Reportajes

Héroes sin aplausos

Calle Reina Victoria vacía por efecto de la cuarentena (Fotografía: Verónica Maciá Richarte).
A las ocho se sale a los balcones, pero hay protagonistas de los que nadie se acuerda. Son los comercios de proximidad, las tiendas del barrio que no pertenecen a ninguna gran cadena y que han estado luchando cada día por hacernos la vida un poco más fácil.

Cualquier mañana antes del día cero. Una de las principales arterias comerciales de la ciudad, la calle Reina Victoria, está a rebosar. Coches, personas que van a trabajar, deportistas, comercios llenos a determinadas horas, gente deambulando sin rumbo fijo por el mero placer de sentir el sol en la cara, niños camino del colegio o jugando en los jardines…

Desde el sábado 14 de marzo en que se decretó el estado de alarma el panorama de Elche ha cambiado. Es difícil cruzarte con alguien y, si lo haces, evitas el roce e incluso cruzas de acera. También los aplausos de las ocho de la tarde se han convertido en parte de la rutina diaria. Sanitarios, policías, bomberos se unen a los ciudadanos que, encerrados en sus casas, respiran aire puro casi por única vez en la jornada.

Parecería un cuento si no fuera tan terrible: el coronavirus se ha llevado por delante todo aquello que, de tan normal, no apreciábamos. Dar por supuesto que las cosas funcionan porque sí es algo que probablemente dejaremos atrás. Y eso es bueno. Nuestra sociedad se mueve como un engranaje y un error en la cadena puede desembocar en una catástrofe.

En esta correa de transmisión están los comercios del barrio. Aquellos a los que el estado de alarma llegó con el añadido de otro virus casi tan letal como el covid-19: la economía. Una gran parte de esas pequeñas tiendas han cerrado. Pérdida de negocio, familias enteras abocadas a formar parte de un ERTE o directamente al paro. Un drama dentro de otro. Pero hay algunos que siguen con sus persianas levantadas. Son los considerados servicios esenciales en el Real Decreto 463/2020 de 14 de marzo en el que se declara el estado de alarma para toda España. Son los otros héroes. Aquellos a los que no hemos prestado atención porque formaban parte del paisaje y que hoy buscamos como si fueran nuestra tabla de salvación; aquellos a los que nos agarramos para no caer en la locura de una ciudad de zombis. Ellos no reciben aplausos. No son visibles pero, si no estuvieran, nuestros días serían mucho más oscuros.

Son las seis de la mañana. Sergio levanta la persiana de su quiosco. En media hora llegará la prensa del día y tiene que estar listo para su público.

A las seis y media el horno García está dispuesto para atender a sus clientes. El olor a pan recién hecho inunda la calle y nos recuerda cuando éramos felices.

A las ocho Irfan Hussain Shah abre la frutería. Su jefe, Mohamed Suleiman, tiene tres más y han permanecido a pleno rendimiento desde que comenzó la reclusión

Pili trabaja en un estanco con horario continuo desde las ocho. Ahí ha estado, al pie del cañón, a veces con miedo y otras, las más, con ilusión.

Rosario es farmacéutica y cada día acude a la farmacia de su padre, Manuel Ruiz, con una sonrisa para intentar solucionar las dudas que nos acechan a todos y para enfrentarse, junto a su hermana y Santiago, al virus.

Lorena y Fran cuidan de esos otros protagonistas, las mascotas que tanta compañía han hecho en las largas horas en soledad.

El quiosco de Sergio y Teresa forma parte de nuestras vidas. Pegado al puente de Canalejas abre todos los días, haga sol o llueva. Sea una jornada calurosa o gélida.

Sergio Pérez del quiosco Prensa Pérez Collado (Fotografía: Verónica Maciá Richarte).

Siempre te recibe con una sonrisa y el hecho de “bajar a por el periódico” se ha convertido en una excursión diaria que alivia el encierro. Aunque no pierde el ánimo, esta situación atípica es una sangría económica. Son muchos los clientes que han decidido no salir de casa por miedo al contagio y la falta de niños ha reducido también la venta de “chuches”. El bono bus prácticamente ha dejado de despacharse y la recarga de móviles o la recepción de paquetería han quedado muy tocados. Se queja de las ayudas de la administración: al ser servicio esencial, si cierra por voluntad propia no tiene derecho a nada y para acceder a otro tipo de subvención su facturación debe bajar en un 75% lo que se convertiría en una quiebra. Mientras tanto, el resto de suministros los paga religiosamente. Agua, luz y alquiler se mantienen, incrementados por el gasto en medidas de seguridad. No le han proveído de ningún material básico: ni mascarillas, ni guantes, ni geles de desinfección y la búsqueda de ellos fue, sobre todo al principio, muy difícil por la falta de existencias y el elevado precio que llegaron a alcanzar.

Ainnhoa e Isabel trabajan en la Panadería García, del Paseo de Germanies. Su alegría es contagiosa y tras las mamparas de metacrilato te atienden con rapidez y diligencia. Saben que fuera la cola para entrar es larga y ahora que aprieta el calor no quieren que sus clientes, muchos de edad avanzada, estén más tiempo del necesario.

Panadería García con Isabel y Ainhoa atendiendo a sus clientes (Fotografía: Verónica Maciá Richarte).

La higiene, que ya se mantenía por las características del negocio, se ha multiplicado por diez y solo tienen palabras de agradecimiento hacia todo aquel que va a su establecimiento: “La gente se porta genial. Guardan la distancia de seguridad y todos vienen con sus guantes y mascarilla”. De nuevo la misma queja sobre los elementos aislantes: “Todo lo ha comprado el jefe. El Gobierno no nos ha suministrado nada”.

Irfan Hussain está orgulloso de trabajar en un servicio esencial. Su amabilidad habitual se ha incrementado si cabe. Tiene clientes mayores que no saben muy bien como utilizar los guantes y se afana por ayudarles y explicarles cómo hacerlo.

Irfan Hussain Shah sonríe bajo su mascarilla en Fresh Garden (Fotografía: Verónica Maciá Richarte).

Especializados en fruta y verdura de la comarca y provincias limítrofes, han mantenido abiertos los cuatro locales de que disponen en la ciudad. Frutas y Verduras Fresh Garden, propiedad de Mohamed Suleiman, aunque han bajado sus ventas por la menor afluencia de clientes, no se quejan. Han seguido con su servicio y perfectamente abastecidos. La confianza generada en el barrio ha dado sus beneficios y al haber limitado a cuatro el número máximo de personas que pueden estar en el establecimiento, siempre hay cola. La Policía Local se acerca regularmente para controlar el aforo e Irfan agradece esta ayuda suplementaria, sobre todo en horas de máxima afluencia.

El estanco situado en la calle Reina Victoria 34 también se considera servicio esencial. Pili, una de las empleadas que atienden cada día a los usuarios, siente que no se les reconozca como tales aunque está contenta del trabajo que realiza. El sábado 14 de marzo prácticamente se quedaron sin existencias por el temor de la población a que cerraran durante el estado de alarma, pero a partir de ahí la venta se estabilizó prácticamente en los mismos niveles que antes de la crisis. Por el cierre de los bares se perdió la clientela que llenaba sus máquinas de tabaco, pero se compensó con la afluencia de los que antes compraban en las cafeterías. Lo que sí han notado es un incremento en la venta de prensa diaria y sobre todo de cuadernillos de pasatiempos. Las medidas de seguridad, a pesar de tratarse de una concesión pública, las ha suministrado el dueño. Como en el resto de comercios, aunque se les exige que cumplan una serie de requisitos, la escasez de los materiales necesarios les ha llevado a aprovisionarse de ellos sin esperar a que el Gobierno español o de la comunidad se los entregara. En cuanto a la clientela, la mayoría ha respetado las normas con alguna contada excepción que no quería entender lo anómalo de la situación.

Pili, de la Expendeduría de la calle Reina Victoria n.º 34, protegida para atender a sus clientes (Fotografía: Verónica Maciá Richarte).

La farmacia de Manuel Ruiz Samper lleva más de cincuenta años abierta. Su hija Rosario, también farmacéutica, se encarga junto a su hermana y Santiago, empleado desde los inicios del negocio, de hacer frente a esta pandemia. Aunque pertenecen al sector sanitario, muchas veces olvidamos que ellos son una primera línea en la lucha contra el coronavirus. En el momento en que se estableció el estado de alarma y ante el miedo al contagio instalado en la población a ir a hospitales y centros de salud, las boticas se convirtieron en el primer lugar al que acudir ante cualquier duda. Además son el punto de venta de mascarillas, guantes y gel, junto a algunos supermercados. “El día que se iban a dar las mascarillas financiadas por la Generalitat sí hubo más ajetreo de lo normal, pero se pudo gestionar bien porque se iban entregando rápidamente gracias a que no era necesario ir a confirmar la entrega al médico de familia. Los primeros días del estado de alarma también se agolpó más gente que pensaba que se iban a acabar los medicamentos”.  Al igual que en otros establecimientos del barrio, el comportamiento de los ciudadanos ha sido, en líneas generales, ejemplar, pero por sus características sí que llegaba mucha gente que desconocía la forma correcta de usar la mascarilla y con preguntas sobre los síntomas del covid-19.

Si alguien ha vivido de primera mano el problema del desabastecimiento han sido ellos. Además de no recibir más material que el pudieran conseguir por sus medios o a través del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Alicante, han hecho frente a la búsqueda a veces desesperada de los ilicitanos. Las máscaras protectoras han escaseado desde el principio y han sufrido las oscilaciones en el precio hasta que el Gobierno, el pasado 21 de abril, fijó el importe en 0,96€. Esta actuación no ha solucionado el problema. Empresas nacionales no pueden fabricar a  esa tarifa y eso hace que se tengan que seguir importando, fundamentalmente de China, con lo que implica en demoras en un mercado que se ha vuelto salvaje. Rosario asegura que “estamos observando que en otros productos va a pasar exactamente lo mismo. Guantes y alcohol son difíciles de conseguir hoy ya que las empresas no se arriesgan a que les pase lo mismo que con las mascarillas y no están fabricando hasta no saber a qué precio se van a poder vender”.  La fijación de precios en el gel hidroalcohólico solo afecta a determinados empresarios a los que se les ha permitido fabricar en esta situación de emergencia. En este supuesto la información transmitida desde el Gobierno no ha sido clara y las lociones que tradicionalmente se han vendido en las farmacias no tienen ninguna limitación en el PVP.

Lorena y Fran han estado en Vida Animal, tienda de alimentación y accesorios para mascotas y peluquería canina, durante todos los días de la cuarentena. Aunque dejaron de poner guapas a las mascotas ya que pueden ser portadoras del virus, el establecimiento ha estado abierto todo este tiempo.  En tiempos difíciles es importante hacer fácil el acceso a los productos y pusieron en marcha un servicio a domicilio sobre todo para “ayudar a que las personas mayores se quedaran en casa”.  Los primeros días la gente hizo acopio de piensos ante el temor de que tuvieran que cerrar y hubiera desabastecimiento, hasta el punto de que tuvieron que limitar las unidades que se podían llevar: “Parecía que se iba a acabar el mundo”. Fran recuerda cómo el día previo al encierro se quedó sin “potitos” para su hija porque una señora se llevó todos los que había en una gran superficie. Eso le hizo pensar que nadie tenía que estar sin sus productos básicos porque alguien acapare y se sintió orgulloso de que el negocio en que trabaja intentara que todos tuvieran acceso a la comida de sus “peludos”.

No han tenido, al igual que el resto de los establecimientos, ningún suministro de material sanitario por parte de las autoridades. Eso sí, los bomberos de Elche les hicieron llegar pantallas protectoras.

Lorena y Fran de Vida Animal han seguido atendiendo a sus clientes (Fotografía: Verónica Maciá Richarte).

Estas son pequeñas historias de grandes personas. Pero hay más. Gente que cada día nos ayuda a ver que la vida sigue igual. Tenemos los mismos problemas y las mismas alegrías. El virus ha paralizado nuestro hacer cotidiano, ha quebrado muchas cosas pero gracias a todos ellos podemos continuar respirando

Aquí va el aplauso a esos otro héroes, también sin capa como los sanitarios y las fuerzas de seguridad, pero que, cómo ellos, se merecen nuestro agradecimiento y nuestro cariño. ¡Gracias de corazón!

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Verónica Maciá Richarte

Periodista, abogada y Máster en Análisis de Operaciones contra el terrorismo yihadista.

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