Esta España nuestra que se ha convertido en un lamentable y sucio lodazal del que, si conseguimos salir, no les quepa la menor duda que la suciedad va a impregnarnos mucho tiempo.
Esta España nuestra donde la OCDE nos dice que esta maldita e inhumana crisis ha agudizado, aún más, las desigualdades. Corremos sin freno y en barrena hacia los tiempos que nuestros padres nos contaron de la posguerra. Las desigualdades sociales son cada vez más pronunciadas: los pobres son cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos. Veo con horror cada vez más gente mendigando su miseria en las calles, más indigentes durmiendo al calor de unos cartones y también veo, con el mismo horror, que las fortunas de la clase pudiente son escandalosamente más enormes. Está desapareciendo, pasito a pasito, la clase media, el único motor capaz de mantener viva y latente a una sociedad.
Esta España nuestra donde la pobreza sube un 8% y las diferencias regionales se duplican. Me duele en el alma ver cómo presidentes autonómicos juegan con su nacionalismo para conseguir mayor rédito. Me duele en el alma ver cómo se acusan unas comunidades a otras de innecesarios despilfarros: “Yo no voy a pagar tus excesos”, o dirigiéndose al pueblo catalán: “Vuestro dinero lo gastan los andaluces, no nosotros los extremeños”, o “Yo no voy a pagar la televisión catalana”, he llegado a leer en la prensa. La insolidaridad está tan pronunciada que te llegas a plantear muchas cuestiones que, al menos para mí, y hasta hace poco eran inviolables. Nuestra Comunidad Valenciana es una de las que destacan tanto en despilfarro como en un alarmante aumento de la pobreza. Nuestro Sindic de Greuges, el Sr. Cholbi, con una clarividencia admirable nos avisa con contundencia: “Si seguimos así, volveremos a la época de la beneficencia. Esta alarmante situación afecta a los derechos humanos”
Esta España nuestra donde ya superamos la barrera de los 6,2 millones de parados, donde la gente se ha lanzado a la calle a intentar recuperar lo que el Estado le está robando. No me cansaré de repetirlo, aún a riesgo de ser reiterativo y pesado: no podemos ni debemos tolerar semejante expolio en la sanidad, en la educación. No hay una sociedad justa sin estos dos pilares básicos.
Esta España nuestra donde nuestros jóvenes tienen que emigrar con todo su talento, que hasta un “barón” del PP en Euskadi nos deja porque aquí sus hijas no tienen futuro. Se va a Méjico el Sr. Basagoiti con un lacónico y a modo de despedida “Que os vaya bonito”. No ve presente y mucho menos futuro para sus hijas. Y al partido que le den.
Esta España nuestra donde el recién nombrado “Mejor Físico Joven de Europa”, un brillante joven gallego al que le han negado una beca en el programa Ramón y Cajal “porque le falta curriculum”. Manda huevos con la fundación que pertenece al Hospital Ramón y Cajal, dependiente de la nefasta Consejería de la Comunidad de Madrid.
Esta España nuestra que tiene que ver con impotencia como una brillante joven investigadora ha colaborado muy activamente con el equipo de investigación que ha creado, por primera vez, células madre embrionarias humanas a partir de una persona en la Universidad de Oregón. Bueno, pues esta brillante joven tuvo que emigrar de nuestro país por falta de oportunidades. Se vio afectada por un ERE del Centro de Investigación Príncipe Felipe, cómo no, por falta de fondos de la Comunidad Valenciana.
Esta España nuestra que tiene que ver impotente como miles de jóvenes, ante tanta falta de oportunidades, decide hormonarse y siliconarse hasta las pestañas para conseguir un hueco en cualquiera de los programas de la tele basura. Saben que tres entrevistas, porque se han acostado con fulano o fulana, les van a reportar más ingresos que una carrera universitaria.
Esta España nuestra cuyo Ministerio de Fomento es capaz de suprimir, en aras de un supuesto ahorro, 48 líneas ferroviarias que utilizan 1,6 millones de usuarios. Pues miren, si no hay más dinero pues cogen su vehículo o un taxi.
Esta España nuestra con una delegada del Gobierno en Cataluña que tiene los bemoles de homenajear a lo que queda de la fascista División Azul.
En fin, una España nuestra que me aterra, que me asusta, que me hace replantearme muchas cosas que no quiero exponer aquí, de momento, por ser muy “políticamente incorrectas” pero, al ritmo que vamos, no me importará desgranar a cielo abierto ante todos ustedes.
Esta España nuestra que va a conseguir que mitigue mi deseo de no regalar mi voto a nadie, aunque sólo sea para que no nos gobiernen este hatajo de incompetentes. Eso lo tengo claro, el problema reside en saber elegir, porque por más que miro no encuentro nada.











