EL PIÑO

Antes de nada, para empezar y para que nadie  se equivoque, me considero, a nivel sentimental, la persona más feliz del mundo. Tengo una vida llena de amor, de generosa entrega por parte de Macu, mi mujer, de mis hijos y nietos. Tengo grandes y buenos amigos y una vida cargada de ilusiones nuevas, desde luego, pero que colman todos mis sentimientos.

Me resulta pesado recurrir siempre al mismo tópico, la edad. Esa vieja y cansina losa que siempre nos recuerda, queramos o no, que tenemos bastantes años. Bueno, nunca, como ya dije, nos parecen demasiados. Pero están y con muchos recuerdos. Unos buenos y otros muy duros, quizá demasiado.

Estoy recurriendo a los recuerdos, a veces crueles y a veces cariñosos. Ahora esos recuerdos, los que te apuñalan el alma, me están trayendo a la mente a un gran amigo, más que un hermano, un gran hombre al que quise con todos los poros de mi alma. Nunca he vuelto a querer a un hombre, a un amigo así. Todos los días lo tenía presente, estábamos siempre juntos, aliados, cómplices de cuanto hacíamos. Cuántas cosas podría contar de mi amigo, de mi mejor amigo, pero algunas se quedan para nosotros, para nuestros más personales sentimientos.

Corría aproximadamente el año 1980, treinta años ya tenía yo, y no lo conocía de nada. Sólo de verlo en el fútbol en el Campo de la Magdalena, de Novelda. Él era más joven que yo y un buen aficionado, de los auténticos. En aquella época el Novelda C.F. se quedó huérfano de Presidente. Nadie quería hacerse cargo del equipo. Y yo siempre, Quijote de vocación, me ofrecí a sacarlo adelante. Con nulos medios, pero con buenos compañeros de viaje (ay Pere, cómo te añoro) y con la maleta cargada de ilusión y energía nos propusimos la complicada tarea de consolidar a mi querido equipo en la entonces “grandiosa” 3ª División. E iniciamos el loco proyecto. Nos faltaba gente para que nuestro proyecto pudiera ver la luz y a alguien, supongo que a Pere que estaba en todo, se le ocurrió la feliz idea de proponérselo al Piño. Recuerdo perfectamente el día que le llamé, desde un bar, a su casa. Era domingo, verano y no dudó ni un instante en aceptar tan complicada tarea.

Empezamos con los planes. Seríamos un equipo con su base en la cantera, en sus chavales. Para ello hicimos muchos equipos con uno, el Novelda Promesas, verdadero semillero de jugadores, todos de Novelda, que irían, poco a poco, dando el salto hasta el primer equipo.

Pero este escrito no lo he pensado para explicar los logros deportivos de aquella época. Que va. Está pensado sólo en glosar la figura del que siempre ha sido y así seguirá siendo el mejor de mis amigos.

Cuando uno se expone al escaparate público ya sabe, aunque nunca lo suficiente, a lo que se arriesga. Lo comprobé en mis 7 años en la presidencia del Novelda C.F. y en los cuatro que fui concejal independiente de mi pueblo. Como también comprobé lo grandioso de esa amistad, cuando las palmas se tornaban lanzas y siempre estaba este amigo para pararlas antes de llegarme. Siempre era mi escudo. Y esa generosidad no se olvida.

Siento, de todo corazón, hacer tan breve su más que merecida elegía. Se merece mucho más, pero prefiero guardarlo. Es nuestro y sé que me esperará para reírnos, como hacíamos aquí, de aquellas anécdotas tan fantásticas que nos pertenecen sólo a nosotros.

Fuimos una pareja de amigos inseparable. Tan distintos y tan juntos. Tan dispares y tan próximos. Yo quería y sigo queriendo a sus hijos. Él quería, por desgracia aquí ya no puede, a los míos. Pero sé que esté donde esté los seguirá queriendo.

Un triste 14 de enero de 2004 se marchó. Me dejó el corazón partido en mil jirones.  Aunque lo preveíamos, nos cogió a todos por sorpresa. No hay 14 de enero que no le añore, que no le  llore y no hay día, os lo prometo, que no lo recuerde. Lo echo mucho de menos. Una parte de mi alma, la más tierna, se fue con él. Me costó mucho superar este trauma. Por eso he empezado de la forma que lo he hecho. Mi familia tuvo mucho que ver y otro gran amigo, enorme, gracias Diuard, que me sacó de mi melancolía y de mi casa. Pero el Piño fue muy grande. Era mucho Piño. Un beso muy fuerte a Etelvina, su mujer y a sus tres hijos.

Te quiero amigo. Con toda mi alma.

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