Impulso irresistible

La vulnerabilidad es naturalidad

Imagen: Ruwad Al Karem.

La pandemia que estamos viviendo y la declaración del estado de alarma que conlleva la aplicación de determinadas pautas obligatorias de comportamiento, continúa haciéndonos experimentar la natural vulnerabilidad y la inseguridad que genera confiar solamente en nuestras propias fuerzas. Estas razones nos llevan a fijar nuestra mirada con un mayor abandono en Dios y en quienes están a nuestro lado, sabiendo que asegurándonos estar tan bien acompañados puede surgir un verdadero consuelo.

Querríamos considerarlo desde una perspectiva o estado mental sin tanta negatividad. Nos referimos igualmente a la debilidad personal que a veces experimentamos en comparación con la estupenda propuesta que la fe cristiana nos presenta. Pues parecería una desproporción entre el ideal y la realidad de la propia vida, que no nos debería producir ningún tipo de desánimo o desencanto.

Nos puede servir considerar y recordar que Cristo no llamó a sus discípulos porque fuesen mejores que los demás, sino que los convocó conociendo sus debilidades, y como lo hace también con nosotros- lo más profundo de sus corazones y los hechos de su pasado; por eso también podría contar con todas las cosas buenas que cada uno de ellos era capaz de hacer: Jesús sabía que no les faltaría la fuerza del Espíritu Santo en su camino si se disponían a recomenzar nuevamente cada día. Aunque a veces nos sintamos muy poca cosa, podemos decir con verdad: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién vamos a temer?” (Sal. 27, 1).

La vulnerabilidad casi siempre se asocia con la pobreza, pero también son vulnerables las personas que viven en aislamiento, inseguridad e indefensión ante riesgos, traumas o presiones, propios de la vida moderna.

Pero no todo es negativismo cuando hablamos de vulnerabilidad. Ser vulnerable es afirmar que no sabemos gestionar nuestras emociones y conocimientos. De algún modo, todos necesitamos experimentar la vulnerabilidad: saber que no sabemos, que somos imperfectos, que necesitamos ayuda. Esto tiene la ventaja de sentirnos necesitados de mejorar. Si es muy cómoda nuestra vida no es posible la superación ni la facilidad de ayuda a los otros.

Algunos pensadores han manifestado la importancia y los positivos efectos de sentir y especialmente entender lo que es vulnerabilidad. Hemos encontrado afirmaciones como la siguiente: La vulnerabilidad y la humildad son dos de los grandes rasgos concluyentes del liderazgo transformador. “La marca personal es el perfume que usas y la reputación es el olor que dejas”. A veces la humildad expresada no es la humildad demostrada.

Tenemos que aceptar (y no sólo saber y decir a todas horas) que somos imperfectos. Es injusto querer dar la impresión de saberlo todo con una postura de elevación y de sobresalir. Ser vulnerable empieza por mostrarse uno como es, sin empalagos ni etiquetas superfluas.

También hemos leído que no es posible demostrar amor a los nuestros si estamos poniendo limitaciones y excusas para verles o saludarles amparados por una vulnerabilidad que nos aleja de las personas. Y mira esto que lo dice aún más claro: Amar es ser vulnerable.

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Demetrio Mallebrera

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