Andrés Aberasturi (Madrid, 1948) cobró su primer sueldo como periodista trabajando para la Hoja del Lunes de Alicante, un periódico que tenía mucho prestigio, pues tras unos años viviendo en Alicante, volvió a su ciudad natal, Madrid, estudió la carrera que había experimentado con dicho periódico y con “Información”, y allí fue admitido en el periódico “Pueblo”, diario que sirvió de lanzadera para que destacados periodistas llevaran posteriormente programas propios en emisoras de radio y canales de televisión emergentes; allí se aprendía mucho.
Así se lo ha contado al entrevistador Sergio Muñoz que lleva una sección para varios periódicos titulada “Así empezó”, quien le define como “el hombre de la voz tranquila”. Y la verdad es que Aberasturi empezó a ganarse la vida de otro modo: vendedor por catálogo, electricista y otras chapuzas caseras, hasta que vino a Alicante a pasar una especie de año sabático; pero aquí, aunque aún no cobraba, trabajando en el diario y semanario citados, descubrió su vena literario-periodística (con la que tanto me identifico particularmente), pues a su debido tiempo también desgranó sus sentimientos y sus demonios interiores en libros de relatos y poemas (“Palabras para Cris”) dedicados estos especialmente a su hijo afectado de parálisis cerebral.
Recordándole por esta ciudad y provincia en aquellos años y más tarde, invitado siempre a estar con las amistades que dejó por ser persona tan accesible, vivaracha y simpática, el amable Andrés dice que “no hay medios cómodos o incómodos, hay programas cómodos o programas incómodos. Yo, por educación sentimental, me considero un periodista de prensa escrita. Pero –añade humildemente- no tiene más mérito que el que cuando empecé a hacer periodismo la única salida que había para un periodista era un periódico de papel. (…) Cada medio es atractivo. La prensa escrita es para mí lo más serio, la radio es más entrañable y la televisión es el medio por excelencia: Tienes que salir en televisión”.
Ahora está prejubilado por cuestiones del ERE de TVE, pero siente la necesidad de colaborar en programas y escritos. Y no es nada optimista con el futuro de esta profesión. Como todo depende de las nuevas tecnologías cada vez se necesita menos gente para hacer las cosas. El papel está llamado a desaparecer y en internet se puede hacer un periódico entre dos personas, reconociendo que ése, con imagen, es el futuro, aunque hay tanta cantidad de contenido que es complicado que te lean.
