Al paso

La conversión de Pedro Sánchez

María Jesús Montero Cuadrado (Fotografía: Pool Moncloa / Borja Puig de la Bellacasa).

Estuve tentado de titular este artículo así: “Algo tiene que cambiar para que nada cambie o la penúltima mentira de Pedro Sánchez”. Se me ocurrió a raíz de una comparecencia de la ministra de Hacienda y portavoz del Gobierno, María Jesús Montero. Y es que, para no aburrir más a los españoles con el asunto del coronavirus, salió a la rueda de prensa, tras el Consejo de Ministros, dispuesta a cambiar de tema, un asunto que podría incluso considerarse de gran alcance: la propuesta del Gobierno de unos nuevos ‘Pactos de la Moncloa’, parodiando, es un decir, aquellos signados en 1977 siendo presidente Adolfo Suárez.

La ministra portavoz (que se apellida Montero, pero cuyo nombre no es Irene, como la infumable ministra de Igualdad) sale a dar la cara tras los consejos de ministros y contesta a las preguntas de los periodistas no como Dios le da a entender, sino como le dictan Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Hay que tener mucha cara para repetir exclusivamente lo que el Gobierno quiere publicitar en un intento de engañar vilmente a los españolitos diciendo que lo que España necesita ahora son unos nuevos ‘Pactos de la Moncloa’, que han derivado finalmente en ‘Comisión para la reconstrucción’.

Se trata de una maniobra oportunista para intentar blanquear un nefasto Gobierno de coalición que el mismo Sánchez se desaconsejó por un principio de salud, ya que reiteró que no podría dormir teniendo a su lado a Pablo Iglesias. Luego, tras el 10-N, unas elecciones que convocó porque iba a arrasar y en las que pasó de 123 escaños a 120 mientras Unidas Podemos perdía siete, manifestaba que los españoles querían un Gobierno de izquierdas. Sánchez no quiere reconocer el fracaso de su abrazo con Iglesias

Para zafarse de la realidad se inventa lo que haga falta. No quiere aceptar que lleva un cuchillo clavado en la espalda, el cuchillo de la dictadura comunista disfrazada por Iglesias de ciertas buenas palabras como la defensa de lo público y la renta vital mínima, dicen que de unos de 500 euros, para los más desfavorecidos.

Montero tuvo la osadía de acusar a los que no acudan a la llamada de Pedro Sánchez, para supuestamente salvar al país en este momento difícil, de no amar a España y querer acabar con el estado del bienestar que tanto procuran el PSOE y Podemos, los que han hecho el ridículo con la gestión de la pandemia y quieren que sean otros los que les salven de los platos rotos. Y a lo mejor lo consiguen y hasta la comisión del Congreso que acordaron Casado y Sánchez lleva a feliz puerto el pacto de reconstrucción del país, lo que sería una excelente noticia.

Eso no obsta para que el cinismo de los comunistas y sus allegados del PSOE sanchista antisocialdemócrata no conozca límites. Maestros del autobombo intentan convertir en verdades las mentiras más burdas. Son maestros de la propaganda embaucadora y su última mentira nunca es la última sino la penúltima, siempre preparados para lanzar una nueva poniendo cara de inocentes criaturas sojuzgadas por una derecha que no ama al pueblo, a la gente, porque el pueblo y la gente son de izquierdas como ellos, aunque esas gentes no les voten o les voten menos y tengan que gobernar con apoyo de independentistas catalanes y vascos y de filoetarras, independentistas catalanes y vascos más de derechas casi todos que el PP y Vox y Ciudadanos juntos. Catalanes y vascos que a cambio de apoyar a Sánchez e Iglesias sacan tajada de los presupuestos y dejan al resto del pueblo y de la gente (su pueblo y su gente de izquierdas) a dos velas, porque todos los españoles somos iguales menos catalanes, vascos y navarros.

Sánchez y Zapatero se han cargado al PSOE socialdemócrata de Felipe González, Guerra y tantos otros líderes con sentido de Estado, que trabajaron por la nueva España de la reconciliación en lugar de fomentar el odio y el enfrentamiento del pasado, que es lo que hacen (discípulos aventajados de Zapatero) Sánchez e Iglesias. Solo buscan consolidarse en el Gobierno con el señuelo de los ‘nuevos’ pactos.

Sánchez no tiene más salida digna que, mejor antes que después, romper las ataduras de Unidas Podemos y buscar un nuevo Ejecutivo de centro derecha y centro izquierda lo más amplio posible, que genere confianza nacional e internacional para afrontar los difíciles momentos que vive y vivirá el país como consecuencia de la pandemia del coronavirus.

Nunca es tarde para convertirse. Quiero recordar la caída del caballo de Pablo de Tarso camino de Damasco cuando iba persiguiendo cristianos. Jesucristo lo derribó y le convirtió en el más universal predicador del Cristianismo. Ya sé que es muy difícil que de este nuevo perseguidor de cristianos que es Sánchez salga un nuevo San Pedro (un nuevo San Pablo Iglesias me parece imposible) que predique la paz y la reconciliación entre los españoles. Todos los cristianos, empezando por el Papa, rezamos por el fin del coronavirus. Tenemos que rezar también por la conversión de Pedro Sánchez. Me reafirmo en lo que escribí en la Hoja del Lunes hace un tiempo: los milagros existen. Y este sería uno de los más grandes.

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Ramón Gómez Carrión

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