Poesía

La poesía se viste de mujer

Fuente: Youtube.

Este año las musas de la poesía soplan en los oídos femeninos para insuflar su inspiración a las poetisas Louise Glück, Premio Nobel, y Anne Carson, Premio Princesa de Asturias de las Letras.

El hecho de que estos dos importantísimos premios se hayan concedido a dos mujeres poetisas es una gran sorpresa. Cada una de ellas transmite desde su particular visión y su voz personalísima el potencial de su alma. Louise Glück, la poetisa de la contemplación y la espiritualidad, y Anne Carson, la poetisa paradójicamente clásica y contemporánea con poemas de difícil clasificación.

Anne Carson premio Princesa de Asturias de las Letras 2020

Anne Carson premio Princesa de Asturias, profesora de literatura clásica y comparada de la Universidad de Michigan, es a juicio de la crítica una de las voces más exquisitas y eruditas de la literatura contemporánea, que ha sabido permanecer fiel a su credo poético:

“Si no eres la persona libre que quieres ser,
busca un lugar donde puedas contar la verdad sobre ella”

Esta poetisa representa en algunos de sus poemas una visión muy personal del mundo grecolatino, que desliga de sus parámetros clásicos para refundirlo en contenidos actuales. Los temas inmortales del mundo clásico se redefinen desde su perspectiva innovadora en un retorno de hijo pródigo, que vuelve sobre sus viejas huellas, pero adaptándose a los temas actuales.

La presencia renovada de las humanidades y las esencias tradicionales aparecen en su obra tratadas con una visión inusual y única, que la hace acuñar su propio estilo, sumergiendo su pluma en un tintero en el que la historia y la ficción se amalgaman, para que resplandezca una voz actual muy personal, y acorde con el presente.

Ensayo sobre las cosas en las que más pienso

En el error.
Y en sus emociones.
Estar a punto del error es una condición del miedo.
Estar en medio del error es estar en un estado de locura y de derrota.
Darte cuenta de que has cometido un error produce vergüenza y remordimiento.
¿O sí?

En su primer libro Eros: poética del deseo, la autora presenta una visión sublime sobre la naturaleza del amor romántico y del erotismo, entendido como imposibilidad de alcanzar lo que se desea, tomando la palabra eros en su sentido etimológico griego de carencia. Subrayando el carácter contradictorio del deseo y así se pregunta: “Por qué deseamos lo que nos huye y dejamos de desearlo al alcanzarlo”.

Su obra poética es también un reflejo de su vida personal para intentar dar un nuevo significado a su existencia, lo que resulta una obra brillante que se presenta como una voz rota por la pasión, abriéndose paso a través de su escritura para alcanzar las más altas cotas de emoción. En sus páginas aparecen mitos clásicos como Hércules, Gerión y Casandra cuando cita algunos poetas vienen a su mente Safo, Platón, Homero y Thomas Hardy.

En 2001 publicó uno de sus libros más conocidos La belleza del marido con el que consiguió el premio T. S. Eliot de poesía concedido por primera vez a una mujer.

  La belleza del marido

Una esposa está bajo las garras del ser.
Fácil es decir ¿Por qué no terminar con esto?
Pero supongamos que tu marido y cierta mujer oscura
suelen quedar en un bar por la tarde.
El amor no es condicional.
Vivir es muy condicional.
La mujer se instala en una terraza cerrada al otro lado de la calle.
Observa a la mujer oscura
que con la mano le toca la sien como si le estuviera metiendo algo.
Observa cómo

él se inclina un poco hacia la mujer y luego se vuelven atrás. Están serios.
Su seriedad la atormenta.

Publicando en años sucesivos, Hombres en sus horas libres, Autobiografía de rojo, Decreación, Nox, Antigonick, Red Doc y Float.

La autora en sus poemas se muestra rotunda y adherida a esa realidad en la que se recrea. Pero sin implicarse afectivamente, lo que la salva de divagaciones excesivas, porque, ante todo, es así como ella siente el mundo que la rodea. Como una ceremonia expiatoria en la que hay que seguir combatiendo mientras exista la vida. Es por ello, que siempre estará atenta para recoger ese polvo de oro viejo, que en ocasiones brota a la altura del suelo.

Ella misma nos manifiesta su pensamiento lúcido, para demostrar que sigue siendo un testigo atento e impasible: «Mi actitud es que, por muy dura que sea la vida, lo que importa es hacer algo interesante con ella. Y esto tiene mucho que ver con el mundo físico, con mirar las cosas, la nieve y la luz y el olor de la puerta y todo aquello que constituye a cada instante tu existencia fenoménica. Qué gran consuelo…

 Hombres en sus horas libres

Quería huir contigo esta noche
pero eres una mujer difícil
las normas que hay en ti…
Pasado y futuro giran a nuestro alrededor
ahora sabemos más ahora menos
en el instituto de las sombras.
En una calle negra como viudas
con nada que confesar
nuestras distancias nos hallaron.
Las normas que hay en ti…
mujer tan difícil
quería huir contigo esta noche

Es en sus poemas encontramos una escritora que busca la belleza como un cañaveral de palabras, que se descargan como acordes en el aire. Esta es su manera de escapar de los tópicos y optar por un lenguaje personal e innovador, que la hacen distinguirse de las formas poéticas más estereotipadas, para alcanzar una forma única y poco convencional, que la hace erigirse en mito.

Decreación

Vive sola en un brezal al norte.
Ella vive sola.
La primavera se abre como una cuchilla allí.

Yo viajo en trenes todo el día y llevo muchos libros

–unos para mi madre, algunos para mí–
que incluyen Las obras completas de Emily Brontë.
Es mi autora favorita.

También mi principal temor, al que trato de enfrentarme.
Cada vez que visito a mi madre
siento que me convierto en Emily Brontë,
mi vida solitaria a mi alrededor como un páramo,
mi torpe cuerpo recortándose sobre los barrizales con una apariencia de transformación
que muere cuando atravieso la puerta de la cocina.

¿Qué cuerpo es ese, Emily, que nosotras necesitamos?

Esta poeta que se ha sentido vivir hasta el delirio, creando una poesía difícil de clasificar, ha sabido llevar su mirada más allá de esa película vidriosa, que parece envolver la realidad, para liberarla de las sombras, dándole una gran belleza visual.

Pueblo de Judas

Ni una hora tardía ni hileras sin luz.
Ni olivos ni cerraduras ni corazón.
Ni luna ni bosque oscuro
Ni un pedazo ni yo.

Pueblo de la exhumación

Los dedos de la anciana madre bajan a través de la oscuridad.
Para arrancarme mi pequeña y seca alma mi.
Pequeña y blanca sonrisa que encuentra.
En el fondo.

Carson, que a lo largo de su vida ha concedido pocas entrevistas, ha definido la poesía “como algo que busco a tientas en la oscuridad”. Es por esto, por lo que sigue mirando lo que se dibuja en las sombras, con la esperanza de ver las cosas aparecer en el aire mientras habla, y así, se repite hasta el infinito en sus ansias de asir lo eterno.

Yo

Oigo pequeños chasquidos dentro de mi sueño.
La noche gotea su taconeo de plata
espalda abajo.


A las cuatro. Me despierto. Pensando
en el hombre que
se marchó en septiembre.
Se llamaba Law.

Mi rostro en el espejo del baño
tiene manchas blancas en la parte baja.
Me enjuago la cara y vuelvo a la cama.
Mañana voy a ver a mi madre.

La poetisa canadiense ha sabido absorber esas gotas que destila la vida, antes de que se disuelvan en la nada, para ir a la caza de las emociones y de los sentimientos puros, aunque ella misma reconoce que no tiene agudeza sentimental. Pero en sus versos aparecen estrellas y pedazos de eternidad, como una epifanía de epitafios, ensayos y poemas de amor.

Así, en uno de sus poemas se pregunta:

Cómo sería vivir en una biblioteca de libros derretidos,
con frases corriendo sobre el suelo,
y toda la puntuación
asentada en el fondo como residuo:
Sería confuso.
Imperdonable.
Una gran aventura.

La escritora se define en sus horas más lúcidas, como un ser independiente. Navegando en ríos metafísicos y variopintos donde trata de asociar las imágenes más contradictorias y paradójicas.

De este modo se nos descubre en su nueva silueta recortada contra la luz, como la autora que ha sabido encender el fuego para iluminar una nueva Arcadia y convertirse en una voz personalísima con su poética innovadora.

Anne Carson, galardonada con el Premio Princesa de Asturias, siguiendo el fino estilo que emana de su personalidad, ha expresado su gratitud en su discurso de agradecimiento en el que ha subrayado “que la gracia va y viene entre el creador de una obra de arte y su audiencia, como entre el que da y el que recibe un regalo. Ninguno podría existir sin el otro”.


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María Pilar Galán García

Profesora de literatura y crítica literaria.

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