Trescientas... y pico

La educación es lo más importante (eso dicen)

Fuente: RTVE.

Si la educación es tan importante cabría preguntarse por qué en tiempos de pandemia la comunidad escolar prácticamente toda– tiene la sensación de estar abandonada por quienes deberían ser sus principales cuidadores. ¿Por qué quienes deberían estar al frente solo hacen que improvisar, y a veces ni eso? ¿Por qué a las puertas del inicio del curso da la sensación de que nadie está donde debería estar y haciendo lo que debería hacer? ¿Por qué…?

Fuente: ALLU Creatividad, Facebook.

Todos, cada uno de nosotros, podríamos relatar con gran precisión de detalles algunos de nuestros primeros días de colegio. Ahí están seguramente, en la nebulosa de la nostalgia y en el daguerrotipo de la memoria, algunos de los momentos más felices, más esperanzadores, de cada una de nuestras vidas. El reencuentro con los viejos amigos, los primeros contactos con los nuevos compañeros que aún no sabíamos serían tan importantes en nuestras posteriores biografías, el temor y la esperanza al cambio de profesores…

Todo eso forma parte de una sustancia que nos acaba conformando. Todo eso es lo que, de alguna manera, está en peligro por la dejación y la escasa diligencia de quienes deberían ser sus guardianes y custodios y parecen haber optado por abandonar sus puestos de vigilancia cuando las cosas ya no son como eran, ya no se trata de hacer lo mismo. Cuando las dificultades exigen trabajo extra. Y ahora, ni siquiera, existe la excusa de lo imprevisto. Lo sabían. Al menos desde marzo pasado.

Fuente: https://bhopal.afindia.org/.

Por eso, porque ese viaje es tan importante, tan relevante, porque para millones de niños y niñas es posiblemente la única oportunidad real que la vida les va a propiciar para que sus vidas mejoren realmente, cuesta y duele tanto el ver la escasa diligencia que muchos de los responsables políticos muestran estos días para hacer que eso sea posible. De hacer ver al menos que tienen preparadas las respuestas a los muchos interrogantes que, a buen seguro, se irán planteando en una situación excepcional y cambiante como la que vivimos. Muy al contrario, pareciera que solo andan tirándose a la cabeza los trastos de la irresponsabilidad, de la dejación. Las comunidades contra la ministra Isabel Celaá, la ministra contra nadie. Ella solo calla.

La educación, y de forma muy especial la educación pública, es –debería ser– la columna vertebral de cualquier sistema democrático que pretenda que la igualdad de oportunidades y la justicia social sean algo más que un conjunto de enunciados y buenas palabras, loables intenciones, en los textos constitucionales que los mantienen en pie. Sin educación que garantice el ascensor social, sin igualdad de oportunidades –a cada uno según sus capacidades–, la democracia puede acabar en una performance de escaparate para ciudadanos incautos y poco prevenidos. De ahí su importancia. De ahí el gran cabreo que profesores, padres, madres y –supongo– estudiantes muestran estos días públicamente por la gran nebulosa que lo envuelve todo a tan escasas fechas del próximo inicio del curso escolar.

Fuente: Pels petits i més, Facebook.

Revisitando hace unos días el documental Gabo sobre la vida y la obra del gran escritor colombiano Gabriel García Márquez, hay un pasaje en el mismo en el que el genial novelista traslada al entonces presidente de EE. UU., Bill Clinton, una conversación previa, una petición más bien, con el líder cubano Fidel Castro a propósito de lo que pudo ser y no fue, el levantamiento del bloqueo de EE. UU. a la isla caribeña: “Me ha comentado Fidel que solo te pide dos cosas: que respetarás la educación y la sanidad”, a lo que el mandatario norteamericano replicó que en eso no habría problema, porque él también estaba de acuerdo en la importancia de la educación para los pueblos. Dos países, dos líderes situados en las antípodas de la geoestrategia política, pero unidos en reconocer la importancia de la educación. Al menos en el terreno de las palabras.

Fotografía: Robert Doisneau (Fuente: Kerber, Pinterest).

Los niños, las niñas de este país, que no tienen por qué saber aún de regímenes, ni de banderas, ni de intereses geoestratégicos, estarán a buen seguro allí. Esperando que esos días por venir sean, otra vez, algunos de los más importantes de sus vidas, aunque ellos no lo sepan aún, pero resulta que hay otros que deberían hacer que eso sea posible y pareciera que prefieren esperar a que la realidad les acabe atropellando otra vez.

Ya saben. La educación, la buena educación, es lo más importante para el futuro de un país (eso dicen).

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Pepe López

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  • ¿Qué te voy a decir yo sobre la importancia de la educación para los niños y niñas? Después de 36 años en centros de FP he podido comprobar el efecto tan positivo de la misma en jóvenes exalumnos que me he ido encontrando ejerciendo diversos empleos (electricistas, fontaneros, administrativos, etc.) y siempre una buena educación conlleva una buena persona

    • Una cosa -la buena educación- garantiza la otra Alfonso Rodríguez, pero sin esa buena educación es muy difícil que se cumpla lo de las «buenas personas».

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