Hazme tu rostro ver en la aflicción

Coincide este año la fiesta alicantina de la Santa Faz (el día que vamos en romería, con fervor y penitencia, a ver el rostro de Dios) con la semana que conmemora el Centenario del hundimiento del transatlántico Titanic, la noche trágica del 14 de abril y el despertar atormentado del día 15, cuando ya no podía salvarse casi nada, aunque –según el filme de 1953- los músicos se volvieron a reorganizar con sus instrumentos de cuerda para interpretar un conocido himno americano titulado “Nearer, my Good, to Thee”.

Y es que hay una canción “de iglesia”, que en castellano titulamos “Cerca de ti, Señor, yo quiero estar” (que algunos reconocerán rápidamente), una de cuyas estrofas incluye el verso “hazme tu rostro ver en la aflicción”. Enlazamos la película “El hundimiento del Titanic”, en un limpísimo blanco y negro que logró un óscar al mejor guión. Nos estamos poniendo trágicos, sí, pues si vamos a ver a la Santa Faz vamos a ponernos ante el lienzo en el que, según la tradición, quedó plasmado un rostro deformado, ensangrentado, escupido y verdaderamente atormentado (y aquí ya hablan las Escrituras, del Antiguo y Nuevo Testamento) si, como creemos, es el de Jesucristo.

Todavía hay entendidos que consideran a esa película (que no fue la primera, ni luego sería la última, que trató el tema del Titanic) como la mejor, si consideramos las limitaciones de la época para hacernos ver el drama de un viaje que iba a ser prodigioso confiando en exceso en la técnica y la capacidad humana. Además de que contó con el afamado director Negulesco y papeles principales interpretados por los recordados Robert Wagner y Bárbara Stanwyck en plenitud de forma marcando estilo. También es de agradecer que Sol Kaplan, autor de la banda sonora, incluyera el himno citado, quizás como golpe entrañable de efecto, pues era pieza religiosa muy conocida en Estados Unidos, utilizada por las confesiones cristianas (probablemente de rito mormón) que ha sido asimismo interpretado por voces tan reconocidas como Doris Day o en versión gospel por Elvis Presley. Hemos visto que algunos, supongo que confundidos, creen que este cántico es del padre Gabaráin (el de “Pescador de hombres”, “Una espiga dorada por el sol”, “Juntos como hermanos”, “La muerte no es el final” y otras 500 más), único “autor de Iglesia” que, aunque sólo vivió 55 años, consiguió un disco de oro.

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