24 horas al servicio de la oración

JOSÉ FILIU

Cae la noche y la soledad se apodera de las calles de la ciudad, incluso de las más céntricas, aún con el lejano recuerdo de una Semana Santa multitudinaria. Sin embargo, en el local ubicado en Salvador número 16 brilla una luz celestial que guía a las almas más espiritualmente inquietas a cualquier hora, los 365 días del año. Es la capilla de la Adoración Eucarística Perpetua de Elche, un remanso de paz en el epicentro de la urbe que invita al rezo de quienes viven la fe a través del recogimiento que brinda este singular espacio abierto, ininterrumpidamente, gracias al esfuerzo de más de 168 voluntarios.

Una fiel ora ante el altar de la capilla de la Adoración Eucarística Perpetua de Elche. Foto: J. FILIUHace ocho años, cuando el obispo Rafael Palmero decidió fomentar la Adoración Perpetua en las cinco zonas de la diócesis Orihuela-Alicante, un pequeño grupo de fieles de Elche, encabezados por Vicente Martínez, cura por entonces del templo de El Salvador, tomó el testigo y se fijó en el oratorio murciano. Sin embargo, quien brindó los conocimientos y las directrices generales de funcionamiento fue Justo Antonio Lofeudo, el carismático pastor argentino y misionero del Santísimo Sacramento, que asesora en la creación de este tipo de capillas alrededor del mundo. La ilicitana, autofinanciada mediante cepillo, es una de las primeras del país y la decana de la Comunidad Valenciana. Ahora ya son 50 por todo el territorio nacional, y con planes de abrir más. Pero pese al boom de la Adoración Eucarística Perpetua en España, los comienzos no fueron sencillos. Al menos, en Elche. 

Así lo recuerda José Vicente Bonete, de 38 años; uno de los impulsores, exvoluntario y restaurador de arte sacro, que, con su taller en Villajoyosa, acaba de rejuvenecer una pintura del siglo XVIII que muestra un milagro de la patrona de Muchamiel. Asegura que encontraron todas las dificultades posibles, y no solo de intendencia: “Gran parte de la comunidad católica de Elche creía que en otros lugares sí funcionaría, pero aquí… Además, hasta sacerdotes nos tildaron de locos”, y sigue: “El padre Lofeudo ya nos advirtió: ‘El Señor quiere que se le adore, y el demonio no quiere que se adore al Señor. Os saldrán pegas por todas partes’. Y así fue”. Bonete explica que la labor voluntaria solo ocupa una hora semanal, y que los turnos se fijan en tres: mañana, tarde y noche. Los coordinadores se aseguran de que haya voluntarios (también llamados “adoradores”) disponibles para que la capilla no se quede nunca sola. Reconoce que el perfil es de un individuo de mediana o avanzada edad, y, si bien la mayoría, no todos son 100% practicantes. “Uno, si está mal, se acerca más al Señor. En la capilla encuentras sosiego y, a veces, la solución a los problemas”, dice Bonete. Entonces relata cómo un alicantino de marcha por el centro de Elche la descubrió. Estaba en paro, se hizo adorador y, poco a poco, fueron surgiéndole empleos.

“Entras allí y es como un oasis, enseguida te introduces en el ambiente de oración”, cuenta el noveldense Damián Abad, el principal coordinador de la capilla y actual párroco de El Salvador, cuya vocación se remonta a la adolescencia. Invoca la ayuda de Dios y los voluntarios; y afirma que, gracias a ambos, permanecerá abierta 24 horas muchos años. “Compromiso” es el concepto que más repite y la virtud más demandada a los adoradores. Convencido, Abad manifiesta: “El tener una hora delante de Jesús, de reflexión, de encontrarse con uno mismo… seguro que en el interior de las personas sucede algo”.

El padre Damián Abad, coordinador principal de la capilla, en la sacristía de la iglesia de El Salvador de Elche. Foto: J. FILIUEs el caso de Josefa Machuca, letrada de 54 años, y voluntaria desde que en 2009 se pusiera en marcha la capilla, jamás falta a su cita semanal: los martes de siete a ocho de la mañana. Hija única, siempre ha querido estar cerca de Cristo. Del proyecto de Adoración Perpetua, confiesa: “Cuando se le propuso a la feligresía nos daba mucho vértigo, porque no sabíamos si podríamos asumir ese nivel de responsabilidad”, unos temores que hoy se confirman infundados a juzgar por la devoción de adoradores como ella. Aunque a veces, indica, es complicado por el acelerado ritmo de vida, pero que “compensa”. Machuca valora el silencio de la capilla y la oportunidad de poder repasar cosas suyas y de su entorno, a lo que añade: “Se necesita un tiempo para detenernos; y, aparte de todo, es una especie de meditación dirigida a acompañar al Señor”. Y en su compañía se refugió, especialmente, al enfermar sus padres de cáncer. Y como si de voluntad divina se tratara, las plegarias funcionaron y ambos se recuperaron del todo.

La conversación telefónica con Bonete toca a su fin. A la pregunta de si le gustaría comentar alguna cosa más, titubea; empero, logra parafrasear a Benedicto XVI: “No hay comunión sin adoración, ni adoración sin comunión”. A pesar de la distancia, tras las palabras del restaurador se deduce un profundo sentimiento católico. El paso por la capilla marcó su vida. No en vano, la califica como “uno de los grandes acontecimientos religiosos de la ciudad”, y concluye: “Comprendo que si alguien me escucha le sonará a chino, que no entienda nada o se ría de mí. Pero sinceramente, creo que hay un corazón latente en la capilla, que Elche la necesitaba; tanto, que ahí sigue”.

24 horas, 365 días al año; y un haz de luz que despunta de entre la oscuridad de las calles vacías del centro. Porque mientras exista el tesón de los voluntarios, existirá la Adoración Perpetua Eucarística en Elche.

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