Al paso

La ideología de género, el orgullo y la desmesura

Imagen: Gerd Altmann (Fuente: Pixabay).

Alguien ha dicho por ahí que no todo iba a ser negativo en torno a la pandemia del coronavirus. No pudo cargarse las manifestaciones electoralistas del 8-M pero sí nos ha librado, por una vez y sin que sirva de precedente, de los desfiles carnavalescos del Orgullo Gay, que volverán el año próximo con renovado ímpetu.

El 28 de junio de 1969 se produjeron los disturbios de Stonewal con motivo de una redada policial en la discoteca de ese nombre ubicada en el barrio neoyorquino de Greenwich Village, refugio de gays, lesbianas, trans y bisexuales. La trifulca nocturna fue histórica y de ella se hicieron eco los principales rotativos contribuyendo a empujar un movimiento contra la homofobia y que desencadenó la convocatoria, el 28 de junio de 1970, de las primeras manifestaciones masivas del Orgullo Gay en Nueva York y San Francisco, concentraciones y desfiles que se fueron extendiendo a otras grandes urbes del mundo, en España sobre todo a Madrid y Barcelona.

La movilización en defensa de la igualdad del colectivo LGTBI ha roto todas las fronteras, menos algunas de países controlados por el Islamismo, contra los que casi nunca hay denuncias, manifestaciones o concentraciones de los ideólogos de género, de las y los feministas radicales o de los colectivos de homosexuales. Los organizadores de la Semana del Orgullo Gay han dicho que ahora más que nunca es preciso magnificar las celebraciones en defensa de los derechos de los LGTBI. Pero no explican porqué ni qué les falta por conseguir.

¿Es que no hay manera de acabar con la discriminación de los homosexuales en este país? ¿Es que Zapatero antes y Sánchez, Iglesias-Montero y demás ministros y ministras no van a legislar de una vez para que se acabe con tamaña injusticia?

Zapatero fue el nefasto gobernante que más daño hizo al tejido social con leyes manipuladoras relacionadas con la ideología de género, además de con sus propuestas de diálogo con los independentistas y con su nefasto compromiso sobre el nuevo Estatuto para Cataluña prometiendo respetar lo que dictaminase el Parlamento de la Generalitat dominado por los descerebrados antiespañolistas, algunos claramente racistas.

Zapatero (complaciente e ineficaz mediador del nefasto presidente venezolano Maduro) es uno de los personajes siniestros de los más de cuarenta años de democracia que llevamos viviendo los españoles. Fueron tremendos sus errores legislativos enmarcados en lo que se denomina ideología de género, muy dañina en los ámbitos de la identidad personal, la familia y la educación. Y sus herederos Sánchez e Iglesias persisten en los errores y parecen empeñados en proseguir destruyendo los valores tradicionales a cambio de un relativismo suicida que no ilusiona a los jóvenes y que producirá alienación nihilista en las nuevas generaciones.

Se les llena la boca de libertad, pero lo que programan y legislan es relativismo feminista alienante e hipersexualismo macabro desde la misma escuela. Usan un lenguaje mendaz y castrante para hacer esclavos en nombre de la libertad. Son incapaces de hacer leyes justas que ilusionen a todos los españoles. Reclaman unidad a todos los que no piensan como ellos, pero lo que buscan es sometimiento. Nos quieren como borregos, lo que no estaría mal si fueran buenos pastores. Pero son lobos disfrazados de corderos. Eso es lo que hay tras su ideología de género, su feminismo homófobo y un orgullo gay ridiculizado por la desmesura. Otro feminismo y otro orgullo gay son posibles y necesarios, el respeto de los demás tiene mucho que ver con el respeto a los demás. Y también con el respeto a uno mismo. El Papa Francisco decía a un famoso comediante británico gay y ateo: “Dar más importancia al adjetivo ‘gay’ que al sustantivo ‘hombre’ no es bueno… Todos somos seres humanos y tenemos dignidad. Si una persona tiene una tendencia u otra, esto no le quita su dignidad como persona… La gente que decide rechazar a las personas por el adjetivo es gente que no tiene corazón humano”. El comediante Stephen K. Amos confesaba que la entrevista con el Papa “me ha cambiado la vida; me ha dado fe en los seres humanos. Me ha abierto los ojos sobre no juzgar a las personas religiosas en base a mis propias experiencias negativas… Cuando me fui, sentí alegría en el corazón”.

Las hiperfeministas despendoladas (algunas, como Beatriz Gimeno, directora del Instituto de la Mujer y amiga de Irene Montero, a la que debe el cargo) no quieren que las mujeres sean madres. De momento ya han conseguido que haya un 27% menos de natalicios en España en el contexto de la ideología de género. No les gusta la palabra maternidad, tan hermosa y tan gratificante. Hablan de reproducción y parece que son partidarias de la reproducción in vitro en el mejor de los casos. Porque para ellas la maternidad no es más que una manera de dominación contra la mujer para que no desarrolle al máximo su formación intelectual y su carrera profesional.

Nada de matrimonio religioso ni de compromiso para toda una vida; solo mientras dure el amor, que casi siempre confunden con el sexo, una sexualidad que para ellas es de libertad total como la libertad que exigen para el aborto libre y gratuito. Una sexualidad que hay que promover desde la adolescencia (o incluso antes), aunque eso comporte traumatismos de personalidad, si bien ellas y ellos (los seudofeministas son a veces más intransigentes que ellas) hablen de ‘eliminar tabúes’.

Con la ideología de género caminamos hacia una sociedad animalizada y animalizante, a la altura, como mucho, de los chimpancés y de los gorilas. O de las chimpancesas y las gorilas, para utilizar su lenguaje ‘inclusivo’. Están empeñadas y empeñados en cambiar la lengua. Saben muy bien la importancia de modificar el significado de las palabras. Es algo fundamental para la sibilinamente malvada ideología de género. No quieren hombres y mujeres superiores, sino absolutamente manipulables. Nos quieren ‘iguales’, insisto, como borregos y de momento permiten a las jóvenes generaciones de borregos el berrear en las redes sociales, y no combaten la promiscuidad sexual y el botellón alcoholizante.

Algunos pensarán que estoy exagerando. Reflexionen a la vista de tanta basura política, televisiva, de redes sociales alimentadoras de odios, de educación manipulada, de familias rotas, de violencia juvenil en las aulas y en las familias, de escaso civismo, de violencia machista, de guerras interminables, de migraciones con muertos y discriminados y con nacionalismos excluyentes pese a las proclamas (falaces) de convivencia nacional e internacional. Hay muchos más signos de estos tiempos revueltos en los que algunos ‘malvados’ están pescando con malas artes. Más urgente que reconstruir la economía es reconstruir el alma, los valores de esta sociedad cada vez más animalizada, menos espiritual, a merced de los instintos más bajos. 

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