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La Iglesia, Sánchez e Iglesias: la religión no es para las derechas

Fotografía: Free Photos.

Dicen algunos que este Papa es de izquierdas y que, como buen jesuita latinoamericano, está contagiado por la teología de la liberación, una corriente dentro de la Iglesia que no ha conseguido sobrevivir porque llevaba en su seno, a veces sin saberlo, el coronavirus del comunismo disfrazado de defensa de los pobres, epidemia que no consiguió acabar con la pobreza sino que la incrementó después de inocular, eso sí, el odio de algunos pobres hacia las clases más acomodadas e incluso las medias. No es la primera vez que el comunismo se disfraza de cordero para adentrarse en comunidades cristianas y, desde dentro, resquebrajar lo que en principio se suponía una lucha de los mejores seguidores de Jesucristo para luego imponer su dictadura, entre cuyos objetivos fundamentales está acabar con la Iglesia y con la libertad de los hijos de Dios, incluso llegando al asesinato. Es lo que ocurrió en España en el trienio del Frente Popular (1936-1939) cuando fueron asesinados más de siete mil religiosos entre sacerdotes, frailes y monjas, a lo que hay que añadir la quema de conventos y de iglesias desde 1931, recién establecida la II República.

No fueron las derechas las que se cargaron la II República, sino los socialistas y comunistas, sobre todo éstos junto con los anarquistas. Así lo confiesan políticos y escritores, tanto españoles como extranjeros muchos de ellos combatientes de las Brigadas Internacionales, cuyos testimonios recoge el libro “Por qué perdimos la guerra”, de Carlos Rojas, prestigioso catedrático universitario y laureado escritor de izquierdas.

Los comunistas, apoyados primero por la Unión Soviética y luego abandonados a su suerte, se hicieron prácticamente con todo el poder sin que el presidente de la nación, Azaña, y el presidente del Gobierno desde 1937 hasta el final de la Guerra Civil, el socialista Juan Negrín, llegaran a controlar ni al Ejército republicano ni a las milicias comunistas. La debacle fue obra de una izquierda extremista que no supo (o no quiso, más bien) integrar a todos los españoles y se empeñó en que España no fuera católica, como si la religión fuera cosa de las derechas.

Socialistas y comunistas vuelven ahora a la carga confundiendo de nuevo su falso progresismo con el ataque a la Iglesia Católica en varios frentes y no solo en el de la Educación. Aunque es impensable la vuelta al Frente Popular de 1936, no deja de ser preocupante la deriva antirreligiosa del PSOE arrastrado por las veleidades suicidas de su socio comunista Unidas Podemos. Atacan la enseñanza concertada y apoyan la enseñanza independentista incesante en Cataluña. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Parece mentira que tanto Sánchez como Iglesias ignoren (o acaso olviden, si es que alguna vez lo supieron) que varias organizaciones cristianas y algunos dirigentes eclesiásticos fueron beligerantes en el tardofranquismo (y aún antes), y apoyaron los movimientos que hicieron posible la transición. Además de grupos cristianos de élite hubo un movimiento de curas obreros y de comunidades cristianas de base que, junto a destacados militantes de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), facilitaron el éxito de la transición.

Poca altura como dirigentes políticos demuestran los líderes de PSOE y Podemos dedicando tanto tiempo y esfuerzos a perseguir a la Iglesia Católica en lugar de dialogar con ella al menos tanto como lo hacen con los independentistas catalanes. La Iglesia no quiere acabar con España, pero los independentistas lo están pregonando todos los días. Ya sé que pedir sensatez a los ‘iluminados’ Sánchez e Iglesias, es mucho pedir. Pero creo que España se merece que hagan un esfuerzo extra para no cometer los errores del pasado. ¿Tan difícil es entender que la religión católica no es de derechas ni de izquierdas?

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Ramón Gómez Carrión

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