Trescientas... y pico

La barbarie nunca llega de repente

Fotografía: Jordan Holiday (Pixabay).

La barbarie no llegó de repente. Lo sabemos. Primero unos escalones, más tarde otros. Las cámaras de gas no llegaron de un ayer para hoy. Eso se habría notado demasiado. Habría sido insoportable. Hasta llegar al silencio cómplice, hubo caminos intermedios, pactos vergonzosos, veredas nunca transitadas. Primero fue el señalamiento privado, luego el señalamiento público. Más tarde todo lo demás.

Si eres mujer y estás embarazada entonces lo vas a tener más complicado para entrar en EE. UU. Donald Trump acaba de señalarte como sospechosa y criminal. Es su particular manera de “combatir” lo que algunas mujeres -pocas- hacen. Es su particular manera de luchar contra lo que él entiende como el comercio de vientres que se embarazan para que su hijo nazca ya en territorio de EE. UU. Poco importa que no sea tu caso, que pretendas ir de vacaciones, a visitar a unos amigos o familiares. Lo único que contará es que formas parte del grupo de la sospecha. Estás embarazada, luego tienes un problema.

Salvini (en el centro de la imagen) en el Palacio del Quirinal (Fotografía: Francesco Ammendola, Fuente: Presidenza della Repubblica)

Si eres joven, hijo de inmigrantes tunecinos, vives en Bolonia y alguien al que no le gusta el color de tu piel te acusa sin pruebas de narcotraficante, entonces existen grandes posibilidades de que el exministro de Interior, Mateo Salvini, ahora en plena campaña electoral, se presente un día en tu casa, toque tu timbre y acompañado de las cámaras de TV  pretenda interrogarte en vivo y en directo para saber, supuestamente eso sí, si son verdad los rumores que te señalan. Poco importarán entonces las pruebas, poco que en un estado de derecho los políticos no puedan hacer de policías ni los policías de políticos, porque eso contraviene la esencia misma del estado de derecho. Estás señalado. Y, claramente, tienes un problema.

Si eres español, o española, pero trabajas en uno de esos talleres o cursos sobre coeducación o educación afectivo-sexual que tan poco gustan a Vox, es muy probable que también tengas un problema. Porque es muy probable que tu nombre aparezca señalado, discriminado, en uno de esos documentos que este partido político exige conocer allá donde puede para dar apoyo a proyectos y documentos presupuestarios. Poco importa que toda esa actividad esté reglada, pase los filtros que haya tenido que pasar, que así sea desde hace muchos años. Eso importará menos.

Fotografía: Holly Dornak (Pixabay).

La cuestión es -su alcance real- que cuando estos gestos se van generalizando en países que se reconocen como democráticos y su normalización es aceptada por una parte no menor de los ciudadanos que, incluso, les aplauden y votan masivamente, el problema es muy posible que ya no lo tengan solo las mujeres embarazadas en EE. UU., los hijos de inmigrantes tunecinos en Italia o quienes trabajen en talleres de coeducación en nuestro país, el problema es muy posible que lo tengamos todos. La maldad se habrá naturalizado como forma de gobierno. El mal habrá triunfado. No estaremos aún en las cámaras de gas -eso, lo sabemos, sería insufrible-, pero estaremos, seguro, un poco más cerca del gueto que separó a los judíos del resto de la población por el solo hecho de ser judíos y un poco más cerca de los trenes de la muerte que marcaban el camino. Y eso tiene un nombre. Lo sabemos, pero nos cuesta reconocerlo. También ahora. Porque la barbarie -también lo sabemos- nunca llega de repente.

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Pepe López

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