MI QUERIDA ESPAÑA

 

Esta España nuestra que se ha convertido en un lamentable y sucio lodazal del que, si conseguimos salir, no les quepa la menor duda que la suciedad va a impregnarnos mucho tiempo.

Esta España nuestra donde la OCDE nos dice que esta maldita e inhumana crisis ha agudizado, aún más, las desigualdades. Corremos sin freno y en barrena hacia los tiempos que nuestros padres nos contaron de la posguerra. Las desigualdades sociales son cada vez más pronunciadas: los pobres son cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos. Veo con horror cada vez más gente mendigando su miseria en las calles, más indigentes durmiendo al calor de unos cartones y también veo, con el mismo horror, que las fortunas de la clase pudiente son escandalosamente más enormes. Está desapareciendo, pasito a pasito, la clase media, el único motor capaz de mantener viva y latente a una sociedad.

Esta España nuestra donde la pobreza sube un 8% y las diferencias regionales se duplican. Me duele en el alma ver cómo presidentes autonómicos juegan con su nacionalismo para conseguir mayor rédito. Me duele en el alma ver cómo se acusan unas comunidades a otras de innecesarios despilfarros: “Yo no voy a pagar tus excesos”, o dirigiéndose al pueblo catalán: “Vuestro dinero lo gastan los andaluces, no nosotros los extremeños”, o “Yo no voy a pagar la televisión catalana”, he llegado a leer en la prensa. La insolidaridad está tan pronunciada que te llegas a plantear muchas cuestiones que, al menos para mí, y hasta hace poco eran inviolables. Nuestra Comunidad Valenciana es una de las que destacan tanto en despilfarro como en un alarmante aumento de la pobreza. Nuestro Sindic de Greuges, el Sr. Cholbi, con una clarividencia admirable nos avisa con contundencia: “Si seguimos así, volveremos a la época de la beneficencia. Esta alarmante situación afecta a los derechos humanos”

Esta España nuestra donde ya superamos la barrera de los 6,2 millones de parados, donde la gente se ha lanzado a la calle a intentar recuperar lo que el Estado le está robando. No me cansaré de repetirlo, aún a riesgo de ser reiterativo y pesado: no podemos ni debemos tolerar semejante expolio en la sanidad, en la educación. No hay una sociedad justa sin estos dos pilares básicos.

Esta España nuestra donde nuestros jóvenes tienen que emigrar con todo su talento, que hasta un “barón” del PP en Euskadi nos deja porque aquí sus hijas no tienen futuro. Se va a Méjico el Sr. Basagoiti con un lacónico y a modo de despedida “Que os vaya bonito”. No ve presente y mucho menos futuro para sus hijas. Y al partido que le den.

Esta España nuestra donde el recién nombrado “Mejor Físico Joven de Europa”, un brillante joven gallego al que le han negado una beca en el programa Ramón y Cajal “porque le falta curriculum”. Manda huevos con la fundación que pertenece al Hospital Ramón y Cajal, dependiente de la nefasta Consejería de la Comunidad de Madrid.

Esta España nuestra que tiene que ver con impotencia como una brillante joven investigadora ha colaborado muy activamente con el equipo de investigación que ha creado, por primera vez, células madre embrionarias humanas a partir de una persona en la Universidad de Oregón. Bueno, pues esta brillante joven tuvo que emigrar de nuestro país por falta de oportunidades. Se vio afectada por un ERE del Centro de Investigación Príncipe Felipe, cómo no, por falta de fondos de la Comunidad Valenciana.

Esta España nuestra que tiene que ver impotente como miles de jóvenes, ante tanta falta de oportunidades, decide hormonarse y siliconarse hasta las pestañas para conseguir un hueco en cualquiera de los programas de la tele basura. Saben que tres entrevistas, porque se han acostado con fulano o fulana, les van a reportar más ingresos que una carrera universitaria.

Esta España nuestra cuyo Ministerio de Fomento es capaz de suprimir, en aras de un supuesto ahorro, 48 líneas ferroviarias que utilizan 1,6 millones de usuarios. Pues miren, si no hay más dinero pues cogen su vehículo o un taxi.

Esta España nuestra con una delegada del Gobierno en Cataluña que tiene los bemoles de homenajear a lo que queda de la fascista División Azul.

En fin, una España nuestra que me aterra, que me asusta, que me hace replantearme muchas cosas que no quiero exponer aquí, de momento, por ser muy “políticamente incorrectas” pero, al ritmo que vamos, no me importará desgranar a cielo abierto ante todos ustedes.

Esta España nuestra que va a conseguir que mitigue mi deseo de no regalar mi voto a nadie, aunque sólo sea para que no nos gobiernen este hatajo de incompetentes. Eso lo tengo claro, el problema reside en saber elegir, porque por más que miro no encuentro nada.

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LO SIENTO, PERO YO NO REGALO YA MI VOTO

 

Sé perfectamente, y es totalmente comprensible, que a todos ustedes les importará tres pimientos si voy o no a votar. Simplemente voy a tratar de explicarles mi drástica y dolorosa decisión, máxime cuando mi generación luchó tanto por este derecho.

Sufrimos la dictadura, algunos lucharon y se jugaron el bigote en las calles con aquellos brutales grises. Vivimos esperanzados mayo del 68. Luego, con más ilusión todavía, la revolución de los claveles portuguesa. Cayó Salazar en aquella incruenta revolución y todos pensamos que el siguiente en caer sería Franco. Pero a éste sólo le venció la edad. Y con él se fue difuminando aquella dictadura que se había instalado en nuestro país durante 40 años. El Rey, que había sido nombrado por el dictador y refrendado en las Cortes franquistas con la inestimable colaboración del nunca bastante reconocido Adolfo Suárez, nos indicó el camino de la democracia. Adolfo Suárez, a la sazón nombrado por el Rey, nos llevó a las primeras elecciones democráticas en junio de 1977. Ya teníamos un Parlamento y un Senado elegido por nosotros.

Nadie, pero absolutamente nadie, podíamos sospechar adonde desembocaría esta democracia. Los partidos políticos, ávidos de poder, la han prostituido de tal manera que ya he tomado mi decisión: Yo no regalo ya mi voto.

Estamos viviendo en un país que es una continua y lamentable paradoja. La última y, de momento, la más flagrante ha sido la sorpresiva y cobarde baja obligada de 700 facultativos de la Sanidad Madrileña. Los médicos tienen la potestad de jubilarse a los 65 años, como hasta ahora cualquier vecino, pero con la potestad, tras pasar unos exámenes previos y que estos médicos ya habían superado, prorrogar su trabajo hasta los 70 años. Toda su entrega, toda su experiencia, todo su saber ha sido envuelto en papel albal y echado a la basura.

Al resto de ciudadanos nos prolongan la edad de jubilación, ya veremos si hasta los 70 años y a un doctor, cuya parte más importante es la experiencia, lo obligan a jubilarse a los 65. Ya digo, una continua paradoja y nadie hace nada.

Dice la Consejería de Sanidad madrileña que es una medida que va a ahorrar mucho dinero a los ciudadanos de esa comunidad. Pero no crean ustedes que estos puestos de trabajo se van a amortizar con jóvenes médicos. Sólo se van a suplantar un tercio de estas bajas. El resto lo podríamos considerar “daños colaterales”, de la privatización de la Sanidad. Y nadie hace nada.

Y esto es sólo el comienzo. Este mal, como si fuera un virus contagioso, se va a extender a toda España. Y no sólo en la Sanidad. La Educación lleva el mismo camino. El ministro Wert tiene que ver como su propio hermano, profesor en la Universidad de Castilla La Mancha, da clases en la misma calle como “alternativa a tanto recorte”. Y nadie hace nada.

Estamos ya en más de 6.200.000 parados y nadie hace nada. Siguen cerrando o trasladando fábricas como la querida Chocolates Hueso y sus Huesitos, y nadie hace nada. Han eliminado la Ley de Dependencia y nadie hace nada. Hoy, mientras daba mi paseo vespertino se me ha helado la sangre escuchando una emisora. Ha llamado un camionero con un hijo dependiente absoluto, llorando por la impotencia que sentía al haberle birlado la limosna que le daban para cuidar a su hijo. Decía este buen hombre que su hijo necesita medicamentos que le cuestan unos 600 € al mes. Trabaja 15 horas al día y no le llega. Ya digo se me ha helado la sangre al escuchar a un hombretón llorando por su hijo. Y nadie hace nada

Hagamos una cosa, y es la única que me haría votar. Si algún partido me prometiera ante notario que en vez de robarnos nuestro merecido estado de bienestar va a recortar en el bienestar del Estado, yo les votaría sin pestañear. Me explico: rebajen el número de diputados nacionales y autonómicos, eliminen el absurdo Senado, auténtica tumba de elefantes, retiro dorado de garrapatas políticas, eliminen las Diputaciones Provinciales, invento franquista que hoy no tiene sentido con las Autonomías, eliminen las Delegaciones, subdelegaciones del Gobierno, etc. Así podríamos conseguir un ahorro más que considerable que nos permitiera devolver a los ciudadanos su más que merecido estado de bienestar. Entonces y sólo entonces, el partido que fuera tendría mi voto. Llegados a este cruel punto me dan igual las listas abiertas, cerradas o entornadas. Tan sólo pretendo dejar una herencia justa a nuestros hijos, no una sociedad mutilada como está ahora.

Y si no me creen, estudien el barómetro que el CIS nos acaba de proporcionar. La intención de voto al PP baja 10 puntos, pero sigue 6 por encima del PSOE, su alternativa obsesionada por las primarias y sus luchas internas. De pena, oiga. La desilusión no es sólo patrimonio mío…

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HEMOS CRUZADO LA LINEA

 

El Instituto Nacional de Estadística, en su Encuesta de Población Activa (EPA), nos ofrece un dato desgarrador, yo diría que sangrante, inaceptable para cualquier sociedad democrática y moderna que se precie y que debe hacernos reflexionar con mucha más rotundidad. Este país, nuestra querida España que cantara la gran Cecilia, esta España nuestra ha cruzado la línea de la permisividad. Nos dice la EPA que ya tenemos algo más de 6.200.000 parados. Que el porcentaje de paro alcanza el 27,16% de la población activa y lo que es aún mucho peor, el paro en nuestros jóvenes está en el 57,2%. Arrolladores los datos que nos parten, imagino que a todos, el alma.

Tenemos un gobierno totalmente incompetente y, lo que es peor, insensible ante estos datos tan reveladores como dramáticos. Hace aproximadamente un año lo anuncié en un artículo. ¿Reforma Laboral?, se llamaba. Sí, hace ya algo más de un año. En él les decía que la Reforma Laboral llegó del más que ineficaz Sr. de Guindos, que ya, cuando comenzó a gestarse esta interminable crisis, con el aplastamiento y posterior quiebra de Lehman Brothers, ocupaba, ni más ni menos, que su dirección en España y Portugal, y que resistió, inasequible al  desaliento, al frente de esta entidad hasta su quiebra en septiembre de 2008. Pues esa Reforma Laboral que nos costó ya una huelga general y que se anunció como la panacea al paro que ya campaba a sus anchas, no  sólo no lo ha menguado sino como ya les anuncié, lo ha aumentado alarmantemente.

Ya no me vale, y honradamente creo que a nadie debería valerle la coplilla tan manida como estúpida de la “herencia recibida”. ¿Pero qué no ven que vamos en caída libre, que estamos actuando como funambulistas sobre el alambre de la miseria y el agotamiento? ¿Qué más hace falta? Los recortes en nuestro bienestar son cada vez más escandalosos. Los ERES campan a sus anchas machacando a la clase obrera. La Sanidad privatizándose por horas y a una velocidad de vértigo. Las pensiones congeladas. La edad de jubilación la quieren prolongar hasta los 70 años, la… Son tantas miserias que me faltaría papel para imprimirlas.

Como digo en el título, hemos cruzado la línea  de lo permisible. Yo no digo que la solución esté en la maldita alternancia. Sería como cambiar moto por suegra. Pero necesitamos un cambio radical, un giro de 180º y variar el rumbo. Esta sociedad, nuestra querida España, ya no puede soportar por más tiempo esta pesada losa.

Es inaceptable que nuestra juventud más valiosa y formada tenga que emigrar con su talento a Europa. Es inaceptable, a la vez que humillante, que la hoja de ruta nos la marque la Sra. Merkel, y a ésta el salvaje capitalismo en que se ha convertido Europa. Estamos padeciendo un brutal y despiadado capitalismo y el que dirige una empresa, por pequeña que sea, lo tiene meridianamente claro. Es inaceptable que los alemanes nos digan que vivimos por encima de nuestras posibilidades. Que en vez de un Seat hemos querido comprar un Audi, un BMW o un Mercedes. Ya digo, humillante e inaceptable. Es inaceptable que un Presidente del Gobierno, que utilizó como argumento para ganar unas elecciones acabar con el paro, ahora reconozca abiertamente que cuando acabe su mandato se habrán destruido 1.300.000 puestos de trabajo  y que la deuda pública rozará el 100% del PIB. Eso lo inhabilita ya de por vida. 

Yo no sé cómo, pero hay que reformar este país de arriba abajo. Desde su cúpula más alta, anulando tantas prebendas e inaceptables privilegios hasta el más humilde servidor de la función pública. Los bancos deben ser controlados y obligados con tanto rescate que pagamos todos a acudir en ayuda de las familias y de las PYMES para que éstas creen empleo y se reactive el consumo. Con tanta recesión las familias no compran y si no compran las empresas no vendemos, y si no vendemos no podemos crear trabajo o, lo que es peor, muchas ya están cerrando y aumentando la lista del paro. ¿Por qué no un banco público? Hace años que lo llevo reclamando. Desátense, señores gobernantes, de esas ataduras y tengan la valentía de hacer lo que ningún gobierno ha hecho: crear un banco público que nos ayude, mediante créditos muy blandos y con la condición indispensable de crear puestos de trabajo. Como les escribí hace tiempo, yo, que acabo de cumplir ya 63 años y salvo demencia senil sobrevenida, no me meto en honduras para enriquecer, aún más, al Botín de turno. Me quedo como estoy con mi familia que para nosotros, de momento, no va a faltar. Pero yo no hablo de mí… pienso en esos más de seis millones de parados. Dios, qué horror…

Y la alternancia obsesionada en sus luchas internas y en sus primarias. Lo que digo, qué horror.

 

 

 

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SESIÓN CONTINUA

En una de esas encantadoras y nostálgicas comidas con mis amigos de la infancia que celebramos todos los primeros martes de mes, como si fuera una promesa , ya todos sesentones y la mayoría retirados del mundo laboral y en sus mágicas y maravillosas sobremesas donde se debate de lo humano y lo divino, pues en una de ellas se estaba hablando de la dificultad de compaginar mi trabajo, yo soy de los pocos que por edad aún mantiene su condición laboral, con mi colaboración semanal con mi querida Hoja del Lunes. Yo les confesaba que no me resultaba una misión harto complicada, sino más bien la dificultad estribaba en “encontrar temas”. Créanme que, una vez diseñado en mi mente el artículo, éste me fluye, como ahora, con suma facilidad. Esto no implica, en absoluto, la calidad del parto, pero sí que una vez imaginado, fluye abundantemente hacia el teclado del ordenador. Además, no sé estar mucho tiempo con un mismo tema, me aburre solemnemente. “Vamos a darle temas a Wifredo” dijo uno de estos amigos. Pero ahí se quedó la cosa y, sin reparar en la sugerencia, pasamos a otra cuestión.

 

Recordando nuestra lejana e inocente infancia, allá por la década de los 50, en plena y dura dictadura que nuestra candidez no acertaba a comprender, pasamos como si fuera una pluma impulsada por el viento, a nuestra perdida juventud, por la irrepetible década de los 60, donde ya reparábamos en aquella dictadura.” Podrías escribir de las sesiones continuas de los cines de aquella época” me sugirió uno y a mí me pareció una idea tan sublime como certera. Pues sí, repliqué, mi próximo tema será ese: la maravillosa sesión continúa de los cines de aquella época.

La “sesión continua” era como el cine elevado al cuadrado. Entrabas cuando buenamente podías, sin las consabidas premuras de tiempo, sin estrés, sin agobios, veías la película donde estuviera, veías la siguiente y, luego si te había interesado lo visto de la primera, te quedabas a verla hasta donde habías entrado o la volvías a ver, que todo podía ser.

Uno de los primeros cines que me cautivó siendo niño fue el Cine Jorge Juan, “el Jorge”. Los jueves por la tarde, que no había colegio, al módico precio de 1,50 pesetas (hablo de 1956 aproximadamente y el equivalente en euros sería de algo menos de 1 céntimo) nos regalaba la tarde con dos películas. A mí me cautivaban las de vaqueros…soñaba con ellos. Incluso diseñé en mi ilimitada imaginación al mejor y más hermoso de los caballos. Recuerdo que era de un marrón clarito, precioso con su crin muy clara, tirando casi a blanca. Con él y con mis seis años, llegaba a mi casa galopando y persiguiendo al “malo” al que siempre alcanzaba, desmontaba e incluso-qué tiempos-tiroteaba con la impunidad que mi ingenuidad me permitía. Cuando llegaba a mi casa siempre lo anudaba en el mango donde se iniciaba la escalera y allí permanecía, obediente, hasta que volvía a salir de casa.

Algo más tarde ya comencé a adentrarme en el resto de los cines o cinemas en su nomenclatura más clásica. El que más me atraía siendo niño, pero ligeramente mayor, era el María Guerrero, “el Guerrero”, no por el cine en sí, sino más bien por su magnífica ubicación. Siempre lo conocí siendo cine, pero lo gestaron como teatro y su nombre se debe a la famosa actriz teatral de finales del siglo IXX y principios del XX. Como teatro duró lo que su rentabilidad comercial aguantó, pasando no sabría precisar cuándo, a cine con su correspondiente “sesión continua”. El Guerrero y en su entrada tenía un orificio, debido a unas obras inacabadas, donde cabía un niño perfectamente. Ese fue un secreto que guardábamos celosamente y por donde nos “colábamos” sin pagar la entrada correspondiente. Como he comentado antes este cine tenía una gran virtud: su magnífica ubicación. Estaba en la Glorieta antigua flanqueada por sus “carritos”, hoy kioskos (qué pena con tanto anglicismo) Estos eran una especie de grandes superficies pero de 1 m cuadrado. Allí había de todo…pipas magníficamente tostadas por los “empresarios” del céntimo y después de la peseta, nada que ver con las embolsadas de ahora. Las tenían a granel y las vendían por cartuchos. Cacahuetes, altramuces perfectamente salados, lo que se llamaba “un mezclado”, que era de todo un poco, chicles (ese invento americano del que nos decían que si te lo tragabas, se te pegaban las tripas y toda clase de chucherías de la época. Hasta el “coñ o correctamente “codony” que era un membrillo, ácido como el demonio. Recuerdo que la tía María nos preguntaba al pedirle uno: “El vols per a menjátelo o per a tirarlo en el cine”. Y es que los cines, al estar su suelo hacia abajo para que los de atrás pudieran ver, nosotros y desde las últimas filas, tirábamos el “coñ”, alguna gaseosa (vacía, claro) que iba rodando hasta chocar con algún pie al que supongo que amargábamos y con el consiguiente ruido. El carrito que estaba al lado del Guerrero era el de la “tía María”, perfectamente pertrechado, aunque a mí me gustaba más la mercancía de “el Cojo”, nombre lógicamente debido a su pronunciada y prominente cojera. Éste estaba al lado opuesto del de la tía María, lindado con la calle San Alfonso. Había dos más, cada uno frente a estos y a la entrada de la Glorieta por donde ahora está el Sol y Nieve, estaba el de Cleto. Pero, vamos, mis preferidos eran el del Cojo y el de la tía María.

Más tarde y ya entrando en la adolescencia fui cambiando de preferencias en los cines. En Novelda estaba el “Principal Cinema” y el “Cine Barceló”, éste era como el cine de los cines de Novelda. El más grande y lujoso. El Principal estaba y sigue estando (totalmente abandonado) en la calle Argentina, junto al actual bingo. En verano y también en la calle Argentina disfrutábamos de un cine de verano. No recuerdo su nombre, pero me encantaba por lo fresquito que estabas por la noche y donde podías fumar tranquilamente. Creo recordar que este cine duró poco tiempo, no sabría alegar los motivos, supongo que, como siempre, falta de rentabilidad. En aquella época no existía el aire acondicionado, pero en el Guerrero se ideó un sistema tan rudimentario como peligroso para la salud. Debajo de la pantalla y conducido por un tubo, emanaba un chorro de aire frío que congelaba al de la primera fila y nos dejaba al resto del cine con el mismo calor de siempre. Pronto lo suprimieron… las pulmonías eran diarias.

Pero ya mayor, y con la juventud recién estrenada, me fui haciendo asiduo del Cine Barceló. Éste era espacioso y en su primera planta, antes de entrar al “gallinero” tenía un bar con unas bombas enormes de merengue y su correspondiente gaseosa. A veces, Macu y yo, nos llevábamos del bar Polo, cercano al cine, unas sabrosísimas patatas al horno que degustábamos en el “gallinero” del cine. Después nos fumábamos un cigarrillo y después… la gloria.

Ay, si aquel “gallinero” hablara…la de amores que allí se declararon. Sí, es verdad: “Cualquier tiempo pasado fue mejor”.

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Maduro y el pajarito

 

Uno, que acaba de cumplir ya 63 años y que se creía que lo había visto todo o casi todo, se da cuenta que no sabe nada. Que la vida, esa constante autopista del saber, no ha hecho más que comenzar. Que infinidad de cosas, situaciones me van a maravillar o a extrañar. La última, bien reciente y cercana, es la del Sr. Maduro, entonces candidato a la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela y hoy ya Presidente salvo error u omisión.

 

Si ya su antecesor y progenitor ideológico Hugo Chávez, sin entrar en disquisiciones ideológicas, fue un elemento tremendamente pintoresco, su sucesor y antes Vicepresidente, el Sr. Maduro, creo que lo está superando. El otro día no podía creer lo que estaba viendo. Un pajarito se le apareció con el espíritu de Hugo Chávez y le trinó, le cantó o lo que emita cualquier pájaro. Pero con una diferencia… le habló. Y, onomatopeyas aparte, imitó con perfecta similitud el canto de un pajarito, que no era pajarito, era ni más ni menos que el propio Hugo Chávez. Manda huevos con Maduro. Le estaba hablando el mismo Chávez y le pedía  que gobernara al pueblo venezolano para librarlos de las garras del capitalismo imperialista yanqui, y de paso, de su opositor, que no le queda a la zaga, Henrique Capriles. Tela también con éste.

Ambos, Maduro y Capriles, usan y abusan del populismo. El primero lo acusa de “maricón”, sí, así con la crudeza que suena, porque no está casado. “Yo tengo a mi mujer” alega Maduro, pero Capriles no. Y éste, ni corto ni perezoso, le contesta que Maduro tiene una sola mujer, pero que él tiene millones. Fíjense ustedes que grado de degeneración moral en dos candidatos a la presidencia de Venezuela.

Y la gente, el pueblo venezolano, como loco con estos argumentos. Uno, con su pajarito y el otro alardeando de machito barato y de barrio.

Esto no es más que la simple consecuencia de una oligarquía que ha campado a sus anchas siempre por Venezuela hasta que Hugo Chávez, a su manera y con sus métodos, comenzó a redimir al oprimido pueblo venezolano. Nos gustarán más o menos sus métodos, nos molestará su ilimitado populismo, pero el pueblo venezolano lo idolatra, lo que le ha convertido, tras su muerte, en una especie de santo redentor.

Lo de Maduro, que raya lo esperpéntico, es lo más parecido a las apariciones marianas, pero en vez de María, aquí es el propio Chávez el que se le aparece. Sólo a él, al elegido por el recién convertido patrón del pueblo oprimido, para continuar con su labor de redención.

Pero no crean ustedes que Venezuela, tras el Chávez redentor y con todo su potencial petrolífero, es el paradigma de la igualdad de los parias del pueblo. Qué va. Siguen con sus claras y enormes diferencias de clases. Quizá la oligarquía anterior ha menguado, pero la clase baja y la incultura siguen siendo campo de abono y extensión. Si no, no puedo entender estos desmesurados y fanáticos aplausos ante un señor que dice que un pajarito reencarnado en el Comandante Chávez le habla y le pide que continúe su alta y mesiánica misión.

Este absurdo y peligroso populismo es perfectamente extrapolable. De hecho, media Sudamérica está bebiendo de las ubres del Chavismo. Y éste, que nadie lo olvide, bebió de la de Fidel Castro. Son las trágicas consecuencias de la opresión o la asfixia de los pueblos. Tan extrapolable es que, como sigamos en España con esta política de recortes, con tanto paro, desahucios, con tanto robo bancario sin resolver con la estafa de las “preferentes”, nos puede venir de golpe y en el momento más inesperado. Ya lo advertí en un artículo, hace ya varias semanas: “Gigante con pies de barro” se llama el artículo. En él les advertía del peligro de este sistema financiero tan opresor como antesala de la aparición de algún “iluminado” que nos prometa salir de este crisis galopante y se lleve a los votantes, como se llevó Chávez a los venezolanos.

Necesitamos redimirnos de este sistema tan bestialmente opresor en  su faceta económica. Creo que una buena y deseada esperanza consistiría en que la gran beneficiada de este sistema, la Sra. Merkel y su Alemania ultraliberal, perdiera las elecciones en su país. Que entrara un gobierno socialdemócrata con la cordura que ello debería implicar y que nos liberara de esta salvaje opresión a la que estamos sometidos.

Si no, me veo el día menos pensado a Mariano Rajoy o a futuros candidatos de otras opciones trinando como los pajaritos para  contarnos que no era un pajarito, que era… y lo dejo ahí para no herir susceptibilidades. No olvidemos hace dos campañas que Mariano Rajoy nos presentó a “su niña”. Sí, la de los chuches.

Espero de todo corazón que cuando cumpla los 64 años se haya despejado el horizonte de estos populismos que nos pueden caer encima, como no cambiemos.

 

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DIEGO TORRES, EL AZOTE REAL

 

Nunca nadie y bajo ningún concepto ha sido capaz de amedrentar y poner en un brete a la Monarquía como el tal Diego Torres. Exprofesor de Iñaqui Urdangarín, ese que en su momento fue el yerno perfecto, atlético, jugador de balonmano del FC Barcelona y de la selección española, alto, rubio, elegante y muy bien parecido. Ya digo, el yerno perfecto que eligió a la infanta o fue elegido por ella, que nunca se sabe, en unas Olimpiadas en las que defendía el pabellón español.

Un fascinante cuento de hadas, esa historia tan bella que comenzó a gestarse en aquellos Juegos Olímpicos y que tuvo su momento álgido en la boda real que celebraron en la catedral de Barcelona y ante 1.500 testigos donde figuraba lo más granado de la realeza mundial. Aún recuerdo a Dña. Cristina y ante el altar, inclinándose ante su Majestad el Rey pidiendo el correspondiente visto bueno al enlace. Ay, si su Majestad hubiera sabido la que se le venía encima…

Iñaqui, deslumbrado ante el brillo de tanta corona y sin duda influido por su profesor en el arte de burlar a la pobre y estúpida clase política, no quiso ser menos y no se conformó con las maravillosas retribuciones que le llovían en profesiones concedidas sólo por ser “yerno de” y armó con su exprofesor Diego Torres una fundación sin ánimo de lucro a la que bautizaron como Instituto Nóos. Pero a su lado montaron supuestamente una red de empresas sin ente, alma ni corazón para desviar fondos provenientes de esa fundación y destinadas a paraísos fiscales fuera de miradas curiosas y, sobre todo, fiscalizadoras.

Y así, a la chita callando, fueron amasando una fortuna por hacer nada. La clase política, siempre tan escandalosamente inútil, fue contratando al Instituto Nóos, sólo por tener cerca una pequeña parte de la deslumbrante realeza. La burguesía industrial, sobre todo la valenciana, los contrataban a precios desorbitados sólo por tenerlos cerca. Y a la infanta también. En realidad, ella era el gancho del Instituto para que su marido y el tal Diego Torres se lucraran con una velocidad de vértigo.

Fue tal la magnitud de su enriquecimiento, que el yerno real se compró un palacete en la zona noble y alta de Barcelona, en Pedralbes. El caprichito salió por cerca de 8 millones de euros, eso sí, con una hipoteca como cualquier ciudadano. Lo que ocurre es que el pago de las correspondientes amortizaciones no estaba al alcance de cualquiera. Yo me pregunto qué diría mi esposa si mañana le dijera que me he comprado un palacete como ese. Supongo que la infanta también se lo preguntó, ¿o no?

Tanta y tanta fue la opulencia, que la justicia comenzó a moverse. Como siempre despacio pero implacable. En una de las innumerables imputaciones de Jaume Matas, ex Presidente balear, salió el Instituto Nóos. El resto fue sencillo… tirar del hilo hasta llegar al ovillo. Y vaya si llegaron. 

Iñaqui, aquel yerno perfecto, pasó de cisne a pato feo. De admirado a poco menos que repudiado. La Monarquía comenzó a resentirse, todos los defectos de Juan Carlos I comenzaron a aflorar y a airearse. Los viajes a matar elefantes finalizaron con una inoportuna caída que le costó la cadera al monarca. Allí se desempolvó su “aventura” con la Princesa Corinna. Título de su exmarido que yo no sé si es lícito que ella, una vez separada, lo exhiba con esa impunidad. Yo, que no simpatizo en nada con la Monarquía, sentí mucha vergüenza viendo a un monarca pidiendo perdón: “Lo siento, no volverá a ocurrir” acertó a decir cuando salía de su habitación en el hospital. Sentí mucha pena, parecía un niño díscolo prometiendo “ser bueno”.

El Juez Castro imputó a Iñaqui y a Diego Torres y les impuso una fianza conjunta de 8 millones. Fianza que aún no se ha hecho efectiva, pero que ha servido como aval el palacete de Pedralbes, hipotecado y con plazos impagados. Claro, el constante goteo de Nóos comenzó a dejar de manar.

Y aquí es donde comienza a actuar el azote de la Monarquía. Diego Torres está desplegando una serie de argumentos en forma de E-mails que han conducido a imputar a la propia infanta Dña. Cristina de Borbón. El tal Diego, se diría: “si imputan a mi esposa, que imputen a la de Iñaqui”. Y su razón mueve, tanta que en una de esas entregas el Juez Castro la ha imputado. Señor, una infanta imputada. ¡Qué tiempos más convulsos!

Y Diego Torres amenaza con más entregas de E-Mails del duque em PALMA do. Una especie de Corín Tellado pero que está tambaleando a toda la Casa Real. Si algún día llega la III República supongo que a Diego Torres le harán un monumento, homenaje o recodatorio aunque fuera póstumo.

De la actuación del otrora implacable fiscal Pedro Horrach, pues sólo apuntar que me ha extrañado mucho su forzada marcha atrás. Tiempo habrá de saber…

Como tiempo habrá de saber del inesperado y oportunísimo trabajo que su amigo y exentrenador Valero Ribera le ha ofrecido como su segundo en la selección de balonmano de Qatar. 800.000 € anuales paga el Emir, por cierto muy amigo de Don Juan Carlos, por este trabajo que no sé si aceptará. El sueldo no está nada mal. Ya se sabe que el corporativismo funciona también en la realeza.

Lo que mis entenderas no aciertan a comprender es como un señor imputadísimo, sin pagar la fianza, se pueda marchar tan alegremente a Qatar. Legal será, pero no alcanzo a entenderlo.

En fin, un lío el que Diego Torres con sus E-mails está metiendo a toda la Casa Real. Veremos qué pasa.

 

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YO FUI CONCEJAL II

Hace una semana escasa se me ocurrió escribirles sobre mi paso por el Ayuntamiento de Novelda. Releído el título, así de escueto, me suena a terapia de grupo o a confesión, en este caso con propósito de enmienda ante un cura, o ante un psicólogo para solucionar un desarreglo cerebral.

Les comentaba que fue el mayor error de mi vida, y lo fue. Quisiera matizar un poco esta dura aseveración. Mi problema no fue convertirme en “servidor público”, sino que tomé un camino espinoso y equivocado para serlo. Ya les dije el partido con quien figuré en sus listas para salir elegido. Me equivoqué, insisto. Duré lo que duré en esa formación y, cuando ya mi cuerpo y mi corazón no aguantaban más, me marché con mi otro compañero y pasamos a ser concejales “no adscritos”.

En aquellas elecciones de 1995 se dio una curiosa circunstancia. Los partidos de izquierda, PSOE, UPV (hoy Bloc) y EU, consiguieron 11 concejales. La derecha (nunca me he considerado de derechas) consiguió 10: 7 del PP y 3 de Novelda Independiente. La izquierda, siempre dividida y peleada consigo misma, no quiso dar su apoyo al candidato socialista, Luis Gómez. La derecha tampoco dio su apoyo al PP. Así que cada partido votó a su candidato, saliendo elegido como Alcalde la lista más votada, que en este caso fue el PP con Milagrosa Martínez por sólo ochenta y tantos votos. Los socialistas, siendo la izquierda mayoría (11 sobre 21), se quedaron compuestos y sin novia. Quizá pagaron un exceso anterior de soberbia y de prepotencia, y otra cosa no sé, pero los políticos gozan de una memoria de elefante. Siempre tienen a mano la libreta del “debe” y cuando pueden se cobran sus deudas.

Milagrosa Martínez, pues, salió elegida como Alcaldesa. Ya digo, ochenta y tantos votos la auparon al sillón consistorial. Puedo asegurarles con fundamento que aquella Milagrosa no tenía nada en común con la actual. Ya se adivinaban ciertos tics de la derecha rancia, pero nada que ver con la Alcaldesa actual, dictatorial y peleada con toda la oposición y, digan lo que digan, hasta con los suyos. Entonces dio delegaciones a todos los partidos políticos y además con mucha responsabilidad. Me estoy refiriendo a la entonces UPV, a EU y a nosotros. Recuerdo perfectamente, aunque estoy seguro de que ella no lo recordará o no lo admitirá, que dio delegaciones al PSOE ante mi sugerencia. Digamos que eran menores, pero eran delegaciones. Yo, muy ingenuo políticamente en aquella época, insistí en que los 21 concejales trabajaran por Novelda. Me equivoqué. El PSOE no aceptó ninguna delegación, no sé si por dignidad, al sentirse quizá algo ninguneados, o por no querer colaborar con el equipo de gobierno. Después, con el paso del tiempo, me di cuenta que, tanto unos como otros, lo que buscan desaforadamente es el fracaso del partido que esté gobernando para agarrar ellos (insisto, sea quien sea) el bastón de mando.

Fueron dos años con Milagrosa baldíos. Se había heredado muchas deudas, pero no se creaba, no se conseguían subvenciones. Novelda estaba totalmente paralizada y entonces sucedió lo que tenía que haber sucedido en la Investidura de Alcalde: la UPV renunció a sus delegaciones y aceptó una alianza con el PSOE para montar una Moción de Censura. Antes hubo una Moción de Reprobación a la gestión de la Alcaldesa que se ganó con todos los votos, excepto los siete del PP y uno del extinto Novelda Independiente. Allí, en esa Moción de Reprobación, Milagrosa cometió uno de los mayores errores que podía cometer. Recuerdo perfectamente que desafió a toda la bancada de la izquierda: “Déjense de chorradas y tengan lo que hay que tener para hacer una Moción de Censura”. En ese preciso momento comenzó a gestarse. El PSOE y la UPV ya estaban de acuerdo, pero les faltaba un concejal para ser mayoría. Eran 10: 7 socialistas y 3 nacionalistas. La concejala de EU, supongo que siguiendo instrucciones de su partido, optó por esperar. Entonces fue cuando acudieron a mi compañero y a mí. Digan lo que digan, porque luego lo negaron, nos buscaron para tener ese voto que les faltaba. Nos negamos en redondo, no porque no la deseáramos, sino porque al haber abandonado nuestro partido nos faltaba fuerza moral para apoyarla. Finalmente, en junio de 1997 la concejala de EU dio su beneplácito y firmaron la Moción de Censura. Se celebró ésta con el siguiente resultado: 11 votos a favor (PSOE, UPV y EU), 2 abstenciones (las nuestras) y 8 votos en contra (los 7 del PP y nuestro excompañero de partido). Ya se tenía la mayoría absoluta exigida y, lógicamente, la vara de mando fue a parar a mi amigo y socialista Luis Gómez.

Las cosas empezaron a cambiar. El nuevo Alcalde, pese a nuestra abstención, siguió confiando en nosotros y ratificó nuestras delegaciones. Mi compañero siguió con su gran labor en Servicios Sociales y yo seguí con mis proyectos en Deportes. Sin duda, mis ocho años en la presidencia del Novelda CF me ayudaron mucho a impulsar ciertos deportes. No todos los que hubiera querido, pero los medios eran los que eran, no aparecieron más.

Fueron dos años muy buenos, comparados con los dos anteriores. Se impulsaron muchas actividades que estaban paralizadas, se comenzó a gestar el “famoso” Polígono de Betíes, magnífico proyecto que dotaba al pueblo de un gran polígono industrial público, a precios muy asequibles a la entonces próspera industria noveldense. Se realizó una “reserva de área”, que consistía en la prohibición de comprar y vender hasta consolidar el proyecto para evitar las consabidas especulaciones. Imagino que habría gente afectada y disconforme con aquel gran proyecto, pero honradamente creo que era un proyecto magnífico para el futuro industrial de Novelda. Como pasa siempre en política, se redactaron los proyectos por profesionales del urbanismo y entre tirios y troyanos el proyecto se fue dilatando en el tiempo. Tanto se dilató que llegó las elecciones de 1999, donde el PP ganó con el apoyo de los dos concejales de Novelda Independiente (nosotros ya no estábamos) y algún apoyo inesperado más.

Recuerdo perfectamente, porque yo fui testigo de las firmas, que el Alcalde saliente Luis Gómez entregó un arqueo de caja con un remanente de 700.000 pesetas, dinero proveniente de la venta del servicio del agua, venta que ocasionó infinidad de problemas al equipo de Gobierno. Pero problemas internos y que le costó la siguiente candidatura a Luis Gómez. Existieron muchas discrepancias dentro del Partido Socialista, tantas que provocaron unas Primarias que perdió el anterior Alcalde Luis Gómez, creo que por ocho votos. Fue elegido candidato el socialista Pepe Penalva y toda la izquierda pagó con intereses la Moción de Censura. Con el tiempo me di cuenta de que la gente no aprueba las Mociones de Censura, por constitucionales que sean. Se hizo de Milagrosa una mártir, y ganó las elecciones de 1999.

Pero como todo en la vida hubo un debe y un haber. En el debe no puedo obviar la servidumbre que concurre en un cargo público: asistencia a ciertos actos, procesiones interminables, Misas varias, etc. Y en el haber, sobre todo, haber tenido la posibilidad de servir a mi querido pueblo y, cómo no, la cantidad de amigos que hice en aquella época y de todos los partidos. Amistad que aún conservamos juntándonos, desde entonces, cada tres o cuatro meses alrededor de una buena mesa con mejor mantel y con unas sobremesas maravillosas y muy enriquecedoras. Insisto que asistimos de todos los partidos políticos y solemos juntarnos unos 10 ó 12 ex concejales de aquella hornada.

Y aquí, en ese preciso año de 1999, acabó mi relación con el Ayuntamiento. Cualquier acercamiento no es más que fruto de la casualidad o la coincidencia. Como rezó el eslogan en Galicia cuando el chapapote: NUNCA MAIS.

 

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YO FUI CONCEJAL

 

 Sí, pese a mis continuos y a veces indiscriminados ataques a la clase política, tengo que confesarles que yo fui concejal de mi pueblo. He cometido muchos errores en mi vida, afortunadamente ninguno que no tenga reparación, pero les prometo que el mayor error fue aceptar entrar en una lista “independiente” en las elecciones municipales de 1995. Novelda Independiente se llamaba el partido, y digo se llamaba porque ya no existe. Ustedes me disculparán, pero de este Novelda Independiente prefiero no comentar nada. No me siento nada orgulloso de mi militancia en él. Ya sé que nadie me puso una pistola en el pecho para presentarme por dicho partido. Simplemente me llegó la ocasión con una edad ideal, 45 años, y el resto lo hizo el ego que todos tenemos, y, por qué negarlo, una moderada dosis de servicio a mi pueblo. Todo eso mezclado se convirtió en un cóctel explosivo que me hizo concejal. Pero en este cóctel no cabía la dosis económica. Yo era un humilde concejal de deportes que, si no me equivoco, percibía 20.000 pesetas por la delegación y 5.000 más por asistencia a Plenos. De los emolumentos no estoy seguro, han pasado casi veinte años, pero sí puedo asegurarles que yo jamás vi un duro de estas cantidades. Mi vida estaba más o menos resuelta en la empresa entonces de mi padre y destiné a otros menesteres estos emolumentos y que, permítanme, omita su destino. Esto no implica, en absoluto, que demonice a los concejales que perciben su salario de las arcas públicas. La gente, y más si es válida, ha de sentirse reconocido económicamente máxime si has de sustentar una familia. Cosa distinta es de quién hace de la política una profesión y se agarra a ella sin el más mínimo decoro ni deseo de servicio.

A pesar de lo dicho, me siento muy orgulloso de nuestros logros en la Concejalía de Deportes. Por supuesto, hubo muchas lagunas, pero impulsé o mejor impulsamos muchas actividades deportivas que en Novelda se habían perdido o excluido. Pero yo no quiero aburrirles con mis logros o torpezas en mi delegación que, como en botica, de todo hubo. Ahí están: algunas perduran y otras han sido innecesariamente eliminadas por ineficaces garrapatas de la cosa pública. Que cada cual juzgue como le plazca, han pasado muchos años y ya nada puede inmutarme de aquella época.

Y si digo que fue el mayor error de mi vida es sencillamente porque lo fue. Me adentré en un sitio equivocado y pronto me apercibí, pero ya era demasiado tarde. Involucré a muchos amigos en aquellos proyectos y no podía ni debía dejarlos solos. No era posible la marcha atrás. Aguanté mis cuatro años prometidos y, una vez finalizados, me largué, todo lo rápido que pude, a mi casa y aquí sigo pese a alguna que otra leve insinuación de regreso al pasado. Pero muy leve, no vayan ustedes a creer en alguna machacona insistencia. Nada de eso.

Como ya digo, lo pasé muy mal, pero jamás por culpa o motivo de los ciudadanos. Al revés, siempre me sentí muy bien tratado. Mi problema era otro. No quiero ni pretendo dármelas de íntegro, que ahora estamos haciendo todos un fácil blanco de los políticos, pero es cierto que no me sentía cómodo en la función pública. La democracia es un logro que mi generación luchó mucho por conseguir y se consiguió. Hoy, con mucha pena, he de definirla como “un mal necesario” o “el menos malo de los males posibles”. La democracia, repito e insisto, es el poder que emana del pueblo. Éste elige a sus representantes mediante listas cerradas con todos los defectos y desfases que aprobamos en la Constitución de 1978.

Esta democracia, lamentablemente, se ha deslizado hacia una ”partitocracia”, hacia un poder que emana de los partidos políticos, hacia un abuso de estos partidos que se han atrincherado en sus dominios y están ejerciendo una verdadera dictadura que no fue por la que se luchó tanto. Los partidos políticos, siempre lo defenderé, son absolutamente necesarios pero necesitan como la mayoría de los estamentos de este país una profunda y seria renovación. Estamos viviendo unos momentos muy convulsos y sólo veo dos alternativas: renovación o revolución. Esta situación no se soluciona con parches, con promesas. Dado que las revoluciones siempre son cruentas, pues no nos queda otra que afrontar una profunda renovación de todo el sistema democrático. Y no hablo sólo del español. Me estoy refiriendo a la caduca y casposa Europa que nos está asfixiando con tanto recorte, con tanta injerencia que ya nos ha dejado sin aliento. Me aterra el caso de Chipre y sus posibles consecuencias de contagio. ¿Cómo podríamos las pequeñas empresas sobrevivir? No, prefiero no pensarlo.

Pero recorriendo esta Europa he omitido jugosas y sabrosas anécdotas que, si no les aburre, les comentaré en un siguiente artículo en La Hoja del Lunes.

 

 

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EL OLD PUB

El Old Pub o pub rojo, y no precisamente por su ideario, sino por su llamativa fachada roja, fue un magnífico y relajante pub donde maté muchas horas de mi juventud treintañera. Era estrecho, bastante en su entrada, ensanchándose algo en su interior. Su decoración, como la fachada, era toda roja. Sus sillones, la moqueta y yo creo que hasta las luces eran un poco rojas. Con sabor y olor, si es que ello fuera posible, de un rojo pasión pero que nos relajaba enormemente.

Una vez te adentrabas tras abrir su ostentosa puerta, te encontrabas unos sofás flanqueados, siempre, por varios sillones. En el centro de aquel conjunto una mesita muy coqueta y juraría que también era roja. A  mano izquierda, según entrabas, una barra pequeñita, acorde con el pub y, como no, toda roja, donde normalmente te recibía con su enorme y eterna simpatía su propietario, Domingo. Gran persona y gran hostelero. El del bulto le llamábamos entre nosotros (nunca a él), y es que el pobre tenía un enorme bulto, supongo que de nacimiento, entre la boca y el cuello. Enorme bulto, que imagino le produciría algún complejo, aunque yo nunca lo percibí. Era un hombre, yo creo que algo mayor que yo, que siempre nos trató con una simpatía y cariño enorme. Y, en cierta forma, fue un innovador del sector en su época. Tras la barra tenía un montón de compartimentos, donde podías comprar tu botella preferida de güisqui o ginebra y ya podías beber de ella hasta acabarse, te durara lo que te durara. Se guardaba en uno de esos compartimentos y allí permanecía hasta su liquidación las semanas o meses que te durara.

Nosotros, la entonces directiva del Novelda CF que yo tuve la suerte de presidir durante ocho largos años, éramos clientes asiduos todos los lunes después de las reuniones de la Junta Directiva. El tiempo allí se detenía para nosotros. Horas y horas departiendo los temas candentes de la semana. Que si este jugador, que si aquel entrenador… todo se discernía mejor en aquel magnífico pub, eso sí, entre copa y copa y envueltos en el humo de los cigarrillos.

Allí consolidé mi eterna amistad con el Piño con el que pasé horas inolvidables. Ingenioso hasta no poderse aguantar y gran conocedor de los entresijos del fútbol. ¡Qué tiempos! La política, que siempre me importó, allí me resultaba más insignificante, claro que entonces no se cometían tantos desmanes.

Antes que pub, aquel local fue el archiconocido Restaurante Cucuch que Cándido Úbeda con su gran visión empresarial cimentó  lo que ahora es el Restaurante Cucuch, en el Pasaje y Los Jardines Cucuch, enormes y elegantes salones de bodas y eventos de profusos invitados. Ocupan, hoy, lo que fueron los antiguos baños y que ya relaté por aquí.

Pero es que antes que Restaurante, aquel chiquito local fue el primer supermercado de Novelda. Los más jóvenes no lo sabrán, seguro, pero allí, a mediados de los 60, Paco Segura inauguró el primer supermercado de Novelda. Paco Segura, hermano de Gabriel Segura, aquel tendero que te vendía de todo. Desde un cirio para una procesión hasta un kilo de garbanzos, todo envuelto en papel de estraza, aquel papel basto de color marrón que yo creo que pesaba más que el contenido. Pues Paco montó en aquel local que creo que era de su propiedad (de eso no estoy seguro) la primera “gran superficie” de Novelda. Yo no sé si fue la falta de hábito, la estrechez del local o ambas cosas, pero el ambicioso y novedoso proyecto se fue al garete ante el jolgorio de las tiendecitas de toda la vida, las que despectivamente, yo creo, llamábamos de la tía María. Recuerdo muy bien que ante este fracaso y tras cerrar el abortado negocio, Paco Segura fue un maestro viajante de aquellos que comenté en mi artículo “La soledad del viajante”. Trabajó en la empresa de mi padre y sus viajes duraban, como los que les escribí en ese artículo, cerca de dos meses. Volvía una semana y vuelta a empezar otros dos meses y así una y otra vez. Agotador, pero ese era el trabajo de los viajantes de aquella época y habían muchos en Novelda y ya no digamos en Elche, Elda o Petrer con los zapateros.

Pero, como me ocurre siempre, con las historias se me ha ido el santo al cielo. Estábamos en el Old Pub, el Pub viejo, añejo, con sabor. Y así era aquel pub.

La de jugadores que allí se ficharon, la de bajas que allí se planearon, la de amistosos que allí se concertaron. Hasta nos propusieron comprar un partido que no lo hicimos, primero por dignidad y después, por qué no decirlo, por falta de dinero. Aquel equipo era el último y sin posibilidades de salvarse. No había ganado un solo partido en toda la segunda vuelta. Nosotros, eternos aspirantes al descenso, fuimos visitados por aquellos piratas del fútbol, que les puedo asegurar que abundaban, abundan y abundarán por nuestra geografía. Es muy fácil comprar un partido. Nos pedían 200.000 Ptas. de la época. No lo compramos por los motivos ya expuestos y fuimos  el único equipo que perdió en aquel campo. Quince días después, nuestra honradez quedó recompensada con dos victorias seguidas. La primera en casa y la segunda nada menos que en Mestalla contra el líder. Aquel año, como todos, nos salvamos y mantuvimos muy dignamente la categoría. Pero les puedo asegurar que del fútbol se podría hablar largo y tendido y más ahora con las apuestas deportivas. Campaneta, un viejo zorro intermediario del fútbol de aquella época, me decía: Wifredo, en el fútbol, lo único honrado es el balón. Y algo de razón movía Campaneta.

Allí, ya digo, pasé ratos inolvidables. Además del Piño, compartimos horas con Matías, el pantera de Aspe y directivo del ya desaparecido Aspense, con Juanito el del Casino, con Mariano el ex alcalde, y con infinidad de amigos que sería imposible de escribir aquí. Que me disculpen los “olvidados”.

Mención especial para nuestras esposas, que aguantaron lo que hoy ninguna esposa aguanta. Nos pasamos, pero no hacíamos ningún mal y las horas allí, me reafirmo, fueron inolvidables.

Un recuerdo muy cariñoso a Domingo, su propietario, que en una operación precisamente para extirparse el bulto, no sé si por estética o por necesidad, se nos quedó lamentablemente en el quirófano. Que descanse en paz.

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¡HASTA SEVILLA SE DEPRIME!

Llevo adentrándome en mi querida Sevilla así como 40 años. Tantos, que he aprendido a amarla, a disfrutarla, a dejarme penetrar por su profundo y único olor a azahar. Los naranjos sólo huelen así en Sevilla. ¡Cuántas veces desde el hotel que me albergaba cuando era joven, allá por la Plaza de Duque, cerquita del Corte Inglés, el de toda la vida, no el novedoso de Nervión por donde me alojo ahora, abría sus ventanas en primavera y el olor a azahar entraba en plan gitano, a las bravas y se imbuía dentro de mí para darme el más profundo de los “chutes” que te puedas adentrar!

Pues aquel Sevilla, sí, el de la Torre del Oro, el del Arenal con su Maestranza, el de Triana que luce orgullosa su casta como si se pudiera ser más sevillana con su puente a modo de frontera, Los Remedios, barrio elegante, su Plaza de España, donde presidían los mapas de todas las provincias españolas. En esta plaza buscaba yo el de Alicante, hasta encontrar satisfecho un puntito que era mi Novelda. Qué orgullo: mis dos amores juntos, Novelda en la Plaza de España de mi Sevilla. El Parque de María Luísa, con sus entregadas palomas buscando en tu mano la comida que le ofrecías. ¡Cuánto han jugado mis hijos en el Parque de María Luisa! Su grandiosa catedral, la más grande del mundo, pegada a la Giralda, con su Giraldillo arriba a modo de atento vigía ante tanta hermosura. El Barrio de Santa Cruz, tan bellamente cantado por José Feliciano con el Parque de Doña Elvira y, sobre todo, la Plaza de los Venerables, nombre debido a un antiguo hospital de sacerdotes y donde, ahora, en Casa Román, o en el Hostal del Laurel, aquel de las correrías de Don Juan Tenorio y Luis Mejía, sí, el mismo que nos describió Zorrrilla, ahora puedo degustar el mejor jamón del mundo, la mejor chacina, la mejor “pringá”, la mejor… y en femenino, que así sabe mejor. ¡Qué Sevilla! ¡Cómo me cautivaste y me atrapaste para siempre!

 

 

Sevilla, mi querida Sevilla, ha sido, es y siempre será alegre. Como ya digo, por mi trabajo llevo viniendo y disfrutándola casi 40 años. Su punto álgido creo que lo alcanzó en la Expo del 92. Limpia, más guapa si es que ello era posible, con mucha alegría en sus gentes, en sus comercios.

En términos comerciales, de venta, a las ciudades se las llama “plazas”. Pues Sevilla siempre ha sido la mejor “plaza” para nuestra empresa. Fueras cuando fueras, siempre se vendía. Y se vendía mucho y, digan lo que digan los malajes de la meseta, pagaban como nadie. Nunca he conseguido entender la fama de poco trabajadores de los andaluces, jamás. Un pueblo oprimido por hábito por la clase dominante, por los “señoritos” (que aún perduran), ha conseguido levantarse orgulloso y ser el espejo de muchas Españas que no le llegan ni a hacer sombra.

Me enamoré de Sevilla siendo apenas un mozo veinteañero. A los treinta  y cuarenta este amor se convirtió ya en pasión y, desde los cincuenta hasta los sesenta y tres que pronto alcanzaré, mi amor por Sevilla es profundo, sosegado y armonioso. Vamos, como si fuera un matrimonio.

El viernes pasado regresé de mi Sevilla en uno de mis viajes de trabajo que cada dos o tres meses tengo la suerte de realizar. He de confesar, con mucha tristeza, que la observé algo deprimida, triste, melancólica. No era la Sevilla de siempre. Comercialmente las cosas me fueron bien, como ha sido siempre habitual, pero algo detectaba que me entristecía. No veía la alegría de  siempre en sus buenas gentes. Las notaba como algo deprimidas, como cansadas con tanto recorte, con tanta falta de consumo. Sevilla vive en gran medida del turismo nacional y extranjero que necesita conocerla, que necesariamente ha de vivir su calle, sus tascas, sus restaurantes. En definitiva, que ha de consumir.

Pero el consumo, eso me cuentan mis buenos clientes, ha bajado considerablemente y eso les hace mella, les abate, les deprime. No he apreciado la alegría que siempre ha sido compañera de Sevilla. El miedo sacude sus calles, sus comercios, sus restaurantes. La gente sevillana, esa bendita gente que hace de la calle su hogar, se está guareciendo en sus casas, ya no luce ni consume como antes. Ahora es fácil encontrar sitio en sus siempre atiborradas tabernas. Sí, tabernas, tascas, que en Sevilla no tienen sitio los pubs.

Espero, querida Sevilla, que pronto recuperes tu alegría, que dejes esa depresión y, seguro, volverás a ser la que siempre has sido. Es sólo cuestión de tiempo y que dejen de ahogarte con estas absurdas medidas.

Así lo espero, pese a  nuestros incompetentes gobernantes. Pero, pase lo que pase, a mí siempre me tendrás, hasta que Dios quiera.

 

 

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