Opinión

La madre de Estulin

Fotografía: Patricia G. del Río.

Debieron ser varias las horas que la mujer pasó dormida a merced de su fantasía. En esta dimensión, la señora García era la madre del analista de inteligencia ruso Daniel Estulin, a quien no pocas veces había tenido que castigar sin postre por andarse con no sé qué teorías de la conspiración. 

-Pero hijo, ¿a ti que te ha hecho el capitalismo?… ¿No ves que al menos nos permitió salir del territorio feudal en el que se había convertido esta casa?…

Daniel tenía la manía de jugar en su habitación con las legumbres. Les pintaba ojos y boca en diferentes expresiones, algo así como “emojis” de pueblo. La señora García le observaba desde el marco de la puerta de su habitación meneando la cabeza y preguntándose en qué momento se le fue la mano en la lista de lecturas recomendadas para este niño. O quizá fue aquel verano del 90, cuando le envió a un campamento de scouts al mando de los Escolapios. La mujer recuerda cómo los religiosos se disculparon una y otra vez ante los padres justificando los continuos cortes de luz que sufrieron aquel verano. ¡Pobres! ¿Lo ves?… La culpa es de las eléctricas.

Para colmo, Daniel tenía la puñetera manía de sacar la lengua a la vez que pintaba, como para pintar las caritas con más precisión. Y eso, ah… eso le sacaba especialmente de quicio a la madre, quien en la última semana había borrado del calendario de menú semanal el cocido madrileño porque ¡fijo! Daniel iba a echar mano de parte del plato para jugar a las potencias mundiales.

Ya teníamos al garbanzo Putin, al garbanzo Trump y a Xi Jinping le tocaba ser alubia. Fue todo un lío decidir cuántos centímetros de separación entre “garbanzo-garbanzo-alubia” eran necesarios para guardar la distancia de seguridad. ¡No fuera a ser el caso de que una de estas importantísimas legumbres se infectara de virus (coronavirus) y a ver qué hacían! Seguramente dar entrada a las empresas del Ibex y sus todopoderosos señores feudales representados para el caso por el rollo de papel higiénico y una tarjeta de crédito caducada.

Ya teníamos el esquema de los agentes que mueven los hilos de las relaciones internacionales en la alfombra del salón. La señora García sacó su robot aspirador y en medio minuto se había producido la quiebra del sistema por aspiración. Finiquitado el problema y alfombra lista para el siguiente orden mundial de cosas.

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Patricia G. del Rio

Periodista licenciada por la Universidad Complutense de Madrid. Vallisoletana de nacimiento y afincada en Alicante. Editora de contenidos en un proyecto personal (www.racionalinvestments.com) y colaboradora de medios como la revista Turismo Castilla y León. Emprendedora, soñadora y creativa.

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