Trescientas... y pico

La UA tiene nombre de mujer

Amparo Navarro (Fuente: https://www.amparocandidataua.es/ y Universidad de Alicante).

Sucede a veces que la historia se revuelve contra sí misma. Amparo Navarro lo tenía muy difícil eso decían voces de dentro y voces de fuera hasta el mismo día de las elecciones– para ser elegida rectora de la Universidad de Alicante, y eso porque eran muchos –eso decían también algunas voces desde dentro y algunas desde fuera– los intereses que empujaban en otra dirección, las alianzas imposibles que se habían forjado frente a ella y a su equipo para que no alcanzase la meta que se había propuesto de ser no solo la primera candidata sino también la primera rectora de la UA. Pero sucedió lo que no tenía-que-suceder.

Y sucedió porque a veces la historia también se rebela contra sí misma. Sobre todo cuando se deja votar libremente a la gente. Un somero repaso a algunos de los titulares de prensa de las horas que siguieron a la elección de la nueva mandataria de la UA nos dan cuenta de que lo ocurrido estaba fuera de lo previsto, al menos lo previsto por los que más ruido hacían. Palabras como “sorpresa”, “derrota del establishmentaparecen en algunos de estos titulares para dar cuenta y tratar de analizar lo sucedido, junto al hecho, lógico y de relevancia informativa, de tratarse de “la primera mujer” que accede a este tan relevante cargo académico.

Fuente: https://www.amparocandidataua.es/.

Pero la historia, afortunadamente –eso lo dijimos antes– también hace giros inesperados y guiños sorprendentes que nos hacen pensar que no todo lo que está previamente escrito y es deseable, tiene finalmente que suceder. Esta, la elección de la primera rectora de la Universidad de Alicante, parece uno de esos capítulos donde el acontecer acaba revolviéndose contra el designio y, de alguna manera, es en sí mismo todo un símbolo y un mensaje de avance, modernidad y normalidad.

Quizás por eso mismo, imagina uno –lo que por otro lado no es difícil de imaginar– que van a ser muchos, ¡ojo!, también muchas, quienes van a esperar a la nueva rectora con los cuchillos entre los dientes para ajustarle las cuentas a nada que haya algo que ajustar. Imagina uno también –lo que tampoco tiene mérito– que el campo que Navarro y su equipo de gobierno se disponen a pisar va a estar en gran medida minado. En parte, porque los tiempos que vivimos no son nada fáciles para las universidades públicas, porque sus carencias de todo tipo son demasiadas y mucha su necesidad de romper endogamias y vicios adquiridos, y, en parte, porque algunos de quienes se van y se veían ya más dentro que fuera, no se lo van a poner fácil ni sencillo a poco que las cuestas y las curvas aparezcan en el horizonte. Y a buen seguro que aparecerán. Es simple cuestión de egos y de tiempo, aunque las palabras, las buenas palabras, tiendan a confundir el paisaje que nos rodea.

Y en ese terreno, el finísimo hilo que va del campo resbaladizo de las alabanzas de ahora a las duras y sibilinas críticas que están por venir, no es difícil imaginar que la guerra no va a llegar, al menos no solo, por el flanco del análisis de su mera gestión –buena, mala o regular–, como debiera suceder por otra parte en cualquier gestión sometida al escrutinio público, sino por tratarse precisamente de una mujer, la primera que dirige la más importante institución académica de Alicante. Ejemplos hay hoy en día, y muchos, en la política nacional, donde los adjetivos que se utilizan no son los mismos cuando se analiza la gestión de un ministro o de una ministra.

Fuente: Universidad de Alicante.

Y en este terreno, tampoco es difícil de imaginar que los filtros y las lupas que se pondrán para valorar su gestión van a ser de más grueso calibre que si hubiese sido un hombre –otro más, el séptimo en la línea de sucesión– el que se hubiese hecho con el poder. Si la gestión de sus seis antecesores en el cargo rectoral (todos hombres, cabe recordarlo) no ha sido la gestión de “los hombres”, solo cabe esperar que la gestión de la nueva rectora y de la primera mujer al frente de esta institución académica de Alicante, no vaya a ser juzgada como “la gestión de las mujeres”. Será difícil que eso ocurra, pero sería deseable que así sucediera, como lo hubiese sido que estas palabras y este artículo no se hubiesen nunca escrito ni publicado. Esto, guste más o guste menos, habría sido otro símbolo de una normalidad a la que aún le queda mucho recorrido por andar.

Y todo ello, no porque la catedrática de Derecho Financiero y Tributario Amparo Navarro y su equipo deban aspirar a la igualdad de trato –que también– sino porque ello sería simple y llanamente un símbolo de normalidad y de igualdad real y efectiva, esa misma anormalidad que la candidatura de esta mujer acaba de recomponer en el caleidoscopio de una institución que está llamada a ser la punta de lanza de un tiempo que –este, como su propia candidatura– tampoco va a ser fácil ni sencillo.

Las amenazas y los enemigos de la universidad pública, la única que, con todas sus carencias actuales, que son muchas, puede garantizar en parte los preceptos constitucionales de igualdad y equidad, el famoso ascensor social como ineludible herramienta de cohesión social, estarán muy posiblemente desde hoy lamiéndose las heridas de una derrota no prevista, pero a buen seguro velando armas para la batalla por venir. Solo habrá que esperar para descubrir lo encarnizado de la pelea y si esta se dirime en el campo de las ideas y los proyectos o va, incluso, más allá.

Fuente: Universidad de Alicante.
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Pepe López

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