Al paso

Jesucristo, Josefo, Tácito, Plinio…

Imagen: Raheel9630 (Fuente: Pixabay).

Todavía hay intelectuales (de vía ancha unos y de vía estrecha los más), que se permiten dudar de la existencia de Jesús de Nazareth. Cada día hay menos porque, ante las evidencias históricas, se puede engañar a unos pocos durante un tiempo, pero no a todos y por siempre. Al margen de los cuatro evangelios, cuatro libros universalmente aceptados, existen testimonios fidedignos de historiadores romanos de los siglos I y II, todos ellos anticristianos y todos ellos paganos, menos Flavio Josefo, un fariseo convertido a la romanización y que pasó los últimos años de su vida en Roma, protegido por la familia Flavia, odiado por los judíos.

Tácito (Fuente: www.biografiasyvidas.com).

Los testimonios de Tácito, el mejor historiador de la Roma entre los años 14 y 96 de la era cristiana, así como los de Plinio el Joven, Suetonio y del grecorromano Luciano de Samosata, son incontestables sobre la existencia de Jesucristo, su muerte, crucificado, durante el gobierno en Judea de Poncio Pilato, y sobre la expansión de lo que algunos de esos historiadores califican de secta peligrosa que reniega de los dioses grecorromanos y que adora a Jesús y cuyos miembros se dejan matar en defensa de sus creencias, entre ellas la de la inmortalidad. De la obra más destacada de Tácito, los ‘Anales’, es este párrafo, que cualquier lector puede ver en internet y que está en el contexto de las reacciones de los ciudadanos contra Nerón tras el gran incendio de Roma en el verano del año 64: “En consecuencia, para deshacerse de los rumores, Nerón culpó e infligió las torturas más exquisitas a una clase odiada por sus abominaciones, quienes eran llamados cristianos por el populacho. Cristo, de quien el nombre tuvo su origen, sufrió la pena máxima durante el reinado de Tiberio a manos de uno de nuestros procuradores, Poncio Pilato, y la superstición muy maliciosa, de este modo sofocada por el momento, de nuevo estalló no solamente en Judea, la primera fuente del mal, sino incluso en Roma, donde todas las cosas espantosas y vergonzosas de todas partes del mundo confluyen y se popularizan.

Fuente: www.historiageneral.com

Consecuentemente el arresto se hizo, en primer lugar, a quienes se declararon culpables; a continuación, por su información, una inmensa multitud fue condenada no tanto por el delito de incendiar la ciudad como por su odio contra la humanidad”.

Muchos ciudadanos romanos de las clases altas acusaban a los cristianos de rituales caníbales al distorsionar las celebraciones eucarísticas y creer que los cristianos verdaderamente comían el cuerpo y bebían la sangre de su dios de forma cruenta.

Los cristianos fueron perseguidos y sacrificados en espectáculos públicos en el Circo romano hasta principios del siglo IV cuando Constantino, el hijo de Santa Elena, legalizó el Cristianismo, religión que fue hecha oficial del imperio por el hispano (nacido en Coca o en Itálica) Teodosio I el Grande con el Edicto de Tesalónica del año 380. Trescientos años de persecuciones dieron paso a una cristianización del imperio romano, que Teodosio dividió entre sus hijos dejando Oriente a Arcadio y Occidente a Honorio. 

Teodosio I el Grande (Fuente: www.historiaybiografias.com).

Los fundamentos cristológicos del Cristianismo, unidos a la cultura grecorromana, fraguaron lo mejor de la civilización occidental y deberían seguir siendo la mejor sustancia ideológica y ética para avanzar y alimentar a las futuras generaciones, alejando los nubarrones nihilistas de estos tiempos confusos. Varias veces he escrito que los principios fundamentales de la Revolución Francesa (libertad, igualdad y fraternidad) fueron el meollo de la predicación de Jesucristo. No hay más que leer los Evangelios. En el Viejo Testamento Dios habló a través de los profetas. En el Nuevo, Dios habló por sí mismo. Jesús era Dios a la vez que hombre y para salvar a todos los hombres se dejó crucificar. Josefo, Tácito y Suetonio no leyeron los Evangelios de lo que llamaron secta peligrosa y que hoy sigue teniendo mártires por todo el mundo por predicar el amor hasta la muerte sin esperar a cambio ni dinero ni poder sino únicamente resucitar un día recordando lo que el Crucificado le dijo al buen ladrón: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. El hombre es algo más que un animal (con permiso de los animalistas y sin desmerecer a los animales). Incluso algo más que un voto, que ya es decir. Pasaron Suárez, González, Aznar… Pasarán Sánchez, Iglesias, Torra, Puigdemont y Junqueras (¡que ya es pasar!). Pero las palabras de Jesús no pasarán. Yo las releo de vez en cuando. Son lo más.

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Ramón Gómez Carrión

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