Trescientas... y pico

La pandemia del teletrabajo

(Imagen: Pixabay).

Teletrabajar es verbo de moda. Y de fácil declinación. Yo teletrabajo, tú teletrabajas, él teletrabaja… y ellos hacen caja. Ya sabíamos por la fuerza de los hechos que el teletrabajo es el futuro, si es que hay futuro, claro. Lo que empezamos a saber también es que esta nueva vuelta de tuerca a la organización del mundo del trabajo se ha convertido en otra gran oportunidad… para los de siempre, para esas aves de rapiña que acostumbran a pescar y picotear en las aguas revueltas de las desgracias ajenas. Y nada como una pandemia para experimentar. Eso también empezamos a saberlo. Y a padecerlo.

El paisaje que se avizora para cuando este nuevo mundo laboral haya revuelto casi sin darnos cuenta nuestras vidas, podría ser más o menos como sigue. Las oficinas bancarias casi habrán desaparecido y sus empleados dejarán de tener cara porque habrán aprovechado la ocasión para cerrar la oficina que estaba cerca de tu casa, en el supuesto caso de que aún fueras de los elegidos, pues antes ya cerraron la de los pueblos pequeños y aldeas; los médicos, que ya no daban abasto, han descubierto (no ellos, sus jefes) lo mucho que se ahorra en gasto si no le ves la cara al paciente, de modo que ya hasta hay seguros de salud con tratamientos solo online.

Hablar con una operadora, física, de las de verdad, u operador, tanto monta, de las anteriores a que el gran palabro de la IA (Inteligencia Artificial) gobernara nuestras vidas, de una gran compañía cualesquiera, de telecomunicaciones, de servicios básicos, de esas de toda la vida, se ha convertido en casi un imposible, un tormentoso deambular por un laberinto de robots que emiten gruñidos digitales y solo atienden al mundo de lo binario, si-eres-hombre-pulse-la-tecla-1, si-eres-mujer-la-2…  y así hasta el infinito.

Y ya la cuestión puede adquirir tintes épicos si lo que pretendes es pedir explicaciones, presentar una queja, reclamar un derecho que crees te asiste a una de esas compañías o a uno de esos bancos que ya no existen. Entonces es mejor que te rindas desde el principio y  declares tu inutilidad. Es lo que tiene la pandemia. Que algunos –y no son pocos– aprovechan la ocasión para ensanchar la parte del embudo por donde entran los beneficios y estrechar la parte de la atención a los clientes, a los ciudadanos, a la gente a la que deben su existencia y sin los que no serían nada, esa misma gente que no tiene embudos de los que tirar.

Pero tú, bien pensado y confiado ciudadano que eres, crees que menos mal y afortunadamente que todo este tsunami del teletrabajo y sus dolorosas consecuencias, esté sucediendo con un gobierno de izquierdas. Y por ahí seguro que la cosa, aunque sea poco a poco, va a ir mejorando. Porque este –solo bastaría recordar los viejos eslóganes– es un gobierno que piensa en toda esa gente que no acaba de encajar bien en el futuro (¡el presente es tan asfixiante!), aquellos del (¿recuerdan también?) primero las personas, y que a buen seguro estarán ya legislando para combatir todas esas inconveniencias, para meter en cintura a todas esas compañías que solo ven en ti alimento para su máquina registradora en la cuenta de resultados.

Pero, podría ser que no. Que por ahí tampoco vaya el futuro. Podría suceder –y vaya si sucede, solo es ponerse– que este gobierno de izquierdas haya descubierto también las grandes ventajas del maldito teletrabajo. Solo hay que echarle una ojeada al listado de la infamia de los cientos de miles de expedientes sin resolver del Ingreso Mínimo Vital, de los ERTE que se eternizan hasta acabar convertidos en estatuas de sal escondidas en los gigabytes de unos ministerios sin memoria social.

Y eso, claro, por no hablar si usted tiene que pedir una cita, una simple cita telefónica (las presenciales son artículos de lujo para coleccionistas de la buena suerte) con la Seguridad Social. Entonces tenga por seguro que lo más probable es que le aparezca en bucle y como una pesadilla un extraño y amenazante letrero en letra roja en la pantalla del ordenador del tipo: “Lo sentimos, no existe cita disponible para los próximos días para el servicio solicitado. Si lo desea puede intentar de nuevo su búsqueda volviendo a la pantalla anterior y eligiendo otra ubicación”.

Hay muchos problemas para conseguir pedir una cita. (Imagen: Pepe López).

Y es que a lo que parece, ellos, el gobierno de izquierdas, se ha sumado con entusiasmo a las ventajas del teletrabajo. Como sucediera antes con las compañías, los bancos…, este Gobierno ha visto pronto que en el mundo del futuro nada impide que haya gobierno sin gobernados que den la vara. Es, claramente, la otra gran pandemia de cuyos efectos secundarios nadie nos había hablado y que ni siquiera venían en la letra pequeña de lo que nos vendieron estos magos de pócimas imposibles de crecepelo.

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Pepe López

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