Opinión

Incendios despistados

Bomberos trabajando en la extinción del reciente incendio en Monóvar (Fuente: Consorcio Provincial de Bomberos de Alicante).

La misma mañana que yo estaba quemando poda, hojarasca y arbustos secos, apenas se movía una brizna de viento (mi bandera estaba lánguida a lo largo del mástil). Sin embargo, a unos kilómetros de Agost, en el municipio de Monóvar, alguien parece que había procedido a quemar rastrojos y el fuego vivo se había esparcido rápidamente asustando a los habitantes de varias casas de campo, que hubieron de abandonarlas, y prolongándose a áreas boscosas, deseosas siempre– de añadir virulencia a las incipientes llamas.

Es verdad que yo, como muchos, tengo dispuesto un espacio de obra, bastante cerrado donde amontono el material y a poco que la pila lo justifica la prendo vigilando que la hoguera no alcance altura peligrosa. Incluso tengo a mano una manguera por un “por si acaso”.

Pero a campo abierto, haga o no viento, es un peligro considerable ponerse a quemar rastrojos. No es este tipo de incendios el que podamos clasificar como “intencionado”, con fines espurios, tales como los que se producen para recuperar terrenos para plantaciones agrícolas (muy propios del norte), o los que se realizan para generar suelo edificable (en Benidorm creo recordar uno bastante famoso). El de Monóvar parece de la categoría de los fuegos de los despistados, como los que se propagan después de una barbacoa mal apagada o por una chispa de una radial mal utilizada, pero en todo caso acarrean sustos, peligro latente para las personas, destrucción de la natura y gastos importantes que a todos nuestros bolsillos afecta.

Hay que añadir a esta clasificación de incendios despistados los que, cualquiera que sea su origen, se propagan a gran velocidad en virtud de la dejadez de nuestros gestores públicos –políticos y funcionarios– que habrían de cuidar de la limpieza y adecuado mantenimiento de las masas boscosas, lo que según han manifestado algunos vecinos no se había producido. Probablemente su coste habría sido menor que el de todas las avionetas y helicópteros que han pasado por encima de mi campito desde San Vicente y/o Mutxamel hasta la pedanía monovera (y añadan los aparatos que creo han llegado a desplazarse desde Cuenca. Estos “despistes” nos salen bastante caros.

Lo de menos es que el ruido de los motores no me haya dejado ayer dormir la siesta. Lo de mas es si los que han tenido que abandonar sus viviendas a todo correr podrán dormir las noches siguientes a pierna suelta. Y hoy viernes –cuando escribo estas líneas– los aparatos continúan volando… y facturando.

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Toni Gil

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