Al paso

Enrique Ponce, Paloma Cuevas, Ana Soria y Antonio Machado

Enrique Ponce (Fuente: Paseíllo literario). Paloma Cuevas (Fuente: Pinterest revista ¡Hola!). Ana Soria (Fuente: Instagram). Antonio Machado (Fuente:https://www.biografiasyvidas.com/).

Muy católicos. Muy serios. Muy enamorados. Él tiene 48 años y ella 21. Podría ser su hija, una hija nacida hace 21 años cuando el tenía 27. Ahora no llama demasiado la atención la diferencia de edad, aunque sí bastante, pero llegará un día en que él tenga 65 años (edad de jubilación) y ella 38. El será un abuelo en línea decadente y ella una mujer muy joven todavía y no todo será tan de color rosa, si es que para entonces persiste la unión sentimental y continúan casados, que esa es otra. Quien rompe la pareja una vez… No todo el monte es orégano. Y quien hace un cesto hace ciento.

El superfamoso torero Enrique Ponce lleva más de 20 años casado y diciendo que su esposa Paloma fue el mayor y mejor apoyo en su vida, ¿Qué ha ocurrido para que el rosa de amor se haya convertido en negro antes de llegar al amarillo de la ancianidad?

Los medios de comunicación, sobre todo los llamados del corazón, no cesan de proclamar los principios católicos que profesan los dos recién enamorados. Pero parece que las campanas de boda están un tanto lejanas. No puede haber boda hasta tanto no se produzca la anulación del matrimonio Ponce-Cuevas. Sin anulación, el vínculo es para toda la vida, hasta que la muerte los separe

Los principios católicos del matrimonio se reducen a dos: para toda la vida, si ha sido normal, o nulo si tuvo defectos esenciales al producirse. Si no hay nulidad, un católico no puede contraer nuevo matrimonio. En caso de unirse como pareja, sin previa anulación, o conviven como hermanos, sin relaciones sexuales, o estarán cometiendo adulterio, pecado muy grave para un católico. No sería extraño que optara Ponce por iniciar el proceso de nulidad de su matrimonio con Paloma, empresa que no es sencilla y que difícilmente llegaría a buen puerto si, como dicen los medios de comunicación, Paloma Cuevas no está por la labor.

¿Por qué, en lugar de buscar ‘abogados canónicos’ para deshacer matrimonios, no buscamos ‘abogados de familia’ para reparar matrimonios agrietados, a veces. por cuestiones menores que pueden rozar el absurdo? Veinte años de convivencia y dos hijas en común no pueden (o no deberían) tirarse por la borda y muy difícilmente ayudarán a fundamentar la petición de nulidad.

No sería la primera vez que la fama lleva a que gente que nos parecía (y era, acaso) sensata, pierda la cabeza por un capricho, sobre todo si éste tiene 21 años y es una preciosidad física y mental. Porque eso dicen de Ana, que es maravillosamente guapa por fuera y bellísima por dentro.

El asunto de la ‘llama de amor’, que se apaga con la esposa de uno y se enciende con la jovencita que nos hace tilín, puede tener muchas interpretaciones. Yo me pongo (es un atrevimiento el meterse en la vida de los demás, pero me arriesgo en este caso) en el lugar de Ponce y sopesaría eso que se suele decir sobre la mejor de las rupturas matrimoniales: “Queremos lo mejor para la pareja y, sobre todo, para los hijos”, en este caso dos hijas de 12 y 8 años. ¿Se han planteado seriamente los cónyuges que acaso lo mejor sería continuar juntos agotando todos los recursos a su alcance para volver a encontrar la paz de la reconciliación y acaso nuevos brotes de amor maduro en lugar de caprichoso devaneo insensatamente juvenil?

No escribo de Ponce y de su nuevo amor por meterme en la literatura ‘corazonaria’ sin ton ni son, sino porque vivimos unos tiempos en que al matrimonio no se le da ninguna importancia y hasta se le fustiga por supuestos progresistas fatuos, insustanciales, corrosivos y hasta infrahumanos, que quieren reducir al hombre y a la mujer a puramente animales de instintos. Aprovechan, eso sí, su ‘progresismo’ absurdo y fatalista, para atacar a la Iglesia Católica y a las religiones en general por “promover el matrimonio como forma de dominio del hombre sobre la mujer”. 

Imagen: Skeeze (Pixabay).

Llevamos ya muchos años de campañas interminables contra el matrimonio y la familia, perorando engoladamente con que ya no hay un solo modelo de familia sino tantos cuantos se les ocurra a los variados grupos de ideología de género que compiten a ver quién dice las barbaridades más insospechadas con aire de suficiencia y hasta presumiendo de auténtica moralidad. Intolerable exceso si estuviéramos en una sociedad madura, intelectualmente (no ya tecnológicamente) asentada. Solo se habla de la libertad de hacer cada quien lo que le apetezca con su sexo y con su cuerpo, sin referencia alguna a lo espiritual que subyace en lo más profundo del hombre y de la mujer, a los que se les quita toda jerarquía, toda trascendencia.

Esta es en una época de ligereza, de falta de principios, de exceso de inmadurez, de canto al libertinaje en las relaciones de pareja, con las secuelas indeseables, pero reales, de comportamientos fatuos que pagan sobre todo los hijos, pero también los protagonistas de uniones que de antemano ya se conciben como para ‘mientras esto dure’, y ‘esto’ no suele ser el amor sino el sexo.

No hablo solo del matrimonio eclesiástico o religioso; también de emparejamiento civil, pero basado en un ejercicio de responsabilidad. Un emparejamiento tiene que ser, por principio, para toda la vida. Pero las estadísticas dicen que pronto habrá casi tantos divorcios como matrimonios. En 2018 se produjeron en España 99.914 divorcios, frente a 162.743 matrimonios. Cada año hay menos matrimonios. En 2016 fueron 171.023 y en 2004, 216.149. De 2004 a 2018 bajaron en 53.406.

Las estadísticas también dicen que la mayoría de los divorcios se producen tras unos veinte años de matrimonio, que son justamente los que han cumplido Enrique Ponce y Paloma Cuevas. Este árbol matrimonial ha dado dos frutos. Otros árboles envejecen como pueden y eso me recuerda un bello poema de Antonio Machado (‘A un olmo seco’), que resumo:

Al olmo viejo, hendido por el rayo,

y en su mitad podrido,

con las lluvias de abril y el sol de mayo

algunas hojas verdes le han salido…

Antes que el río hasta la mar te empuje

por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera

también hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera.

Yo pediría paciencia a los ‘desengañados’ del matrimonio y que esperen (y hasta colaboren a) otro milagro de la primavera antes de romper con su pareja.

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Ramón Gómez Carrión

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