Al paso

Hasél, apoyado por independentistas y algunos escritores y periodistas

Pablo Hasel. Imagen: Nikone Cons. (Fuente: YouTube).

La batalla contra los principios humanísticos y la Constitución estalla en disturbios graves, que los comunistas de Podemos intentan, alevosa y miserablemente, justificar con libertad de expresión

Una vez más se producen episodios de lo que debería llamarse ceremonia de la confusión. Esta vez con motivo de la condena del rapero Hasél a nueve meses de cárcel por delitos de “enaltecimiento del terrorismo e injurias a la monarquía y a las fuerzas de seguridad”. Se han producido algaradas graves de apoyo al rapero en varias ciudades, protagonizadas por independentistas y otros activistas de extrema izquierda comunista que han quemado contenedores, vehículos y mobiliario urbano, además de comercios y otros bienes privados. Se enfrentaron y atacaron violentamente a la policía causando muchos heridos entre los agentes. Normal dentro del funcionamiento de los grupos extremistas catalanes alentados por unos políticos notablemente descerebrados, que no han cesado de gritar “lo volveremos a hacer”.

Menos normal me parece la firma de un manifiesto de apoyo a Hasél, firmado por algunos escritores y periodistas de izquierdas, fundamentándolo en el derecho a la libertad de expresión, como si no hubiera otros derechos fundamentales que ponen límites a lo que termina por no ser libertad de expresión. Lo más antiestético del asunto es que se manifiestan por la libertad casi todos los que apoyan a Unidas Podemos, es decir a los comunistas; es decir, a quienes reniegan de la libertad para imponer la dictadura del proletariado, con un vicepresidente de Gobierno indigno y un portavoz parlamentario igualmente descerebrado.

Me parece bien que pidan la reforma del Código Penal y que haya una alternativa de castigo diferente a la cárcel. Pero lo que no se puede defender de ninguna manera es que cualquiera, tampoco un rapero, pueda ensalzar a terroristas de ETA, Grapo y Terra Lliure e injurie a diestro y siniestro sin que nadie le pueda toser. Por delitos menores contra sus militantes lleva el Podemos de Pablo Iglesias a los tribunales a españolitos desmadrados y me parece bien que los llame al orden.

Tiene que haber ley y orden, pero no imitando al impresentable de Trump, sino como en las mejores democracias del mundo, entre las que se encuentra España mal que le pese a Putin y a su amigo Pablo Iglesias, absurdamente vicepresidente del Gobierno encabezado por Sánchez y que traga los desplantes del político del moño (por mí como si se quiere hacer dos trenzas hasta la cintura, de macho ibérico renovado), mientras la vicepresidenta Carmen Calvo (otra tragaldabas) le lleva la contraria con un poco de dignidad.

Ya está bien de pisotear el derecho a la libertad de expresión y de mancillarlo con  posturas necias que a veces caen también en el delito de odio. Nada de medias verdades. Aquí nadie defiende las inmoralidades del rey emérito, ni pretende esconder los posibles delitos que haya cometido. Está siendo investigado y se tiene que llegar hasta el final para que triunfe la justicia y la verdad. El peso de la ley tiene que caer sobre todos, empezando por los más altos.

Juan Carlos I durante su mensaje navideño, 2011 (Fuente: TeleMadrid).

Claro que se puede poner en tela de juicio el régimen monárquico y optar por la república. Y si llega el momento de hacer un referéndum sobre el futuro de España y dictaminar si queremos república o monarquía, yo votaré por la república. Ya me he confesado otras veces como republicano y creo que las monarquías están llamadas a desaparecer todas antes o después. Pero de ahí a decir animaladas punibles contra la Corona hay un abismo. Hagamos todo lo que queramos por España pero dentro de la ley y de la ley de leyes, la Constitución, que es reformable, pero contra la que no se puede delinquir mientras esté vigente. Es cuestión de principios.

Entiendo que haya unos cuantos cientos de descerebrados (Ortega y Gasset decía que tan legítimo puede ser un régimen monárquico parlamentario como el republicano y él fue cabeza del grupo ‘Intelectuales por la república’ que propició la caída de Alfonso XIII), descerebrados digo en Cataluña y otras regiones que defiendan el terrorismo para sus fines más criminales que ideológicos, pero jamás entenderé a escritores y periodistas que no distingan entre el arte literario o musical y el ensalzamiento del terrorismo. ¿Queremos vender discos y hacernos famosos apoyando a ETA, Grapo, Terra Lliure y FRAP? Juan José Millás y Joan Manuel Serrat: para defender que no vaya a la cárcel Hasél me tendréis a vuestro lado, pero no para justificarlo con el derecho a la libertad de expresión. Decir que enaltecer el terrorismo es libertad de expresión es falso de toda falsedad. Vale que no queramos cárcel para Hasél, pero hagámosle entender que tras el terrorismo y los terroristas hay muchas muertes inocentes y muchas familias ahogadas de dolor. Por favor, no confundamos el arte con la imbecilidad y la grosería. ¡Un mucho de ética y un poco de estética! Ya no apelo solo a la moral. Yo apelo a la dignidad de la palabra puesto que me dirijo a los escritores y periodistas que firman el manifiesto de apoyo a Hasél. Estoy contra la cárcel, pero a favor de algún tipo de condena mientras el rapero no se arrepienta de enaltecer a terroristas y de injuriar. Las palabras, como la música, tienen que servir para hacer más nobles y hermanos a todos los hombres.

La batalla de algunos contra los principios humanísticos y la Constitución no debe revestirse con el falso manto de la libertad de expresión. Escuchemos los grandes argumentos político-sociales de Hasél al ser detenido por la policía tras enclaustrarse en la Universidad de Lérida, rodeado por un piquete de 70 independentistas: “Muerte al Estado fascista”.

No se salva nadie, ni el Ejecutivo de coalición PSOE-Unidas-Podemos (con Sánchez e Iglesias a la cabeza), ni el Legislativo (que no protege a ‘inocentes’ proterroristas e injuriadores), ni el Judicial, el que le ha rebajado la pena inicial de más de dos años a nueve meses al iluminado rapero. Un rapero que se cree Dios, por encima de toda ley y todo poder democrático.

Él lucha por ‘la causa’. Lo dijo al recluirse en la Universidad.  Pero nadie sabe cuál es su ‘causa’, aunque acaso la conozcan quienes le apoyan, entre ellos los escritores y periodistas que cabe suponer que asienten al enaltecimiento del terrorismo de ETA, Grapo, Terra Lliure y FRAP. ¿Están ellos integrados en el colectivo del que habla Hasél? Esto dice: “No nos van a doblegar ni con toda la represión. Amnistía total; ganaremos: no nos pasarán nunca (la frase de La Pasionaria les vendrá a la memoria a los comunistas Pablo Iglesias y Alberto Garzón ahora en el Gobierno fascista de Hasél); lucharemos hasta la victoria siempre”.

Es lo mismo que reivindicaban, en los años setenta, los militantes del FRAP, entre los que se encontraba el padre de Pablo Iglesias, ahora llamado fascista por Hasél. En la historia del comunismo siempre hubo facciones que se odiaban a muerte. Eso sí, siempre en nombre de la libertad, libertad para matar y no solo de expresión.

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Ramón Gómez Carrión

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