
MOLINOS DE VIENTO de Consuegra, una joya de la humanidad. (Foto: Héctor Sarasti)
“En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” es, sino la más conocida de las introducciones literarias de las que se tengan noticia en el idioma español, si una de las más citadas por el común y no común de las personas; esto pese a que, contradictoriamente, hace parte de una de las novelas menos leídas a cabalidad…¡¿Cómo?!…
Bueno, si vuestra majestad se leyó El Quijote de cabo a rabo sépame excusar tal ex abrupto pero, por si las moscas, afírmeme de buenas a primeras, sin buscar, ¿En cuánto y en qué moneda tasaron cada uno del total de pliegos que usted sabe tuvo la obra en el año en que salió a la venta, como también es de su conocimiento? Además, ¿Quién era Cide Hamete Benengali? ¿Cuántas salidas hizo El Quijote?¿Cómo se llamaba la mujer de Sancho Panza? ¿Y cómo el famoso “Bachiller”?¿Quién era Aldonza Lorenzo?¿Contra qué topó el Quijote en El Toboso?¿Qué le pasó a Don Quijote en La Cueva de los Montesinos? Y, para terminar de tumbarle la breva, eso sí muy respetuosamente, querido lector, ¿Don Quijote murió en una cama o en franca lid, de caballero? y dando esta respuesta, afirme ¿cuáles fueron sus últimas palabras?
¿Que…que…que…ta…ta…ta…eh…eh…eh…huhumm…huhumm…huhumm… cof, cof, cof..emm? No se preocupe, amabilísimo amigo, no tartamudee ni se atosigue en las respuestas que, ni leyéndolo, el 90 por ciento de las personas se acuerdan de esas respuestas lanzadas así a mansalva y a mala leche. Pero, cómo este no es lío que nos concita aquí sepa que hablaremos de los Molinos de Viento que aún se conservan en España y que dieron pie a la recreación de parte de la obra de este Hijo de Algo o Hidalgo al que un día se le “secó” el cerebro de leer tanta novelas de caballería.
Y es que la historia irreal de El Quijote y, en particular, de los Molinos de Viento se recrea en un escenario real de España que aún podemos ver, oler, palpar, oír y saborear en la actualidad y que abarca el centro y parte del sureste de ese Reino, llamado actualmente Castilla-La Mancha así como, en general, otros lugares visitados por “El Caballero de La Triste Figura” (Barcelona) en las salidas que hizo en las páginas de ese libro publicado, en dos partes, por primera vez en 1.605, al costo de 3 ½ maravedíes (una de las monedas de la época) tal y como tasaron cada uno de los 83 pliegos que tuvo de extensión ese manuscrito que Cervantes atribuye la autoría a un árabe norteafricano llamado Cide Hamete Benengali quien habría contado el deambular que hizo ese caballero y que, en no pocas veces, enemistó -sin quererlo- a Sancho Panza con su esposa Teresa Panza o Teresa Cascajo o Mari Gutiérrez o Juana Gutiérrez, los cuatro nombres con los que enigmáticamente “El Manco de Lepanto” citó a la misma persona en su famoso libro que cumple ya 406 años.
Traídos al caso, los molinos de viento surgen -al menos documentalmente- en España a mediados del siglo XVI, en esa región de Castilla-La Mancha. Región que se divide en este presente en cinco provincias: Albacete, Ciudad Real, Guadalajara, Cuenca y Toledo; la cual para ese entonces pasaba una gran sequía y se sirvió de esas moles cilíndricas, de cal y piedra, con aspas para proveer de alimentos a los lugareños que veían la despensa vacía de todo menos de harina de trigo y otros cereales que procesaban allí gracias al viento (Energía eólica) que mediante un mecanismo rústico, pero muy efectivo e ingenioso, trituraba el cereal entre dos piedras separando la cáscara del grano y que habían traído, parece ser, desde Israel los cruzados o guerreros de esa época.
En resumen, ¿para qué se utilizaba un molino de viento? Así de claro, para moler, como se dijo, grano. ¿Quiere que lo sorprenda?¿Si? El techo de esos molinos de viento no era fijo, el mismo podía moverse 360 grados en círculo con el fin de que el molinero pudiera colocar las aspas de cara al viento. ¿A que no lo sabía?… Yo tampoco hasta que pude ver uno en vivo y en directo y agarrar el famoso palo de gobierno que ya le contare…
-“¡No huyan!, ¡cobardes y viles criaturas!, que un solo caballero es el que os acomete…. Levántose en esto un poco el viento y las grandes aspas comenzaron a moverse…
Y en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante, y embistió con el primer molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo…”
EL MOLINO DE 400 AÑOS…
En la Castilla-La Mancha los molinos de viento se edificaban en las cumbres de las montañas que rodean estos valles plagados de ellas, cuya mayoría se pueden asemejar -para dar una idea- a grandes olas en pleno mar, pero de tierra, que se levantan sobre un terreno llano de color marrón u ocre.
Estos molinos son edificaciones perfectamente circulares que diseñaban hace más de 400 años y cuya circunferencia perfecta se trazaba colocando un palo en el centro del terreno elegido y con una cuerda, de 6 metros que hacían girar, demarcaban en qué lugar se levantaban las paredes de piedra. Así no se vea a simple vista, internamente todo molino tenía tres niveles, o pisos, ni uno más, ni uno menos. Esto por la necesidades mismas de la molienda que en su orden eran: el silo, la camareta y y el moledero.
En la primera planta estaba el silo o cuadra: era el lugar donde el molinero dejaba la mula, la cabalgadura y otros elementos de labor cotidiana. Permitiéndome la animalada que afirmaré sería el parking o estacionamiento con almacén. De este lugar para arriba comenzaban las escaleras en caracol que comunicaban las tres estancias.
En la segunda planta, la camareta, se guardaban los utensilios de la molienda y los lienzos o grandes telas que se colocaban a las aspas para que, una vez amarrados a ellas, se pudiera generar el preciado movimiento que hacía la molienda.
Y en la tercera planta, sala de molienda o de piedras era todo. Lugar este al que, sin duda, se le puede comparar con una sala de máquinas que en cumplimiento de la exacta teoría de la resistencia al viento hacía posible que los inmensos brazos de madera del molino se movieran y produjeran el molido del grano, que el molinero vertía entre las dos piedras: la volantera, la de arriba que se mueve; y la solera, la de abajo, y que era fija. Ambas piedras podían medir más de 8 metros y tener un groso de 12 centímetros. La fricción entre ellas permitían al grano separarse de la cáscara.
Las aspas se mueven cuando las telas ofrecen resistencia o impiden el paso del viento a través de los brazos. Este fenómeno físico hacía mover un complejo sistema de engranajes de piezas, en madera, que se lubricaban con aceite de animal (cerdo) y que, para no amargarles el dulce, se los resumo así: el tronco central que sostiene perpendicularmente las aspas trasmite el movimiento a una rueda dentada (“catalina”) que está internamente y bajo el techo en la mitad del tronco, a manera de anillo, en lo alto (Vertical).
Ésta trasmite el movimiento a una rueda pequeñita que esta a lo ancho (horizontal) la misma que arrastra un palo largo que tiene en la punta de abajo una pieza que encaja perfectamente en la piedra superior, de las dos que hacen la molienda.
Ambas piedras planas se encargan de triturar el grano y dependiendo del tipo de grano sacaban o harina para consumo humano o para el consumo animal. Piedras planas, a la que se le tallaban surcos, con pico y martillo, muy precisos para que molieran
El grano no se compraba ni se vendía sino que, por lo general, era sujeto de trueque, tu me das yo te doy y todos tan felices. O sea, es decir, me explico, me deje decirle, me yo expla, me… me… lo que sea… el molinero recibía del campesino una cantidad de grano para que lo pilara. Una vez separada la cáscara del trigo, el procesado, el molinero se quedaba con una parte exacta que acordaba con el dueño del cereal
Siendo estas medidas muy exactas y muchas de ellas dejadas del mundo árabe cuando habitó en la península ibérica (Del año 711 a 1.492) y del mundo romano mismo (-200 A. de C. al 400 D. de C.) Para las cuantificar las harinas o áridos o granos existían medidas como el ochavillo, el ochavo, el quinto, el cuartillo, el celemín, la cuartilla o media fanegada, la fanega, la carga y el cahíz. Baste decir que eran medidas que iban de menor a mayor en cuanto a cantidad y que muchas se ellas se medían tomando como referente un cajón, un cajoncito, un cajoncillito, un cajoncititito y así todo lo demás. (Si me pongo a explicarle esto nos quedamos usted y yo, amigo, hasta que San Juan agache el dedo. Gracias por la comprensión).
La mayoría de molinos de viento que hay en España, o de los pocos que quedan, se concentran en la zona de Campos de Criptana. Esta zona fue inmortalizada en la narración de El Quijote, así como el general La Mancha. Escenarios que no solo tuvieron en los molinos coprotagonistas sin

MOLINO DE VIENTO. Así es por dentro. Infografía.
o también las sierras, las montañas, las ventas de comida y hostales a pie de carretera que aún se ven por estas tierras.
Quedará, por siempre, la duda de ese “Lugar de La Mancha
de cuyo nombre no quiero acordarme…”, así salgan mil teorías afirmando que era tal y cual… lo cierto y comprobable es que Siervo Antes, de donde deriva el apellido Cervantes, dejó con su pluma por los siglos de los siglos las miles de instantáneas de una tierra tan citada pero poco recorrida por las gentes del mundo, fuera de las páginas de Don Quijote de la Mancha.
Así que si le sobra uno que otro maravedí de su molienda, no lo dude, ¡váyase a recorrer los pasos de El Quijote!
“…Calla, amigo Sancho, respondió Don Quijote, que las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza, cuanto más que yo pienso, y es así verdad, que aquel sabio que me robó el aposento y los libros, ha vuelto a estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su vencimient
o: tal es la enemistad que me tiene; mas al cabo al cabo han de poder poco sus malas artes contra la voluntad de mi espada.
-“Dios lo haga como puede, respondió Sancho Panza”.
FIN.
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