Impulso irresistible

Figuras quebradas

Imagen: Gerd Altmann.

La foto nos impresionó enormemente. En el centro de una avenida importante de Santiago de Chile, junto a restos de metralla, estaba Jesús por los suelos, siendo ahí una representación de la Virgen la que salió mal parada, porque le quebraron la cabeza, la mirada de madre sufriente, el rostro de la Virgen Dolorosa. No hemos sabido nada más de esta salvajada (“Cristianofobia 2020” dice el titular de la revista que lo comenta), pues el texto se centra en la violencia que padecen los cristianos (uno de cada ocho creyentes en 73 países; más afinadamente: 260 millones de cristianos que padecen persecución alta o extrema), según un informe de la ONG denominada Puertas Abiertas. Al ver esa composición artística y religiosa, lo primero que nos viene a la cabeza es que forma parte del elenco natural de una población en la Semana Santa que cuida y adorna con gusto exquisito unas imágenes expresivas, vibrantes a veces, en una procesión española de cualquier pueblo, sea en Semana Santa, en las fiestas del pueblo o en un traslado de parroquia o de barrio; eso sí rodeados todos de saetas de sentimientos, o cantos sacros.

El conocido escritor Enrique Monasterio hablaba también de las figuras rotas, y empezaba a sacar a las figuritas del belén, con sus maquinarias del molino para proveer al pueblecito que ya no funcionan, con borricos desorejados y con huellas de mordiscos, con ovejas lisiadas por algún que otro pellizco, o bien un pastor manco (cuya mano desapareció en un cambio de casa), y también con ángeles de alas quebradas. Pero a esas figuritas no debíamos de tenerles mucha compasión, pues más que creer en el papel que realizaban en Navidad, las poníamos luego a hacer de héroes como los que leíamos en los cuentos. El milagro anual con imágenes normalmente a tamaño natural de nuestra Semana Santa, mecidas por costaleros y costaleras con sus cargas y descargas, con el acompañamiento de una selecta banda de música, con las luces de las calles apagadas, el paso de penitencia por lugares anticuados y envejecidos que facilitan el retumbar de tambores, los coloridos y brillos de los nazarenos, el olor a incienso y a flores escogidas, el estreno de una marcha procesional por la banda y los timbaleros…  Todo eso nos emociona hasta lo indecible, sin pensar que en otros lugares a otros cristianos los persiguen los bandidos de verdad que llevan bombas y metralletas, mientras que aquí algunos niños inocentes son sacrificados o ni siquiera llegan a nacer.

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Demetrio Mallebrera

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