Carta a los Reyes Católicos

Joaquín Ñeco

 

por JOAQUÍN ÑECO

Mis ilustres y queridas Majestades, permitidme dirigirme a vuestras reales personas, como “súbdito descendiente”, para exponeros mi malestar con el proceso que actualmente afecta a la unidad que vuestras majestades crearon y que se llamó a partir de ese momento ESPAÑA.

Majestades, yo no viví esa época y no puedo ser cronista de un tiempo que no conocí de primera mano, pero la historia se ha encargado de legarnos todos los esfuerzos que vuestras augustas personas realizaron para conseguir una nación única, PATRIA de todos vuestros súbditos. De haber sabido lo que iba a ocurrir más de cinco siglos después ¿os habríais tomado la molestia de crear una ESPAÑA única?

“Donde el poder presta servicio, hay prosperidad y paz; donde el poder domina, hay corrupción y desgracia.” Confucio.

Vuestros nieto y bisnieto, se encargaron de engrandecer el legado que les dejasteis, haciendo de esa unidad un imperio en donde no se ponía el Sol. No es que actualmente aspiremos a ese imperio pero sí a la unidad que trajo, como consecuencia, ese periodo de nuestra historia tan fructífero. ¿Quizás fue la unidad que creasteis la que dio lugar a lo otro? Dejo la respuesta en suspenso.

Majestades, como no voy a tener otra ocasión de dirigirme a vuestras graciosas personas, me tomo la licencia de contaros, para informaros, en que andamos los españoles en la actualidad con eso que creasteis y que se llamó la unidad de ESPAÑA.

Retrato de los Reyes Católicos realizado en el s.XV por autor desconocido. Lamento que lo que voy a contaros, a continuación, os pueda alterar la paz y el sosiego de vuestro eterno descanso y por eso os pido disculpas, de antemano, porque conociendo, sobre todo, el carácter tan claro en tomar decisiones, tan recto en llevarlas a cabo y tan firme en aplicarlas, pese a las críticas de vuestros rivales, del que hacíais gala, mi señora Dª. Isabel, no creo que os sintáis contenta con lo que se está haciendo con aquel legado que nos trasmitisteis y que tanto trabajo os costó. Vos, majestad, fuisteis una mujer moderna y avanzada para vuestra época y creo, disculparme por mi atrevimiento, que habéis sido en nuestra historia, la primera feminista, porque, si me lo permitís decir ¿a qué mujer se lo hubiera ocurrido en esa época, un lema tan problemático como el famoso “Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”? Dejando aparte este inciso, ese lema lo que venía a decir, en su esencia, era que unía y amparaba, formando una sola nación, a los súbditos de las coronas de Castilla y Aragón. Eran iguales en derechos y en deberes fundamentales.

A partir del último tercio del siglo XX, majestades, empezó a fraguarse el germen que ha dado lugar a la situación en que hoy nos encontramos. Se formaron las comunidades autónomas, una especie de reinos de taifas que vuestras majestades conocen muy bien, por la historia, y porque conquistasteis el último que quedaba, el de Granada. Y de esos polvos provienen los lodos actuales. Autonomías que son núcleos de poder, que deberían estar, aunque fuese mínimamente, sujetas al Estado pero que realmente, en la mayoría de los casos, gobiernan de forma independiente y lo que es más grave todavía, en ocasiones, en contra de la unidad de España. Por poneros un ejemplo, en vuestra amada Cataluña, a la que yo personalmente admiro y quiero, se dice en un libro de texto de enseñanza primaria que el río Ebro es un río catalán que nace en “otras tierras”. Es decir, que llaman “otras tierras”, D. Fernando, a unas regiones que estuvieron incluidas en vuestro reino de Aragón y que posteriormente configuraron la nación española.

Retrato de doña Petronila y el conde Ramón Berenguer. S. XVIIComo veis, señor, choca que un condado que estuvo dependiendo, en sus orígenes, de Francia (la Marca Hispánica) y tras un corto periodo de independencia (comparado con la situaciones anterior y posterior), incluido en vuestro reino, a partir de la unión de doña Petronila hija de vuestro antecesor Ramiro II, el Monje, con el conde Ramón Berenguer IV, llame al reino en el que estuvo, “otras tierras”.

Pero todavía hay más, majestades, se ha definido en su estatuto como una nación y además imponen por ley su propia lengua sin dar opción a que la lengua castellana sea tratada de igual forma. ¡Que dirían!, si pudieran hacerlo, algunos insignes autores literarios que defendieron con ahínco el que todos los españoles pudiésemos entendernos en una lengua común. ¡Ay! que tristeza sentirían los monjes del monasterio de San Millán de la Cogolla que recogieron en sus primeros códices la lengua utilizada por el pueblo llano, el latín vulgar, diferente del latín culto, y que daría lugar al incipiente castellano que con el correr de los tiempos se trasformaría en la hermosa lengua actual. O los Mesteres de Juglaría y Clerencía o Gonzalo de Berceo o el Arcipreste de Hita o el Marqués de Santillana o Juan de Mena o vuestro antecesor el rey D. Alfonso X...No sé exactamente lo que todo esto significa, pero mucho me temo, que huele a volver al estado que resolvieron el rey Ramiro II y el conde Ramón Berenguer IV, hace mucho tiempo. Y siguiendo esa senda, están también Galicia, Euskadi,...

Algunos de vuestros “súbditos descendientes”, majestades, son unos genios en cuestiones semánticas y se enzarzan en discusiones de si son una nación, una nacionalidad o una realidad nacional. Estoy confuso ¿no habíais creado una sola nación indivisible?.

También me asombran algunos de vuestros “súbditos descendientes” que hablan sobre los derechos históricos de sus respectivas comunidades, ignorando la parte de la historia que no les conviene y haciendo hincapié en otras, normalmente pequeñas, en las que se apoyan para conseguir sus fines. Algunos de ellos, dada su edad, sólo tienen conocimiento de la historia particular de su comunidad (debéis saber que en algunas comunidades, por imposición, sólo se estudia su historia) y en la mayoría de los casos falseada. A vuestras majestades, sólo os conocen, en la actualidad, un limitado número de españoles, entre los que me encuentro, de lo cual me honro. Hay otros que, aunque os conocen, os ignoran por conveniencia, propician que las nuevas generaciones no sepan ni que exististeis y se olvidan de lo que en vuestros reinados conseguisteis para ESPAÑA.

Y por último, algunos nacionalistas autonómicos separatistas, amparándose en que su sangre es diferente en el factor Rh, perdón, majestades, me olvido que ese factor se ha descubierto recientemente. Os lo aclaro, es un componente de la sangre que puede acarrear diversas enfermedades en los fetos, durante el período de gestación, si el padre lo tiene en su sangre y la madre no. Como os decía, algunos de estos separatistas, quieren conseguir su independencia de ESPAÑA, pasando por encima de mil de vuestros “súbditos descendientes” asesinados, sin ninguna piedad, de un tiro en la nuca o con explosivos porque no pensaban como ellos. Y lo más aberrante, es que hay quienes los apoyan o se sirven de ellos políticamente de una manera abierta o encubierta.

En fin, majestades, esta es la ESPAÑA actual que a muchos de vuestros “súbditos descendientes” no nos gusta y por eso creemos firmemente que debemos poner todos nuestros esfuerzos para que lo que vuestras reales personas crearon, no se pierda en el devenir de los tiempos.

Recibid, pues, un respetuoso saludo de este vuestro “súbdito descendiente” que os añora y os admira.

                                                                  Joaquín

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn