Opinión

¿Hay algún hombre bueno disponible?

Consejo del Poder Judicial (Fuente: http://www.poderjudicial.es/).

Los jubilados de la extinta CAM mantenemos una asociación de la que obviamente soy miembro. Mensualmente editamos un boletín cultural-informativo que habitualmente dedicamos a una población en la que la Caja tuvo presencia. El número de este mes puede verse en la web de la Asociación de Jubilados CAM se ha dedicado a Sant Joan d’Alacant, y ello me permitió reencontrarme con mi colega Octavio para hacerle a él y a otros compañeros una pequeña entrevista. A pesar de la cercanía física, hacía años que no habíamos coincidido, y me contó que ahora era el Juez de Paz de su pueblo, en el que prácticamente había discurrido casi la totalidad de su vida laboral, hasta el punto de que mucha gente para referirse a la entidad lo hacía diciendo “la Caja de Octavio”.

Mi compañero es lo que yo llamo un hombre bueno, uno de esos de los que antiguamente se echaba mano para dirimir en algún asunto entre dos partes, aceptándose su arbitraje simplemente porque su prestigio le precedía. Octavio me comentó que su nombramiento por el Ayuntamiento sanjuanero tuvo lugar con el plácet de todos los partidos políticos allí representados. Aunque parece ser que su labor –la remuneración es de risa– en la práctica se reduce al registro civil y a celebrar alguno que otro enlace matrimonial, intuyo que su sola presencia en la restaurada villa Casa Pedro José, varios días a la semana por las mañanas, permite a muchos de los aborígenes y a los advenedizos que lo conocen saber que hay alguien en quien se puede confiar.

No sé de muchos hombres, de estos que yo llamo buenos, hay por este país. Recuerdo un sucedido personal. Hará unos cuarenta años, pasando unos días en Orihuela del Tremedal, Teruel, en el hostal que nos alojábamos, una tarde, en una mesa cercana a dónde estábamos dando la merienda a mis hijos, tres hombres trataban de un matrimonio; aun sin querer ser curioso, retazos de la conversación nos llegaban; uno de ellos, aseguró que iba a aportar al novio una punta de ovejas, y otro que a su hija le iba a dotar con unas tahúllas por allí cerca. El tercer individuo tomaba notas en una libretita. Cuando acabaron su tertulia, una jarra de vino sirvió de firma de los acuerdos. Al día siguiente, pregunté al hostalero quien era el escribidor, y la respuesta fue: Es un hombre bueno del pueblo; todo el mundo lo respeta”.

En las últimas semanas llevamos sufriendo en los informativos el tema de la renovación de los miembros del Consejo del Poder Judicial, con la cerrazón obtusa de unos y las ideas peregrinas de otros para salir del atasco. Hay quienes les instan a dimitir cumplido su tiempo; los hay quienes les acusan de cobrar una pasta y aguantar todo lo que se pueda; otros aseguran que alguno se beneficia por tener actividad privada en un bufete, otros…

Yo, ingenuamente, pensaba que cuando se enquista una situación no era mala idea acudir a algún hombre bueno, y, por ejemplo, hasta hubiera sugerido a periodistas de la talla, criterio e independencia de los Gabilondo, Cebrián o Vidal-Folch, por arrimar el ascua a nuestra profesión. Pero pensando detenidamente, me dije ¿por qué no acuden los dos partidos mayoritarios al Consejo de Estado cuya función, aun siendo consultiva, podría dar una opinión fundada o proponer otra más adecuada?  Incluso, como hacen en otros países, cabría pedir a expresidentes del gobierno ya lejos del trajín partidista qué hacer al respecto.

Lejos de buscar ese tipo de mediación, parece es que todos creen ser los “hombres buenos” de la película, y si no detengámonos cualquier día en los diálogos amables que se producen en el Senado, en el Congreso o en la Asamblea de Madrid. Ante tales espectáculos parece que habrá que seguir buscando…

Otrosí: aunque he utilizado el sustantivo “hombre” en todo el comentario, considere el lector y especialmente la lectora que lo he tratado de forma inclusiva. Mis hijas no me perdonarían la ausencia del género femenino.


Acceso para descargarse el número de octubre de la revista JubiCAM de la Asociación de Jubilados CAM.

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Toni Gil

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