Desde Novelda y saliendo en coche hacia Elda, a mano derecha y a modo de despedida, se encontraba el que a mí, en mi cándida niñez, me parecía un inmenso edificio. Por mi edad ya lo conocí abandonado, con las arrugas que da la edad pero aparentemente en buen estado, de buen ver todavía pero su aspecto denotaba que había mantenido en otras épocas una actividad febril. Era un edificio construido , creo, porque no he encontrado ninguna documentación sobre ella, a principios del siglo XX.
Si no recuerdo mal fue fundada por unos catalanes que en las fechas que indico, más o menos, se decidieron por Novelda para montar una, entonces, gran fábrica de lonas. Dio mucho trabajo en nuestro pueblo. Recuerdo su altísima y regia chimenea central que dominaba toda la zona y que por una desafortunada decisión municipal, una más, fue derruida, junto al inmenso edificio para levantar unas viviendas. “Residencial La Lonas” se llaman las viviendas. Yo, es mi humilde opinión, hubiera respetado su entronada chimenea, edificando, por supuesto, las viviendas. Pienso que no eran incompatibles, pero ya sabemos, aquí todo lo que no vale, se tira. El valor histórico, representativo de una época industrial importante, pues se marchó al garete. Les importó tres cominos dilapidar esta parte de la historia de Novelda.
La fábrica de las lonas tuvo un valor real en su momento y sentimental en otro. Yo sólo recuerdo el sentimental. Nunca la vi funcionando. Aún estando paralizada cualquier actividad en ella imponía. Siempre fue parte de nuestro pueblo. Aún recuerdo a mi suegra contarme divertidas anécdotas. Ella sí trabajó allí en su juventud. Un curioso día, y estando todo el equipo femenino en su tarea, llegó uno de los socios a inspeccionar algún asunto. Detuvo su rápido caminar hacia el despacho, y se fijó, hondamente, en una de las muchachas que, con mi suegra, allí trabajaban. Tan insistente fue la mirada, que a los pocos meses se prometieron en matrimonio. No supo contarme como acabó tan romántica historia. Sólo sé que acabaron en el altar prometiéndose amor eterno.
Pero para mi generación y anteriores, la fábrica de las lonas era, sobre todo, lugar de citas entre dos bandas juveniles que, entonces habían en Novelda allá a mediados de los 50. El Puma y El F.B.I, nada menos se llamaban. En ambos extremos de la fábrica, había dos pasadizos que conducían, estrechamente a la rambla. Unos entraban por un lado y los otros por el de la otra punta. Y en la rambla comenzaba la cruenta batalla entre las dos bandas. Yo era de los más pequeños. No tenía ni siete años, cuando los jefes, los capos de ambas bandas, estarían por los 15 o 16 años. Las batallas eran terribles con las piedras que llenaban la rambla. Íbamos a “cantalejamos”. Qué bonita palabra valenciana, “cantalejamos”, de cantal. Más bonita me parece que en castellano. Los heridos, como en las guerras, se sacaban del campo de batalla y a casa. No había tregua. No lo he dicho, pero yo era, por pura caridad, pues era muy crío, de la banda del Puma. Allí había una verdadera jerarquía que todos teníamos que admitir y, sobre todo, acatar y respetar.
También recuerdo los refugios. Eran los residuos de la guerra civil. Sus espantosos restos. Novelda tenía una fábrica de armas, y era objetivo fijo de la aviación de Franco, de los Nacionales. Los refugios se construyeron en la guerra civil y en la época que comento, mediados de los 50, sirvieron para continuar nuestras guerras. Estaban, más o menos, por la mitad de los que hoy es la calle Maestro Ramis, tirando hacia la “Garroba”.
La de historias que mi imaginación alcanzaba. Vivía realmente la guerra, me cubría y disparaba, pero mi munición, que allí sobraba, eran las piedras y cascotes que se amontonaban. Más de una cabeza se abrió en aquellos refugios y no sé por qué milagroso misterio, los padres acudían raudos al socorro del herido. Evidentemente, allí no quedaba ningún soldado. Desaparecíamos más rápidos que un suspiro y nadie, nadie, daba el chivatazo.
Otro sitio de enfrentamientos eran “Els garroferets”, más o menos por el lavadero “nuevo”, relativamente cerca donde después, pero mucho después, se construyó el Colegio Jesús Navarro. ¿Quién de mi generación no se ha citado a modo de provocación allí. “De huit a nou en els garroferets”. Hablo de la generación infantil de los 50.
Novelda, por su parte central, finalizaba entonces en la “zona verde”, tras el jardín del Casino, después Parque Felix Rodríguez de la Fuente. Frente a la zona verde estaba la viña del tío Pepote, exacto donde hoy domina La Casa de la Cultura. La de partidos de fútbol que nos hacíamos en aquella viña abandonada. Y no quiero ni contarles los que disputábamos en la calle Argentina, donde hoy está el Bingo. Ésta era mejor que el Estadio Bernabéu. Las porterías eran montones de piedras, apiñadas y la altura a ojo de buen cubero.
¿Y qué contarles de la “arruxaora”? En verano una auténtica delicia, un placer casi de dioses. Novelda, dueña de calles anchas rectilíneas, modernas, en aquella época no tenía sus calles asfaltadas. El polvo, sobre todo en verano, hacía irrespirable su tránsito y sólo la “arruxaora”, aquel magnífico camión que a sus laterales, como si fueran lenguas, surgían como un haz de luz, chorros de agua refrescantes y que calmaban el polvo de las calles. Nuestro mágico juego, el de los niños de aquella época, consistía en correr a su lado y saltar estos maravillosos chorros de agua. El conductor, más juguetón que nosotros, alzaba la potencia de estas lenguas frías. Extraodinario juego. Divertido y refrescante.
Nuestros niños, por desgracia, no han podido disfrutar de nuestra libertad ni de nuestra imaginación. Hoy, entre coches y demás peligros que acechan nuestras calles, los hemos obligado a recluirse, casi siempre, en casa, con sus Playstations, programas de televisión (en mi niñez no había tele en Novelda), etc.
En fin, ellos se lo han perdido… y por culpa nuestra.



Yo lo conoci a mediados de los 60, y era igual, solo que las bandas no estabamos evidentemente, eramos mañacos, pero me habre abierto la cabeza en los refugios BUFF, ni me acuerdo, ya empezaban a construir y todavia estaba el monton de escombros, lo de la policia seguia igual, nunca nos pillaban, es que eran malos, jeje, nosotros els cantalaes era nuestras armas, recuerdo que si haciamos una cabaña, y nos la hundian ya era la delaracion de guerra, y segun la epoca las armas. Cuando tiraban cohetes las cañas eran las flechas, haciamos arcos, pero comno costaba obtener el material els cantals ewran nuestras preferidas, quedabamos, durante una epoca jugabamos al futbol, ahora dicen que se dan leña jaja, en fin me ha llenado de recuerdos, tambien cuando empezaron a construir nos conociamos tuneles y alcantarillas de la carcel vella, y despues refugios en sitios quew paso ahora y me acuerdo, la verdad es bonito tener estos recuerdos, son de una epoca que no volvera, pero que marco a generaciones de personas, me gusta el articulo, no siempre se toma uno estas cosas como fueron, y los años, la vida…los avatares de ella son las vivencias de tonet en el cap asclat de un bac, com sempre, diria mi tia Reme, y a curarte de esas heridas que no volveran
Saludos Wifredo, y eso que tenemos una buena diferencia de años, aunque de mente no tanta.