Se hizo periodista para cambiar el mundo

Vacaciones en fechas de reflexión. Seleccionamos lecturas que combinen relajación con ponderación. Si uno lo hace sin distraerse, una cosa le lleva a la otra. Hemos accedido a un ensayo realizado por el profesor de periodismo Javier Marrodán sobre “la realidad sin intermediarios”, cuyas consideraciones hacen de unión entre dos vocaciones muy definidas que son muy oportunas para estas jornadas: la llamada al servicio de los demás que tienen los misioneros y misioneras y el periodismo de interés humano de quien es arrastrado por las noticias más brutales que se producen en lugares alejados, castigados por la naturaleza o por los demás (las guerras).

Ya decía Kapuscinski, una de las voces más respetadas en esta profesión, en su obra “Los cínicos no sirven para este oficio” que “no hay periodismo posible al margen de la relación con los otros seres humanos”; o mejor: “para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser un buen ser humano”. Y se comprende a los demás palpando las angustias, certezas y esperanzas que devienen de sus creencias.

Un corazon invencible

A lo largo de su exposición, el profesor nos va mostrando cómo, sin pretenderlo, los misioneros han sido, en el fondo, los verdaderos corresponsales: su presencia, sus expresiones ante la cámara, sus gestos, el tono de su voz, sus conocimientos de hechos y situaciones, eran la elocuencia personificada, la verosimilitud más auténtica y más humana. Algunos escritores, y también directores e intérpretes de películas, se han adentrado en las tragedias reales de lugares inaccesibles para hacernos llegar sus historias de ficción “basadas” en hechos reales. Hay muchos casos y muchos nombres; pero hay que elegir. El periodista Daniel Pearl fue degollado en Pakistán, uno de los países más peligrosos e inestables del planeta, adonde había llegado a parar buscando vínculos entre grupos terroristas emparentados con Al Qaeda y los autores del ataque a las Torres Gemelas. Llevaba un diario en donde, entre otras “curiosidades” escribió que se había hecho periodista porque consideraba que era una profesión apropiada para cambiar el mundo. Su periplo se llevó al cine en 2007 (“Un corazón invencible”, dirigida por Michael Winterbotton, con Angelina Jolie en el papel principal). Entre guerras, desastres naturales, desplazamientos de millones de personas…, siempre hubo un misionero o una misionera, a los que un periodista les pidió que le explicaran la verdad.

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