Impulso irresistible

El tiempo que resta promete una riqueza mayor

Fotografía: Couleur.

Lo hemos dicho, y lo hemos escrito muchas veces; sí, también en aquellos años en los que nos comíamos todo con apetito voraz: las noticias que ocurrían y las ideas que, al socaire de los sucesos, creíamos (en nuestra buena fe) que harían cada día un mundo mejor. De esos pensamientos salieron nuestros primeros comentarios. El otro día pensábamos unos cuantos amigos en estas cuestiones; y así mismo, que, en el pasado teníamos que hacer cálculos midiendo en metros o en kilómetros, o en pasos, que casi nunca cuadraban si lo hacía uno o el otro. Recordando esas circunstancias, que no nos satisfacían nada, nos dimos cuenta que uno de nosotros, el que siempre pensaba con la cabeza agachada, y la levantaba abriendo unos ojos cual resplandor que le iluminaba la cara y la mente, pues nos dijo que cuando hacía falta también podíamos usar el tiempo; cosa que hacemos ahora porque ya somos mayores y no tenemos vergüenza de preguntar, pero sobre todo porque no se nos daba muy bien ponernos a calcular distancias para saber cuántos metros necesitó el conductor del coche que atropelló al individuo aquel que acabó tan mal, el pobrecito, y era justamente el motivo de nuestro reportaje.    Ahora, ya mayores, y no sólo por la experiencia, medimos efectivamente con el tiempo, y decimos: ¿Te acuerdas de aquel atropello?; ¿recuerdas aquellas promesas que nos hacíamos entre nosotros o con la novia, que siempre terminaban diciendo que cuando sea mayor te compraré equis cosa y te llevaré a tan mágico lugar de ensueño? Es decir, también con el tiempo pensamos y hacemos cálculos: sumando, restando, viajando, siempre contando, ejercitando la mente con cosas complementarias que nos dicen los psicólogos que ahora nos atienden que siempre nos servirán en esta extraña edad de los olvidos y los líos en los que nos metemos. Sí, sí, fue el amigo Fernández el que hace ese equis tiempo, ya había dicho, como si fuera un sortilegio, que “el tiempo que resta promete una riqueza mayor”, dicho así con cierto misterio, como si habláramos de un tesoro que hemos de encontrarnos de vez en cuando. Será que el futuro, al que seguimos como si tuviéramos que contemporizar (la moda en el vestir y todo eso), nos tiene guardadas muchas sorpresas para que cuando nos encontremos con él podamos abrazarlo ya que nos hemos estado persiguiendo mutuamente y pocas veces hemos acertado, salvo alguna que otra sombra que parece que te guiña el ojo detrás de una esquina y no queremos verla por si no nos sentimos preparados para cuando llegue ese momento que imaginamos determinante y cada vez más cercano.

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Demetrio Mallebrera

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