En una reciente escapada a Venecia, perseguimos el rastro de Carlo Goldoni por las callejuelas y rincones del barrio de San Marcos: su escultura, su librería, su teatro, su recuerdo… y, en cierto modo, su presencia. Goldoni, dramaturgo veneciano del s. XVIII, epígono de Molière y Lope de Vega, estaba siendo protagonista en esos días en Madrid, en el teatro Fernán Gómez, con una de sus magníficas comedias: “La Hostería de la Posta”,
dirigida por José Ramón Gómez y que recalará, quizás, por aquí cerca en fechas por determinar pero no muy lejanas. Con una economía de medios propia de la situación, un grupo de profesionales ha puesto en pie, desde la RESAD (Real Escuela Superior de Arte Dramático), una obra de formato pequeño pero importante por divertida, que es mucho, y revolucionaria para la época en la medida de que la mujer era el trasunto de su propio escote y su corsé la medida de su futuro como persona; digo revolucionaria a pesar de que he oído ya esta palabra relacionada hasta con cacahuetes, compresas, y rosarios electrónicos. Un respeto.
Recordé entonces algunas de las obras que vimos recientemente en Alicante y alrededores y pensé que los recortes son un problema, sí, pero no “el problema”. Faltan medios, claro, pero también ideas y algo de permeabilidad a los círculos habituales. “En la luna”, de Alfredo Sanzol en el Principal, podría haber sido la excepción. El resto, miseria y compañía con todos los respetos que merece casi todo el mundo que se dedica el teatro. Las programaciones, en general, cubren muy justitas con las necesidades culturales de Alicante, a lo que se suman los recortes a casi todos los niveles. Recordemos, por ejemplo, los fenecidos festivales de música y teatro de Lucentum, la desaparición de las obras culturales de las cajas a manos de los golfos que las han vaciado, la programación irregular del ADDA y la decepcionante (salvo alguna excepción) programación de nuestros teatros, Principal y Arniches por mucho que este último se haya defendido con mucha dignidad temporadas atrás.
Sin embargo, de vez en cuando surgen iniciativas sorprendentes. Sería el caso de “El Taller Tumbao” Se trata de una asociación cultural en la que tienen cabida las más variadas actividades: talleres de manualidades, pintura y escultura, tertulias, actuaciones de música, cursos… Está ubicado en Benalúa, en la c. Arquitecto Guardiola y parece que, aunque despacio, está levantando un vuelo deseamos que sostenido. Unas cervezas, una charla interesante, música y mucho interés por esta ciudad ayudarán sin duda. Iniciativa privada con ganas de futuro. Les deseamos la mejor de las suertes.
Y mientras esta ciudad duerme, gobierno municipal y “oposición” sestean indolentemente en relación con la cosa pública. Unos se dan al tango por los juzgados y otros a las reuniones inagotables, estériles, en busca de su identidad perdida a golpe de codazo, de lista cremallera tribal y de ausencia de discurso. Más allá, por Valencia y Madrid, nos la siguen dando por el mismo sitio sin que parezca que esto vaya a tener fin. Si la gente lo está pasando tan mal a niveles de supervivencia, imaginemos lo que la cultura puede quitar el sueño a Standard & Poors, a Goldman Sachs (estos y sus adláteres sí son los auténticos PIGS) o a sus mochileros con mayoría absoluta.
Defendamos al menos, con uñas y dientes, la educación, la sanidad y la justicia públicas y universales. “A galopar…”
José Antonio Lafuente Andújar
Ldo. F. y Letras
Alicante, 21 diciembre 2012