Opinión

La respuesta de la naturaleza ante la actuación de la humanidad

Fotografía: Willfried Wende.

Hace ya un tiempo, se publicó en esta Hoja del Lunes un artículo mío con el título de “Una especie destructora llamada hombre”. En el texto se relataban las decisiones conscientes que se habían tomado degradando la naturaleza y los resultados tan nefastos que se derivaban de ellas que, con el tiempo, nos pasarán factura de no tomar las medidas pertinentes para que no vayan a más. En este artículo voy a referirme a algo que también agrede a la naturaleza pero que la mayoría de las personas quizás no son conscientes de que la están contaminando: La degradación de las aguas marinas litorales con las cremas, sprays y leches solares además de bronceadores, aceites, etc.

Hay estudios que han demostrado que esos productos químicos contienen elementos que, al disolverse en el agua, afectan al ámbito marino de nuestros litorales. Las algas, las posidonias, los arrecifes coralinos, las huevas y crías de peces, crustáceos y otras especies marinas, cuando se contaminan por estos productos químicos, desaparecen del entorno en donde vivían.

Posidonia en Tabarca (Fuente: https://nuevatabarca.wordpress.com/).

En el año 2013 se hizo un estudio de varias playas mallorquinas que dio como resultado final una contaminación elevada por diferentes sustancias químicas con las consecuencias que afectaron al ecosistema marino de sus aguas costeras.

Para que los lectores de este artículo se puedan hacer una idea de los niveles de contaminación que pueden alcanzar las aguas costeras, un investigador francés, el doctor Labille, en un estudio que realizó en una playa en donde acudían no más de 3.000 personas durante los días de pleno verano, se acumularon 2,2 toneladas de cremas y residuos químicos de productos solares, de los que 54 kilogramos eran de dióxido de titanio. Es uno de los componentes de estos productos que se utiliza para evitar que los rayos ultravioletas del sol penetren en nuestra piel y produzcan las clásicas ampollas cuando no tenemos protectores solares. Este dióxido se disuelve en el agua en nanopartículas que la contaminan y son tóxicas para la fauna marina. Al mismo tiempo, las nanopartículas absorben los rayos solares causando en los corales su muerte además de otras consecuencias derivadas del cambio climático que también producen la desaparición de estos celentéreos. Esta es una de las razones por la que muchas especies coralinas de la Gran Barrera australiana o los de las costas del Caribe han desaparecido.

El Mediterráneo alicantino de mi niñez

Yo recuerdo con nostalgia cómo era nuestra playa del Postiguet en mi infancia cuando tenía de seis a catorce años y cómo está actualmente en relación con lo que he dejado escrito. En estos años transcurridos han desaparecido especies de fauna marina que a finales de los cuarenta y cincuenta del pasado siglo existían. Por ejemplo, unos cangrejos blancos que se enterraban en las arenas de nuestras playas y recuerdo que los hacía salir con un trozo de la mortadela, atada a un hilo, que mi madre me ponía en el bocadillo de la merienda cuando en verano me llevaba a bañarme. O los peces de diferentes especies que se alimentaban de las algas y crustáceos en el trozo de escollera que daba al Postiguet. O los cangrejos que, encima de las rocas de ese trozo de escollera nos miraban desafiantes y cuando nos acercábamos a cogerlos se escondían velozmente en sus guaridas. En el desaparecido Cocó, en aquellos cantos rodados que entraban en la mar, cuando bajaba la marea, aparecían los miles de bígaros que estaban adheridos a ellos. Recuerdo también que en uno de los dos últimos balnearios que quedaron en pie tras el bombardeo que sufrieron en la guerra civil, la Alhambra, en el bar-restaurante situado en el extremo que penetraba en la mar había un camarero que tenía siempre una caña de pescar “calada”, de las que los aficionados a este deporte conocemos con el nombre de “valenciana”, con la que era raro que algún día no cogiera una dorada o una lubina también conocida en nuestra comunidad territorial como “llobarro”. Todas estas especies han desaparecido en este entorno marino y cuando me doy un paseo por la parte trasera del hotel Meliá no he vuelto a verlas.

Balnearios antiguos de la playa del Postiguet de Alicante
Balnearios antiguos de la playa del Postiguet de Alicante (Fuente: Archivo Municipal de Alicante).

Con la misma nostalgia recuerdo las veces que acompañaba a mi madre al Mercado Central y subíamos para ver el pescado al piso superior, en donde hoy están los puestos de carnes y embutidos porque el bajo lo ocupaban los bomberos con sus camiones y útiles para apagar los fuegos. En aquella época era raro el día en que no entraban para su venta, cajas enteras de sardinas en todos los puestos. Hoy en día, sigo dándome un paseo casi a diario por la zona de venta del pescado y es raro ver sardinas en alguno de los puestos. Puede que algún día haya podido ver un pequeño rancho de no más de unos pocos Kilos, alrededor de cinco como mucho. Por supuesto que cajas ya no he visto jamás.  Esto es un síntoma de la degradación del entorno marino porque la sardina se alimenta de los microorganismos del plancton de la superficie del agua y si está contaminada, es una de las consecuencias por la que esta especie haya casi desaparecido en nuestras costas. Si la sardina desaparece, la cadena se rompe y por ejemplo los túnidos también están disminuyendo.

Fotografía: Lorri Lang.

El Mediterráneo, hoy

Hay un mar en Europa que por ser también muy cerrado, sus aguas apenas se pueden renovar, el Báltico, y las consecuencias con la contaminación han sido que la pesca ha desaparecido. De manera que debemos de tomarlo como ejemplo y cuanto antes lo hagamos será mejor para evitar que el Mediterráneo se parezca al Báltico.   

Nuestro Mar Mediterráneo tenemos que cuidarlo porque de no hacerlo no pasaran muchos años sin que se convierta en un mar muerto. Los antiguos romanos llamaban a nuestro mar el “ánfora” por su parecido a este cántaro. Es un espacio grande que lo llena de agua la proveniente del Atlántico a través de un cuello, el Estrecho de Gibraltar. Para que las aguas del Mediterráneo se renueven con las que entran por el estrecho de Gibraltar con corrientes y mareas se tarda más de un siglo en cambiar las contaminadas por otras nuevas y limpias       

Fotografía: Joel S. Saucedo,

Hay otras causas como las construcciones de viviendas cercanas a los litorales; los plásticos que se arrojan al mar; las contaminaciones de los residuos tóxicos que descarga en este medio el tráfico marino; las descargas de aguas residuales sin depurar con los emisores; la utilización de los sensores acústicos de los barcos de guerra, etc., que serán la causa de la contaminación marina y puede que con el tiempo, sean también la causa de la desaparición de especies de la diversa fauna marina si no tomamos las medidas convenientes para evitarlas. Sería una paradoja que el medio marino que fue el origen y el principio de la vida en nuestro planeta de donde también los humanos provenimos, fuésemos los causantes de su desaparición.

Así que tengamos mucho cuidado con la utilización de los productos solares, porque lucir una piel bronceada para que nuestras amistades o familiares cuando nos vean de regreso de nuestras vacaciones nos digan: “Que bonito color”,no merece la pena ante las consecuencias que se pueden derivar en el medio marino por su utilización desmesurada.

Mar Mediterráneo (Fuente: Google Earth).
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Joaquín Ñeco

Alférez de navío.

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