Friday, September 20, 2019
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Elecciones europeas, ¿hacia los Estados Unidos de Europa?

By admin , in Opinión , at 22/05/2019

 

Por RAMÓN PALMERAL

El domingo 26 de mayo tenemos los alicantinos dos encuentros con las urnas; las elecciones municipales y las europeas. Hoy toca hablar de las elecciones europeas, porque sí, porque no tengo ni idea, dicen que es la “oportunidad de elegir a quienes los representarán en el Parlamento Europeo”. ¿Y quiénes son estos señores que se hacen llamar eurodiputados, y se sientan en las gradas de un gran circo, o de un semicírculo o hemiciclo compuesto por 751 sillones que ganan un pastón?

Primero he de decir que veo a la Unión Europea como un gran jarrón chino compuesto por 28 pedazos pegados, cada uno, con una estrella amarilla de cinco puntas sobre fondo azul, rodeados por un alambre galvanizado enrollado para que se sostenga en el concierto de las naciones. Un jarrón delicado que se nos puede romper en cualquier golpe, o movimiento, como ocurre ahora con el Brexit de Gran Bretaña, que no sabemos si salen o entran, porque estos hijos de Albión, que no están en el euro ni en Schengen, están con un pie en las islas y otro en el continente, con el Canal de la Mancha por debajo de los cataplines.

A mí nadie me ha explicado qué es la Unión Europa, lo que sé es de oídas, ni sé dónde está Bruxelas (me gusta con x de incógnita), si en Flandes, en Benelux o vete a saber qué quesos comen. No tengo idea de donde está Estrasburgo (si por Burgos o lindando con Francia). Quizás un documental de TV explicando qué es Europa no estará de más, pero no en inglés, evidentemente. Lo único que sé es que los euros cuestan mucho trabajo ganarlos y que fue el 1 de enero de 2002 cuando entró en vigor en doce estados, yo estaba en aquellos años currando de verde oliva en los campos de Andalucía. Lo del Tratado de Maatricht, me suena a Matrix, como algo de ciencia ficción.

La organización de la Unión Europea es un lío tremendo que si por un lado el Parlamento Europeo, por otro la Comisión Europea, el Consejo de Europa, Banco Central Europeo, Tribunales de Estrasburgo… Son tantos organismos que yo no sé quién manda, quién es el jefe, el presidente de Europa, cada vez sale uno distinto en la tele hablando entre ellos bajo un montón de banderas, que si el italiano Antonio Tajani, Jean-Claude Juncker o Donald Tusk, es como la Santísima Trinidad: tres personas distintas y un solo Dios verdadero. A mí esto no me entró nunca en la cabeza, y el organigrama de Europa tampoco. Y luego que si el Secretario General de la OTAN, el noruego Jens Stonltenberg sin ejército propio, es como un general siempre lloriqueando. (Bueno, lo que bien recuerdo es lo que hicieron los socialistas “OTAN de entrada NO” y entramos en referéndum en 1986 con Felipe González,  el sevillano de los puros cubanos de la marca Cohiba).

Nosotros los ciudadanos con pasaporte europeo que somos más de 500 millones, nuestra obligación es ir a votar a nuestro partido político simpatizante, y que luego sean ellos los que reparten a tortazos el bacalao en el Parlamento Europeo, defendiendo un montón de cosas como la unidad, el cambio climático, la igualdad, los acuerdos económicos con China y EE.UU, la inmigración y las frontera europea o el Acuerdo Shengel, y un montón de asuntos más; pero, pienso, si es que no estoy soñando que, en lo que se tienen que poner las pilas es en la cuestión del empleo, porque el paro lleva a los nacionalismos y a los populismos que no quieren más Europa, sino menos Europa, que es lo que quiere Rusia: la fragmentación, que no seamos fuertes, no debemos imitar aquellos países como la antigua Yugoslavia o Checoslovaquia, que se han fragmentado y se escapan por las costuras rotas de las catiuscas.

En líneas generales, en mi opinión necesitamos más Unión Europea, porque es lo que nos pudiera salvar de una crisis económica futura global. Pienso en la idea del modelo federalista europeo, que es comúnmente atribuida a Jean Monnet,  uno de los padres fundadores de la UE, quien predicaba que los estados-nación deben ser subordinados a en una administración central y única, aunque esto suponga menos soberanía nacional de los 28, que se seguramente seremos 27 sino no se he hace  un segundo referéndum en Gran Bretaña, sumida en una caída por el abismo de los acantilados de La Mancha (Albión por los romanos). A lo mejor todo lo que está pasando es un sueño como en el relato «La visita del ladrón” de mi buen amigo Carlos Bermejo.

En resumen, el 26 M voy a votar en mi colegio de siempre de la Florida, cada cual puede hacer con su voto una pajarita de papel, o votar según sus preferencias políticas o ideológicas, pues de lo contrario luego no hay derecho al pataleo ni al cabreo por defecto, más que efecto. Porque tengo que decir, y que no se entere nadie, que los asuntos domésticos de este perro mundo siempre van mal, lo que sucede es que algunos años son peores y otros «menos peores».  

Con Europa, España es más fuerte y representativa con respecto a los países Latinoamericanos y el Mediterráneo. En esta vida de hipocresías persiste el refrán castizo: «Quien a buen árbol se arrima buena sobra le cobija». Porque te considerarán según la calidad de tus amistades o socios, y sobre todo, cuentan aquellas que tienen títulos o son ricos, los pobres no cuentan. Los familiares pobres no suman ni existen en nuestra filiación mental hacia la amnesia.

Lo que sí queremos (votando sería más efectivo que gritando) es una Europa para todos, no una Europa a dos velocidades y que sea inclusiva (todos y todas), donde hombres y mujeres no solo tengamos los mismos derechos, sino las mismas oportunidades.