Al paso

La conversión de Azaña, Sánchez y Mulet

Manuel Azaña (1880-1940) (Fuente: Ilustrowany Kurier Codzienny).

Lo último sobre Manuel Azaña lo ha protagonizado, hace unos días, el senador por Compromís Carles Mulet, quien se ha dirigido al Gobierno de Pedro Sánchez exigiendo el traslado a España de los restos del que fuera presidente de la II República de 1936 a 1939, Azaña, y de Juan Negrín, que no fue presidente de la nación sino del Gobierno, por lo que resulta extraño que Mulet pida para ambos honores de jefe de Estado. Un lapsus lo tiene cualquiera, pero a él no le importa porque este asunto le sirve para arremeter contra el Gabinete sanchista por su actuación con el traslado del féretro de Franco. Además, el senador ‘comprometido’ ignora que la familia de Azaña no ha querido nunca trasladar la tumba del laureado escritor, periodista y político por haber manifestado éste que no movieran sus restos de Montauban.

Sospecho que Manuel Azaña se reiría a carcajadas del celo republicano del independentista y catalanista Mulet, quien seguramente ignora también cómo vivió sus últimos días Manuel Azaña en Montauban y cómo murió tras haberse confesado y recibiendo el sacramento de la extramaunción de manos del obispo de Montauban, Pierre Marie Théas, con quien conversaba todos los días a petición del expresidente y de su esposa Dolores Rivas Cherif.

¿Conocen Pedro Sánchez y Mulet el escrito que le envió el citado obispo al diputado peneuvista Julio de Jáuregui Lasanta tras solicitarle éste, por carta, si era cierto que administró esos dos sacramentos a Azaña? Jáuregui fue diputado republicano en las Cortes Constituyentes del 31 y supo por Miguel Maura, exministro de Gobernación republicano, residente en Pau tras el exilio, que el citado obispo atestiguaba haber asistido al expresidente. Maura escuchó a monseñor en su homilía de una misa a que asistía el hijo de Antonio Maura, el que fuera varias veces ministro y presidente del Consejo de Ministros durante el reinado de Alfonso XIII.

Merece la pena reproducir el escrito del monseñor francés: “Entronizado en la catedral de Montauban el 17 de octubre de 1940, fui llamado al día siguiente por el presidente Azaña que residía, enfermo, en el Hôtel du Midi. El primer encuentro fue muy cordial.

-Venga a verme, me dijo el presidente apretándome la mano.

-¡Con mucho gusto!

En efecto, todas las tardes me entrevistaba con el presidente de la República española. Hablábamos de la Revolución, de los asesinatos, de los incendios de iglesias y de conventos. Él me confesaba la impotencia de un jefe para contener a las muchedumbres desenfrenadas y detener un movimiento que se ha desencadenado.

Deseando conocer los sentimientos íntimos del enfermo, le presenté un día sobre el crucifijo. Sus ojos, muy abiertos, después húmedos, se fijaron durante largo tiempo en Cristo crucificado. Seguidamente lo arrebató de mis manos y se lo llevó a los labios, besándolo amorosamente tres veces, y diciendo cada una de ellas: Jesús, piedad, misericordia.

Este hombre tenía fe. Su primera educación cristiana no había sido inútil. Después de los errores, de los olvidos, de las persecuciones, la fe de su infancia y de su juventud volvía a guiar los últimos días de su vida. Propuse al enfermo el sacramento de la penitencia que lo recibió de buen grado.

Cuando hablé a las personas que rodeaban al señor Azaña de darle la comunión en viático, se negaron a ello, diciendo: ¡Eso le impresionaría! Mi insistencia no tuvo resultado. Incluso se me prohibió acercarme al enfermo. Pero durante la noche del 23 de noviembre, a las 23 horas, la señora Azaña hizo que me llamaran. Fui apresuradamente hacia el Hôtel du Midi y delante de sus médicos españoles y de sus antiguos colaboradores, delante de la señora Azaña, le di la extremaunción y la indulgencia plenaria al moribundo en plena lucidez. Después, con sus manos en las mías, mientras que le sugería algunas piadosas invocaciones, el presidente expiró dulcemente, en el amor de Dios y la esperanza de su visión.

El 5 de noviembre, contra la voluntad del presidente y de su viuda, se ejercieron algunas influencias para dirigir el cortejo fúnebre hacia el cementerio e impedir la ceremonia religiosa que se había previsto en la catedral. El entierro fue civil, pero la muerte había sido cristiana. ¿No es esto lo esencial?”

De Azaña es la frase “España ha dejado de ser católica”. Lo dijo dentro de su largo y denso discurso en la sesión de las Cortes constituyentes el 13 de octubre de 1931. El discurso fue publicado íntegramente por el diario El Sol que en su primera página abría con el título entrecomillado: “España ha dejado de ser católica”. En el discurso se decían muchas cosas más y cualquiera lo puede leer en internet. Azaña no defendía la persecución a la Iglesia ni a ninguna otra confesión, sino la laicidad del Estado y no destinar ni una peseta del erario público a las religiones. Presidente de la República durante los tres años de la Guerra Civil, huyó a Francia dos meses antes del final de la contienda tras haber intentado inútilmente llegar a un armisticio con Franco.

Sobre el retorno de los restos de Juan Negrín nada se sabe con seguridad. El que fuera jefe del Gobierno entre 1937 y 1939 lo siguió siendo en el exilio unos años más, pero el enfrentamiento con Indalecio Prieto provocó que el POSE, controlado por los prietistas, le suspendiera de militancia junto con otros 35 destacados miembros del partido, entre ellos el escritor Max Aub. Hasta 2009 no se les rescató del agravio y los nuevos carnés de militantes fueron entregados a familiares de los represaliados.

Negrín fue un destacado médico e investigador, formado en Alemania, que hablaba alemán, inglés, francés e italiano. Discípulos suyos fueron Severo Ochoa y Grande Covián, entre otros notables. Tenía prestigio internacional. Odiaba a Franco y nunca quiso negociar. Estaba convencido de que el inicio de la II Guerra Mundial (que todo el mundo parecía vaticinar) iba a cambiar el rumbo de lo que se jugaba en España. Se equivocó y terminó llevándose mal con su partido y con Azaña.

La tumba de Negrín se encuentra en el famoso cementerio parisino del Père Lachaise, nombre del clérigo que fue confesor de Luis XIV. Se inauguró en 1803 y en él están enterrados personajes de renombre internacional por haber destacado en la política, en la ciencia, en las artes, en la literatura, en la música… No creo que Negrín quiera dejar la compañía de Balzac, Bisset, María Callas, Edith Piaf, Camus, Chopin, Delacroix, La Fontaine, Modigliani, Musset, Moustaki, Proust, Oscar Wilde, Rossini, Simone Signoret, Marcell Marceau y Jim Morrison, junto a otras decenas de celebridades.

No presumía de católico, pero intentó cambiar la imagen de la República en el extranjero como perseguidora y culpable del asesinato de miles de sacerdotes y algunos obispos, así como de seglares católicos, pero no lo consiguió.

No consta que se convirtiera antes de morir. Otros, como Pedro Sánchez y Carles Mulet, tienen tiempo para virar y no estrellarse con un laicismo absolutamente anticuado. Aprendan de Azaña.

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Ramón Gómez Carrión

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