Opinión

La Unión Europea, ¿realidad o entelequia?

Fotografía: Blue Pexels.

En muchos momentos de crisis políticas o económicas, la Unión Europea se ha mostrado inoperante para encontrar las medidas que hubiesen podido resolver los problemas de los países miembros. Lo que hemos visto, es que aun habiendo transcurrido siete décadas desde su creación, sigue sin tener un liderazgo que organice y trate de crear una unión entre los países miembros para que juntos tiren del carro en la misma dirección. Se ha comprobado que esta Unión, lejos de ser algo parecido a un estado federal, es una reunión de países que en momentos en donde hay que aportar una verdadera unanimidad en un interés común, sólo se han preocupado de sus intereses particulares.

En Europa es difícil crear un solo estado porque los nacionalismos están muy arraigados históricamente y parece que sus habitantes lo llevan en sus genes. Por eso, es complicado llegar a un gran acuerdo en donde todos y cada uno de los europeos pensemos como, por ejemplo, los estadounidenses. Primero se sienten norteamericanos y después tejanos, californianos, virginianos, etc.

Quizás esta falta de espíritu europeo, se haya generado a lo largo de su historia. Europa, históricamente, ha sido el continente con más enfrentamientos entre sus habitantes. Las guerras a lo largo de los tiempos han sido la gran desgracia de estos territorios y cuando han surgido líderes con la idea de crear un gran estado en el que estuviesen integrados todos los países, han fracasado porque los medios utilizados no han sido los adecuados. Sólo tres ejemplos para apoyar estas reflexiones. Los imperios romanos, el de Carlomagno y el de Napoleón, fueron forjados con la imposición de las armas y aunque las ideas de sus líderes eran buenas, no así los métodos que se utilizaron para su creación. Los estados europeos han sido siempre muy celosos de su independencia y quizás esta característica sea el gran inconveniente para forjar una unión a nivel continental.

La historia es la suma total de todas aquellas cosas que hubieran podido evitarse  

Konrad Adenauer

Por otro lado, la actual Unión Europea tuvo unos inicios estrictamente económicos que perduran actualmente. Basta recordar su nacimiento a partir de la CECA, Comunidad Europea del Carbón y del Acero creada en 1950 que fue el precedente del Tratado de Roma que, en 1957, dio origen a la Europa de los Seis, a los que se añadirían paulatinamente, más tarde, el resto de países que componen la actual Unión Europea. Si se analiza su andadura a lo largo del tiempo, la mayoría de las grandes decisiones que se han tomado han sido económicas fundamentalmente. Recordemos que en momentos determinados la actual Unión, se llamaba Comunidad Económica. No olvidemos tampoco, que dentro de esas grandes decisiones, están la creación de la moneda única, el euro, el banco europeo, la libre circulación de personas pero principalmente la de mercancías para evitar los aranceles con la apertura de las fronteras; el ECOFIN, Conjunto de Asuntos Económicos y Financieros de la UE, etc. Más parece una unión mercantil que sólo persigue fines económicos.

Si se analiza la Unión Europea desde un punto de vista político, sólo hay que repasar lo que ha supuesto la creación de las dos instituciones políticas, el Consejo y el Parlamento europeos como gobierno. Cada cual que juzgue a la vista de sus resultados. Mientras no haya una voluntad, una ilusión, un deseo por encima de los propios intereses nacionales para crear una Europa unida políticamente, el proyecto no se convertirá en una realidad. Hasta que el Parlamento Europeo, no esté sobre los parlamentos y sobre los gobiernos nacionales que componen la Unión, que en multitud de ocasiones se saltan las directivas y acuerdos del mismo, y sea la sede de la voluntad popular de todos los europeos, esa unión, desde la óptica política, no se consolidará.

Fotografía: D. Mz).

Si tuviésemos que tomar un ejemplo que nos diera las directrices a seguir para crear esta unión, yo elegiría probablemente los Estados Unidos de América. Su creación, fue posible porque los pioneros que poco a poco fueron colonizando y ocupando territorios, tenían la idea y la ilusión de crear un estado pero con la intención de unirse al gran estado federal que se estaba formando y que acabaría por ser la gran nación que hoy conocemos. Esa ilusión, que estaba por encima de sus intereses particulares, no se ha dado jamás históricamente entre los pueblos que a lo largo de los tiempos han poblado el llamado Viejo Mundo. Y, en cambio, paradojas de la vida, los creadores de los Estados Unidos, fueron emigrantes en su inmensa mayoría de ese Viejo Mundo.

En situaciones propias, en donde la Unión Europea debía de haber hecho notar su liderazgo político, como la guerra de los Balcanes, tuvo que ser la OTAN, que es lo mismo que decir los Estados Unidos, la que llevara la iniciativa para tratar de resolver el conflicto. Un conflicto que era europeo. ¿Alguien puede imaginarse que, en un supuesto conflicto en los Estados Unidos, entre estados, para resolverlo tuviese que intervenir la OTAN? Es de todo punto inimaginable.

El liderazgo que quieren imponer países como Alemania o Francia, sólo lo hacen no por el bien común de la propia Unión, sino por llevar adelante sus proyectos que en realidad esconden sus grandes intereses nacionales. Particularmente, me resulta hasta curioso, oír el tópico de que Alemania es la locomotora que tira de la economía europea. Las locomotoras funcionan si se tiene energía con qué alimentarlas. ¿Tiraría Alemania de la economía europea si el resto de los países europeos no comprásemos sus Mercedes, sus BMW, sus Audi, su maquinaria pesada, etc., por ponerlos como ejemplos? Probablemente no. Quiero decir con esto, que siempre hay un interés mayor que debe estar por encima de los particulares si queremos que el proyecto de la Unión llegue a buen puerto.

Vivimos bajo el mismo cielo, pero ninguno tenemos el mismo horizonte

Konrad Adenauer
Konrad Adenauer leyendo en 1951 (Fotografía: Bundesarchiv, B 145 Bild-F000656-0038)

Para mí, y es mi opinión, la Unión Europea, se ha desviado de los principios que tenían los fundadores. Y sobre todo de lo que pensaba el que ha sido mi referente a lo largo de esta larga travesía de creación de la institución. Me refiero a uno de sus padres, el canciller alemán Konrad Adenauer (1876-1967). Este viejo estadista, que no político (hay una notable diferencia entre estadista y político que en otra ocasión podríamos comentar), curtido en la brega política de la república de Weimar, persona que vivió las dos guerras mundiales en las que vio como la mejor juventud europea desaparecía en medio de un caos que no favorecía a nadie, que fue durante catorce años el primer canciller de la República Federal Alemana, y artífice del inicio de su recuperación tras la Segunda Guerra Mundial pensaba que la mejor solución política para evitar, no sólo las dos guerras mundiales que él había vivido, sino las que en un futuro podrían sobrevenir, era la de crear lo que él llamaba los Estados Unidos de Europa. El creía que una Europa unida por medio de una Constitución, de un Parlamento, de un Gobierno supranacional, de una economía común, de una unión de valores e intereses por encima de los países componentes etc. era necesaria para cambiar la larga historia de desencuentros y de guerras casi continúas en este maltratado continente. Pienso que la esencia y los valores en los que creía este personaje histórico, no se han llevado a cabo por sus sucesores, y lo que él deseaba que fuese el proyecto que, junto con Robert Schuman y Jean Monnet, concibió, sólo ha quedado hoy, por el momento, en una unión de mercaderes y financieros. Hasta lo que él denominaba los Estados Unidos de Europa, se ha cambiado por la Comunidad Económica, en un principio, y después por la Unión Europea. Quizás para muchos el cambio no suponga nada, pero para los que somos observadores de la historia, los cambios suponen no sólo la sustitución de las palabras sino la de los valores que encierran.       

Que nadie tome este artículo, como un análisis de una persona versada en este tema, si acaso, el de alguien que durante su infancia, y más tarde en su juventud, se gestó el germen de lo que iba a ser un gran proyecto y que llegado a la madurez de su vida, contempla que ese proyecto está tan lejos de su culminación como cuando se inició.

Quizás llegue el día en que algunos políticos, con sentido de estado, decidan que el momento ha llegado y se finalice la obra que hace setenta años iniciaron otros políticos con una gran visión de futuro.

Para terminar y como homenaje al que fue el canciller Konrad Adenauer, dejo constancia de dos de sus muchas frases célebres, muy a propósito del tema que nos ocupa, que llenaron multitud de periódicos de la época como titulares: “Vivimos bajo el mismo cielo, pero ninguno tenemos el mismo horizonte” y ”La historia es la suma total de todas aquellas cosas que hubieran podido evitarse”.

       

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Joaquín Ñeco

Alférez de navío.

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