Impulso irresistible

La libertad no debe ser vendida por ningún dinero

Fuente: Museo Casa Natal de Cervantes.

Las novelas del siglo de oro español tienen como referente especial al escritor inteligente, aventurero, militar y viajero que marcó la pauta para que llegaran otros escritores y artistas y otros siglos que dieron gran impulso al idioma español para toda la vida y por todo el mundo. Miguel de Cervantes cuenta historias, se embarca en devaneos y aventuras; en amoríos y en episodios aderezados de credibilidad y de ingenio, que sabe repartir a lo largo de sus muchas novelas y poesías que aún hoy son dignas de ser leídas por personas que han podido estar al punto de ser devoradas por un mal bicho que se ha escampado por todos los vientos, alturas y bajuras de este planeta, que está resultando ser más débil de lo que parecía. Nos vamos a acordar del coronavirus toda nuestra vida y toda nuestra muerte que esperamos no nos venga por sus maldades que ahora están haciendo estragos. En los entreactos, nosotros nos estamos empapando de lecturas atrasadas (que haberlas, haylas por un tubo), que en estas fechas –como en otros años– hemos querido hacerlas coincidir con el aniversario de la muerte de nuestro gran escritor (en Madrid, el día 22 de abril de 1616). Esta vez hemos podido con “Los trabajos de Persiles y Sigismunda”, que fueron los nombres de los artistas principales de esta historia que se recorre Europa de arriba abajo, personajes que antes de casarse en Roma se llamaban Periandro y Auristela (en mi pueblo creo que existió una señora con el nombre de buen tono de Oristela).

Mientras viajaban por la ancha extensión francesa hay una reflexión meramente cultural que Cervantes no se la cede a ninguno de los personajes. Es él mismo; así que silencio, lector, habla El manco de Lepanto : “La historia, la poesía y la pintura simbolizan entre sí, y se parecen tanto que cuando escribes historia, pintas, y cuando pintas, compones”. (Parece que esté copiando a Horacio). No siempre va en un mismo peso la historia, ni la pintura pinta cosas grandes y magníficas, ni la poesía conversa siempre por los cielos. Bajezas admite la historia; la pintura, con hierbas y retamas en sus cuadros; y la poesía tal vez se realza cantando cosas humildes”. Luego citaron lo que mencionó Bartolomé, el bagajero –conductor de la mula que lleva el equipaje- que fue invitado a hablar diciendo: “La libertad, según he oído decir, no debe de ser vendida por ningún dinero, y este la vendió por tan poco que lo llevaba la mujer en la mano”. El jefe de la expedición escuchaba estas lamentaciones poéticas y pensaba si no habría que volver la justicia en misericordia y la culpa en gracia; como si estuviéramos en tiempo de romería, que cuando aquí se hace combina a penitentes con danzantes.

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Demetrio Mallebrera

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