Balones a la olla

Herculanitis crónica – Herculanitis aguda

Cartel de abonos 2015-16 del Hércules C.F., con el jugador Chechu Flores en el partido contra el Cádiz de 2015 en el que se jugaba el ascenso a Segunda División. Foto: HÉRCULES C.F.
Cartel de abonos 2015-16 del Hércules C.F., con el jugador Chechu Flores en el partido contra el Cádiz de 2015 en el que se jugaba el ascenso a Segunda División. Foto: HÉRCULES C.F.

La verdad es que, a las puertas de esa verdadera final que representa el partido de ida y vuelta entre Cádiz y Hércules con el objetivo del ansiado ascenso a la Segunda división A, y por tanto de nuevo la incorporación al fútbol profesional, me planteo hablar del partido del año pasado en el Ramón de Carranza, segunda ronda de la eliminatoria. Me planteo volver a escribir sobre el atraco sufrido, no es la primera vez que lo hago, me planteo hablar sobre el incalificable arbitro extremeño Sánchez Laso, el que nos robó, el que nos escamoteó un penalti, el que nos señaló uno en contra que no era, árbitro que , por cierto, por una razón o por otra, ya no ha vuelto a dirigir un partido.

 Me planteo hablar de revanchas, de destino caprichoso que ni en un guión de película de suspense hubiera venido dado de tal forma. Pero después de todo, finalmente y ante el inminente Cádiz-Hércules y el Hércules-Cádiz del último fin de semana de junio, de lo que me planteo hablar es de la “Herculanitis” que, como la enfermedad, existe de dos tipos. 

Según la Real Academia de la Lengua Española, una enfermedad lo es crónica, cuando es larga, cuando ya es algo habitual en el paciente y cuando viene de tiempo atrás. En el caso de la enfermedad aguda, la noble institución la define como algo nuevo que alcanza de pronto una extrema intensidad.

Estadio Rico Pérez durante un partido contra el Nàstic de Tarragona, 3 de mayo de 2009. Foto: JULIO LATORRE, en Flickr.

Desgraciadamente, y digo desgraciada y lamentablemente, la afición del Hércules no es como la del Valencia, la del Atlético de Madrid o la del Betis, y sabe Dios que me apesadumbra decir esto. En esas ciudades, esos equipos bajan de primera a segunda y en algunos casos o se mantiene el número de socios o incluso hay más, porque eso le duele, pica y escuece a mucha gente. Aquí cuando el Hércules está en Primera División, como la última vez, el club consigue alrededor de dieciseis mil abonados o algo menos, sumando los que vienen de localidades de la provincia, que poco les importa el equipo de la capital, pero vienen a ver a los grandes y por eso se hacen abonados. Cuando el club milita en Segunda División entonces los abonados son entre ocho y nueve mil, y los que vienen del resto de la provincia son contados, porque ya no se va a ver al Real Madrid, Valencia, Barcelona, Sevilla, o Atlético de Madrid entre otros. Y cuando estamos en Segunda B, entonces solamente queda la afición residual, unos cuatro o cuatro mil quinientos abonados, que seguramente también lo seriamos si el club descendiera Tercera División o Preferente. Herculanos de verdad, los crónicos, los que sienten y padecen esto de tiempo atrás. Ese reducto de afición que ocupa una décima parte del coliseo herculano cada quince días, y que estoicamente se traga al Olot, al Xàtiva, a La Pobla de Mafumet, al Alcoyano, al Hospitalet, al Cornellá, al Reus y a la madre que los parió. Viene todo esto al caso porque de pronto, en los partidos de promoción, bendito sea, se ha desatado la “Herculanitis” aguda, esa que se instala de pronto con extrema intensidad.

Si el carácter y el ánimo fuera otro, y visto lo visto en el Rico Pérez en el último Toledo-Hércules, quince mil espectadores,  esta ciudad de más de trescientos cincuenta mil habitantes a la que se suma San Vicente del Raspeig, Campello, San Juan y el resto de la provincia, podría tener fútbol en Primera año tras año de forma desahogada, a la par con una clase dirigente y directiva que estuviera a la altura.

Ojalá sea este año el bueno. Ojalá suba el Hércules a Segunda A, y ojalá sea ese el mejor colofón a unas Hogueras de San Juan, que ese mismo fin de semana tendrán su punto álgido.

MACHO EL HÉRCULES.

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Virtudes Campoamor

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