Reportajes

El vino de lujo español: Fondillón

No es la primera vez que seguir la pista de algo tan técnico como una ficha de cata me lleva tras los pasos de una saga familiar que vela por las cualidades organolépticas de unas uvas. De la pulcra descripción a la terrenal pasión por un trabajo, el de una bodega: MGWines que persigue un sueño: velar por la continuidad y posicionar el Fondillón: un vino dulce elaborado con uvas de la variedad monastrell que solo puede hacerse en Alicante, en parte debido a que sale de cosechas tardías que única y exclusivamente se producen en esta provincia y no en otra parte del resto del mundo. Esta es la historia de una familia alicantina, los Miñano Gómez que ven culminado en el Premio Alimentos de España al Mejor Vino 2020 su Fondillón 50 años “Siempre te Esperaré”.

El vino Fondillón 50 años «Siempre te esperaré», de Bodegas Monóvar (MGWines Group), es un vino generoso, embocado, elaborado con uvas de la variedad Monastrell al 100% sobremaduradas en cepas viejas en vaso, situadas en las laderas soleadas del valle del Vinalopó. Este vino, ha envejecido en toneles monoveros centenarios construidos en el siglo XIX de roble americano salvaje, procede de una meticulosa selección de las soleras de más de medio siglo de antigüedad que atesora Bodegas Monóvar, lo que le otorga una gran personalidad.

En palabras de Luis Miñano San Valero, presidente de MGWines, “el Fondillón está viviendo una nueva y floreciente etapa reivindicando así nuestro incomparable patrimonio enológico, dentro de la Denominación de Origen Protegida Alicante”.

El Valle del Vinalopó enmarca una de las bodegas de este grupo empresarial: Bodegas Monóvar. Aquí se concentra la logística, el núcleo empresarial, al calor de una parte histórica y cargada de emotividad: la sacristía y sala de barricas del Fondillón. Toneles centenarios de los que ya no se construyen. Artesanos, de proporciones gigantescas y sacados de robles canadienses que hoy sería impensable podar. Impensable y delictivo, además. El cine, la literatura, los viajes, la música, la gastronomía, todo cabe en esa sala onírica en la que uno entra acunado en penumbra y embriagado por un olor único a madera, fermento y anticipo de buen vino. Estamos en una galería de arte en la que la obra aún duerme en barrica. El artista principal es su enólogo: perteneciente a una familia que siempre ha hecho buen vino.

“Probé el tiempo en el cielo de mi boca” escribió Patricia G. del Río.

Antes de bajar a la sala del tesoro, y a modo de esos prolegómenos que como en las historias de amantes te hacen desear aún más el beso; Eva y María Miñana junto con su enólogo me han hecho comprender sus viñas, me han explicado el porqué de la lavanda y los rosales que acompañan a las viñas e incluso, y esto no me ha gustado tanto, me ha roto la magia al explicar que un ciprés siempre ahuyenta a los roedores, y es por esto que se plantaban en los cementerios: Acaso esto no tenía que ver con la espiritualidad?… Pero bueno, esto es otro reportaje…

Dejo atrás los cipreses para entrar en las instalaciones de Bodegas Monóvar, trastear unos tapones de corcho y darme cuenta de que existe todo un mundo en esta empresa: luxury, ecológicos… La embotelladora está parada y algunos palés esperan su turno. Me imagino la bodega a punto de la próxima vendimia y efectivamente Eva confirma que en esa época el trajín de la bodega es especial.

Imposible marcharse sin probar el Fondillón. De la mano de su enólogo y directamente sacado de una barrica del 64 me dispongo a probar. No se parece a nada de lo que yo haya probado antes. Es dulce. Con mucho alcohol para mi costumbre. Me gusta. Me hace sentir especial y comulgar con la magia que esta familia ha puesto en el proyecto. El retrogusto es muy particular, duradero. Y aporta sensaciones que acompañan durante el día. La ceremonia de cata se produce en un entorno íntimo, un espacio protegido por libros, barricas, botellas, vestigios en tiza de otros visitantes que han querido dejar su huella en las barricas y yo no quiero ser menos: “probé el tiempo en el cielo de mi boca”; puse, Y rubriqué. Me fui con la sensación de haber descubierto un gran producto: cuidado, exclusivo, con muchas posibilidades. Y entendí por qué lo han acompañado de la frase “siempre te esperaré”; porque yo así lo haría.

Sobre MGWines

MGWines es un proyecto familiar, formado por bodegas que unen la historia de viñedos y tierras singulares para elaborar vinos únicos. Una labor realizada desde la innovación y el respeto a las más arraigadas tradiciones vitivinícolas, donde el cuidado del entorno natural, la biodiversidad y la uva adaptada al terroir, son toda una seña de identidad. Esta forma de entender el vino desde la pasión y la autenticidad, la firma la define como Slow Enology.

El proyecto de la familia Miñano Gómez está compuesto por seis bodegas ubicadas en distintas regiones vitivinícolas, en las que se trabaja la recuperación de variedades autóctonas, así como la conservación del patrimonio enológico de nuestro país: Bodegas Monóvar, Bodegas Sierra Salinas, Bodegas Lavia, Bodegas Estefanía, Bodegas Casa Corredor y Bodegas y Viñedos Venta la Vega.

MGWines completa su porfolio de productos con la elaboración y comercialización de aceite de oliva virgen extra ecológico de la variedad arbequina, bajo la marca SUCADA, procedentes de los olivares de Finca La Lagunilla en Villena (Alicante).

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Patricia G. del Rio

Periodista licenciada por la Universidad Complutense de Madrid. Vallisoletana de nacimiento y afincada en Alicante. Editora de contenidos en un proyecto personal (www.racionalinvestments.com) y colaboradora de medios como la revista Turismo Castilla y León. Emprendedora, soñadora y creativa.

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