se deben, que no hablen claro de las consecuencias que tienen las cosas. Y si no lo saben o no lo entienden empezaré a pensar que quizás lo merezcan.

Todavía está en su mano. Poner en peligro la paz social (más frágil de lo que parece), saltarse la historia, la geografía y la ley (aunque no te guste) siempre ha tenido un precio más que alto, impredecible. En todos los sentidos. Con lo que oigo de allí veo que han perdido por completo el sentido de la realidad. Que hablan con absoluta naturalidad y tranquilidad de una meta que les puede llevar desde un destino incierto al abismo. Decía antes que, a veces, los pueblos se suicidan y éste puede ser un claro ejemplo.

Pero hablemos de las cosas que de verdad importan a cualquier catalán “com cal”. No si mantendrá el puesto de trabajo, si los hijos progresarán en los estudios, si podrá mantener en pie su empresa con su gente, si habrá pensiones dignas para los mayores. Lo que interesa, las prioridades por las que hay que luchar y derrochar esfuerzos y recursos van por otro camino y sí, es el mismo en esencia que lo que encarnaba el “ex” Honorable en los ya lejanos 80, ahora recrudecido y ya abiertamente independentista.

Pero siempre me quedará la duda ¿Habrá leído el Papa (y/o sus sucesores) la Gran enciclopèdia catalana? O lo que es más importante ¿Leerá el Papa la Biblia en catalán?

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Juan José Martínez Valero

Nacido y criado en Melilla y afincado en San Pedro del Pinatar (Murcia) desde los 15 años. Dejé los estudios para desarrollar la empresa familiar de la que todavía vivimos. Muy aficionado desde siempre a temas científicos y de actualidad.

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