Al paso

Irene Montero, su equipo de ‘salud’ reproductiva y otras ‘nimiedades’ del Gobierno ‘progresista’

Fotografías: izquierda de Nikos Apelaths y derecha: RTVE.

Se juntan las ansias de matar fetos con las de acabar con enfermos terminales sin hacer caso al Comité de Bioética de España. 

Llevan tiempo promoviendo la cultura de la muerte frente a la cultura de la vida. Y lo hacen con total desparpajo, incluso con alevosía que califican de ‘progresista’. Y a todos los que no quieren ser cómplices de asesinato de niños/as-fetos, más o menos próximos a nacer, o que denuncian la eutanasia criminalizable, los tildan de fachas. La izquierda más cutre y menos decente, con la complicidad de la derecha y del centro en ocasiones, galopa (mejor dicho, se arrastra) por terrenos pantanosos camino de acabar con los principios más eximios de la civilización occidental o, simplemente, de la ‘civilización humana’.

La oleada sanchista-podemista no cesa en su tarea para desmontar una sociedad respetuosa con los logros de siglos. Sánchez e Iglesias no se resignan a que España se haya modernizado y, tras la Transición, haya vivido los cuarenta años más fecundos de su historia con gobiernos de centro derecha y de centro izquierda. Las últimas barrabasadas de socialismo-comunismo las impulsan la pareja de Iglesias y el grupo parlamentario del PSOE. Irene Montero va derecha a por el aborto libre y gratuito incluso para chicas adolescentes sin tener que contar con el plácet de sus padres. Ella y su equipo de ‘salud’ reproductiva no ponen límites para acabar con los fetos-niños no nacidos y van a por una ley terrorífica.

Una ley terrorífica, como la que pretende sacar adelante el PSOE sobre la eutanasia, una manera de acabar con la vida de pacientes terminales y grandes discapacitados con la apariencia benéfica de procurarles ‘una muerte digna’. Lo venden como una obra de caridad. ¿No es indignante?

Están imponiendo una cultura de la muerte, pese a quien pese. Y les importa un comino el parecer del Comité de Bioética de España, organismo independiente, aunque adscrito al Ministerio de Sanidad, creado por ley en 2007 siendo presidente el detestable Rodríguez Zapatero, recreador de odios guerracivilistas. La idea era y es buena. Un órgano de personalidades apolíticas, de prestigio científico y moral, para informar y asesorar al Gobierno y a las autonomías “en materias relacionadas con las implicaciones éticas y sociales de la Biomedicina y Ciencias de la Salud”.

Miren lo que ha dictaminado el Comité: “La eutanasia no es un signo de progreso, sino un retroceso de la civilización ya que en un contexto en el que el valor de la vida humana con frecuencia se condiciona a criterios de utilidad social, interés económico, responsabilidades familiares y cargas o gasto público, la legislación de la muerte temprana agregaría un nuevo conjunto de problemas”.

Comité de Bioética de España (Fuente: http://www.comitedebioetica.es/).

El informe de los once miembros del comité (aprobado por unanimidad y que se puede leer en internet) propone la protocolización, “en el contexto de la buena praxis médica, del recurso a la sedación paliativa frente a casos específicos de sufrimiento existencial refractario. Ello, junto a la efectiva universalización de los cuidados paliativos y la mejora de las medidas y recursos de apoyo sociosanitario, con especial apoyo a la enfermedad mental y la discapacidad, deberían constituir, ética y socialmente, el camino a emprender y no la de proclamar un derecho a acabar con la propia vida a través de una prestación pública”.

Sobre el aborto, mujeres del equipo feminista de Irene Montero parecen no tener dentro de su cabeza más que imágenes de penes y vaginas y una educación sexual que atenta, cuando la programan para la escuela, contra el derecho de los padres a la formación de sus hijos. En algún caso, a penes y vaginas hay que sumar el ano, sobre todo el de los hombres.

La directora del Instituto de la Mujer; Beatriz Gimeno (que fue pareja de Boti García, directora general de Diversidad Sexual, ignoro si se han separado o divorciado en caso de haber matrimoniado), culpa a los heterosexuales de todos los males para lesbianas y demás fuerzas LGTBI. Ardiente defensora de la penetración anal, escribió estas lindezas, como ya recordé hace un tiempo: “El ano es una de las principales zonas erógenas para hombres y mujeres, pero especialmente para los hombres. Estoy convencida, cada vez más, que para que se produzca un verdadero cambio cultural tienen que cambiar también las prácticas sexuales hegemónicas y heteronormativas y que sin ese cambio, que afecta a lo simbólico y a la construcción de las subjetividades, no se producirá un verdadero cambio social que iguale a hombres y mujeres”. Observen ustedes la altísima dosis filosófica de esta gran pensadora y la impresionante aportación al pensamiento universal.

Aborto libre y gratuito (pagado con el dinero de todos). Lo que digan en contra destacados pensadores, entre otros Teodoro Arteta, profesor de la Universidad de San Sebastián, y José Antonio Marina, filósofo y escritor prestigioso, no tiene para las ‘insignes’ feministas podemitas ningún valor. Ni es, para ellas, digno de tenerse en cuenta lo que afirme Federico de Montalvo, presidente del Comité de Bioética de España: “éticamente el aborto es un mal”. 

¿Creen ustedes que van a parar el aparato legislativo puesto en marcha para facilitar más y más los abortos y para sacar adelante la eutanasia como servicio público? Nada de nada. Res de res. Están ideológicamente predeterminados a destruir los fundamentos de la cultura y la civilización occidentales, basados en principios de insignes pensadores grecorromanos y avalados por los mandamientos (amor a Dios y a todos los hombres, hermanos) del Cristianismo. El gran eslogan (acaso principio filosófico), que sintetiza todo el acervo cultural de Iglesias, Montero, Boti y Beatriz sea éste: “Yo con mi cuerpo hago lo que quiero”.

El filósofo Marina escribe: “Yo sé que la frase que comento es un gesto de rebeldía contra todo control sexual o legal. Pero sin explicaciones o distingos es un disparate. Lo malo de los tópicos es que disfrutan de una credibilidad inmerecida; se aceptan como moneda de cambio comunicativo cuando muchos son moneda fraudulenta. Mi cuerpo es mío sin duda. Pero, salvo que viva en la más estricta soledad, el cuerpo individual está integrado en una red de relaciones en la que interactúa con otros seres. Una persona es muy dueña de no lavarse mientras no viva en contacto con otras personas. A la madre de una adolescente embarazada la frasecita que comento le suena a sarcasmo. Ella va a tener que cuidar de la ‘autosuficiencia’ de la niña”.

“Una persona podrá beber cuanto quiera si no produce daño a nadie, pero después querrá ir a un hospital de la Seguridad Social, que se costea públicamente, para que le curen la cirrosis. Hemos creado un sistema de convivencia en el que todos somos responsables de todos y eso es un gran progreso. Pero nos introduce de paso en un sistema de exigencias y compromisos mutuos, lo que puede ser un incordio. ¿Con mi cuerpo puedo hacer lo que quiera? Pues depende”. Pues eso.

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Ramón Gómez Carrión

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