Al paso

El sueldo de Messi y todos los demás

Fotografía: Jason Charters.

No es justo que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres

El planeta Tierra es de todos, pero de unos pocos más que de los muchos. Y eso no es justo. Puede ser legal, pero no justo. Legalidad y justicia no siempre van de la mano. El ideal, al que tenemos que seguir aspirando, es a que cada día se aproxime más la sociedad a un modelo de igualdad entre lo legal y lo justo. Durante muchos siglos, las leyes las hicieron los poderosos, aunque hubo períodos peores en los que los poderosos eran la ley. Hemos mejorado. Ya no existen la esclavitud y el derecho de pernada, pero sufrimos situaciones que se asemejan a esas lacras. La maldad de algunos seres humanos no tiene límites como tampoco la bondad de muchos de nuestros semejantes, sean hombres o mujeres.

Llevamos en nuestra naturaleza los gérmenes para hacer lo mejor y lo peor. Creo que fue Ovidio el primero que dijo ‘Video meliora proboque, deteriora sequor’ (‘Veo lo que es mejor y lo apruebo, pero sigo lo peor’). Para que las relaciones sociales sean las mejores posibles o las menos malas tenemos que darnos leyes justas. ¿Y qué tiene que ver esto con el sueldo de Messi y otros salarios, entre ellos el mínimo interprofesional? Pues está muy claro: las exageradas diferencias salariales pueden ser legales, pero evidentemente no son justas. No me refiero solo a las fichas millonarias de famosos deportistas y a sus millonarios ingresos publicitarios; también a los supersueldos de dirigentes de empresas tanto públicas como privadas mientras los trabajadores sufren penurias.

No es justo que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Está bien que haya muchos creadores de riqueza, pero no estaría mal que las leyes fijaran fórmulas para que se distribuyeran esos bienes de manera más justa. Ahí tienen un papel trascendental los dirigentes políticos, empresariales y sindicales, junto a otros agentes sociales en los más variados frentes como los deportivos y culturales.

Hay que poner límites a los sueldos de deportistas, políticos, empresarios y cualesquiera dirigentes por muy importante que sea su papel y por muy productiva que sea su labor. Se trata de buscar fórmulas para que haya sueldos máximos ‘decentes’ igual que se fija el salario mínimo, casi siempre indecente, porque todo el mundo sabe que una familia no puede vivir con 950 euros mensuales.

Ya sé que el asunto de los ‘topes salariales’ es más complicado de lo que podría parecer a simple vista. Pero el profesionalismo del deporte rey y de otros exige la adopción de medidas que beneficien a los clubs y acaben con la guerra de fichajes que solo beneficia a algunos jugadores y perjudica mucho a los clubs menos poderosos económicamente y en definitiva al deporte.

Caminar hacia una sociedad global más justa no es una utopía. Se trata de legislar buscando la justicia. Respetar la propiedad privada y, al mismo tiempo, conseguir que ésta cumpla con su función social. No solo es cuestión de salarios sino de una fiscalidad igualmente justa. Nada de comunismo mentirosamente igualitario y frustrante, ni de capitalismo discriminatorio, igualmente engañoso. Sociedad de hombres libres, pero obligados por ley a la solidaridad.

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Ramón Gómez Carrión

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