Negro sobre rojo

Sonia Marco

 

Por SONIA MARCO

Comienza el año e Islandia es noticia. El pequeño país nórdico sigue dando ejemplo con la norma obligatoria de equiparar los salarios entre hombres y mujeres, además de publicar las cifras que engrosan las nóminas de los trabajadores y trabajadoras de las empresas del país. Comienza el año y es noticia que las actrices de Hollywood vistan de negro en la ceremonia de los Globo de Oro, antesala de los Oscar, con el fin de hacer visible el sexismo y el machismo imperante en la meca del cine, donde es norma general que el protagonista masculino gane más que su compañera de reparto, salvo en contadas ocasiones.

Pero lo más preocupante al margen del tema económico, que se sabía pero del que poco se hacía caso, es el hecho que ha originado tal revuelo: la constatación del acoso sexual que muchas actrices sufren a lo largo de su carrera en su intento por conseguir un papel.  Tras más de cien años de historia del séptimo arte,  el pasado otoño se destapa que el chantaje sexual por parte de un productor a las actrices aspirantes a un papel es una práctica vigente hoy día. El viejo cliché de “si quieres un papel, pasa antes por la cama del productor”, todavía era el mantra que el todopoderoso pope de Miramax, Harvey Weinstein, empleaba para satisfacer sus caprichos sexuales.

El tsunami del escándalo se ha llevado por delante al pecador, y a otros como Kevin Spacey, fiel a la ética del país americano donde el castigo público de esta índole de faltas es duramente sancionado. Pero queda por ver si se toma nota y el cambio en cuestión de igualdad y respeto se aplica a todos los ámbitos de la industria, cosa de la que, sinceramente, dudo tras comprobar en la misma ceremonia de los Globo de Oro como Natalie Portman nombraba a los cuatro hombres nominados en la categoría a mejor director del año. No es por que no se lo merecieran, la cuestión es por qué no hay más mujeres directoras que puedan optar al premio.

Estamos en el siglo XXI.  Las mujeres nacidas en el baby boom de los 70 hemos crecido en una sociedad donde nos enseñaron que para que la igualdad entre hombres y mujeres fuera un hecho, muchas tuvieron que exigir y luchar porque primero se reconociera como un derecho. Tras nuestro acceso a una formación en igualdad de condiciones, parecía que el terreno hacia el mundo laboral ya estaba allanado en este aspecto, pero noticias de esta índole demuestran que todavía queda camino por andar.

Conozco a muchas mujeres que tras ser madres han tenido que hacer cábalas para poder seguir ejerciendo su profesión, a la que han dedicado años de estudio y después dedicación y entrega en el ámbito laboral.  Una vez alcanzado cierto estatus laboral, las funcionarias han tenido mayor respiro cuando han afrontado su maternidad, pero las trabajadoras por cuenta ajena han tenido que convertirse en super womans para seguir manteniendo el nivel de exigencia laboral, a la par de combinar tiempo para estar con sus hijos. Cada una lo ha gestionado de manera diferente, con más o menos complicidad con su pareja o familiares, pero no conozco ninguna que no admita el gran cambio que supone en sus vidas la llegada de un hijo. ¿Debería ser así?

¿Sigue, entonces, existiendo una lucha encubierta entre sexos? Sinceramente, creía que ese asunto estaba superado, pero a los hechos me remito: la semana pasada me sorprendía Pablo Motos en “El Hormiguero” con una pregunta de esta índole a la actriz Jessica Chastain, reconocida feminista, a la que contestó con una gran sonrisa y un abrazo. ¿La pregunta es oportunista por parte del popular presentador o responde a su percepción? En fin, Pablo, creo que en cualquier caso, no ayudas nada.

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