Al paso

La presidenta de las Cortes y la libertad de expresión de los diputados

La presidenta del Congreso de los Diputados, Meritxell Batet, durante el Pleno del 1/10/2020 (Fuente: Sala de prensa de Congreso de los Diputados).

Meritxell Batet debería interpretar el Reglamento del Congreso contra los que mienten

Toda mentira es un insulto, un insulto a la inteligencia. Lo que pasa es que a la gente que miente, sobre todo si miente siempre o cuando le viene en gana, lo de la inteligencia le tiene sin cuidado y más si sus mentiras no solo le gustan a él o a ella sino a quienes les votan. Los políticos, en general, tienen fama de mentir más que hablan y algunos hablan hasta por los codos. No importa que ni ellos mismos se crean lo que dicen, como les pasa a Pedro Sánchez y a Iglesias. Lo importante no es lo que ellos crean sino lo que se crean los votantes. Y en eso tienen todas las de ganar. Han mentido y mienten incesantemente, pero les va bien. De tanto reiterar falsedades llegan a la convicción de que son verdades, verdades como puños y rosas. El puño y la rosa de Felipe González y Alfonso Guerra y de tantos otros socialdemócratas que viven sus últimos años aterrorizados por el puño sin rosa de los sanchistas desmadrados que se dejan arrullar en los brazos de podemitas comunistas y por independentistas y herederos de etarras asesinos a los que no cesan de blanquear.

Lo más insultante de los mentirosos se produce cuando lanzan la consigna de que defender la mentira es defender la libertad de expresión; cuando insultan o toleran los insultos de correligionarios o cogobernantes y otros aliados de conveniencia contra las instituciones del Estado. ¿En qué cabeza cabe que la presidenta de las Cortes recurra a la libertad de expresión para no retirar la palabra a quienes mienten e insultan al Rey en un ágora que tiene carácter de templo supremo de la palabra de una nación culta, con una gran historia a sus espaldas?

Meritxell Batet tiene mi más sincero respeto como presidenta de las Cortes, la tercera dignidad del Estado. Y porque la respeto al máximo le exijo que responda a la consideración de todos los españoles con una defensa inequívoca del honor de un hemiciclo que ha vivido momentos tristes y dolorosos, por antidemocráticos, tanto en períodos monárquicos como republicanos. Los atentados contra la democracia no deberían tener lugar en sitio tan civilmente sagrado.

Batet no puede (no debe) permitir que Rufián y otras y otros rufianes se sirvan de su escaño para insultar. La presidenta no está solo para pedir silencio y respeto al orador durante su turno de intervención, sino para, cuando proceda, “llamarle a la cuestión o al orden, para retirarle la palabra…” (artículo 70), porque “los diputados están obligados a adecuar su conducta al Reglamento y a respetar el orden, la cortesía y la disciplina parlamentarias” (art. 16). “Corresponde al presidente cumplir y hacer cumplir el Reglamento, interpretándolo en caso de duda y supliéndolo en los de omisión” (art. 32).

¿Cree Batet que había orden, cortesía y disciplina en el ataque al Rey de este estrafalario Rufián, que no cesa de atacar a la monarquía y otras instituciones del Estado? No solo hubo aquiescencia de la presidenta Batet sino un inadecuado e inadmisible recurso a la defensa de la libertad de expresión. Señora presidenta: no siga defendiendo así la libertad de expresión porque es el mejor apoyo que puede dar a los enemigos de la democracia. Rufián mintió en sede parlamentaria y usted lo sabía. Mentir no es ejercer el derecho a la libertad de expresión sino ofensa a la inteligencia de todos los españoles, supongo que también a la suya. Comulgue usted si quiere con las ideas de Rufián, pero no comulgue con la mentira. Ame usted a Rufián si lo desea (Jesucristo dijo que hay que amar incluso a los enemigos), pero no ame la mentira; no se haga cómplice de la mentira y menos en sede parlamentaria. Deje en paz a la libertad de expresión y aplique e interprete el Reglamento del Congreso de los Diputados para que no lo mancillen los malvados rufianes descarriados. Rece usted por ellos como hago yo. España, esa que quieren destrozar (que están destrozando) sus paisanos independentistas catalanes, se lo agradecerá. Y la bendecirán generaciones tras generaciones.

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Ramón Gómez Carrión

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