Opinión

El monocultivo

Fotografía: Jan Vašek.

Con motivo de la pandemia, se ha visto en nuestro país una serie de deficiencias que de un modo u otro siempre han existido, pero que con la crisis se han hecho, si cabe, más patentes. Estas deficiencias afectan a muchos campos, de la cultura, de la educación, de la sanidad, de la economía, de la sociedad…

Pero ahora me quiero centrar en uno bien elocuente. Me refiero al aspecto económico.

Con el boom del turismo de los años sesenta, con el recién creado Ministerio de Información y Turismo y su Dirección General de Turismo, con Fraga Iribarne de ministro todo terreno, España se centró en el sector turístico. El sol y la playa eran los reclamos esenciales. Benidorm, Marbella, la Costa Brava…

Ya había preparado el terreno el Marqués de la Vega Inclán con su red de paradores de turismo.

Se crea la carrera de técnico de empresa turísticas, se dieron titulaciones de guía intérprete de turismo y de correo de turismo, las oficinas de información turística iban repartiendo calidad y oficio… Hemos llegado a ser una de las primeras potencias mundiales en turismo receptivo.

Benidorm (Fotografía: Ledinaa).

Pero el turismo tiene un inconveniente, que es muy grave: su debilidad, su inestabilidad. Los acontecimientos bélicos, el terrorismo, las enfermedades, la estacionalidad…

Y así ha ocurrido ahora. Con el peligro de contagios, muchas naciones han cerrado las fronteras o puesto severas restricciones para la entrada de turistas. Lo que más nos afecta, Gran Bretaña, Alemania y Francia, pero hay otros países.

Y es que no se puede centrar el meollo de una economía en el turismo. Hace falta diversificación, por una parte, para crear más riqueza, y por otra, para amortizar o atenuar el fallo de algunos de los sectores.

En España se necesita una buena planificación integral, de conjunto, sobre la economía, una ley orgánica de Economía, que comprenda todos y cada uno de los principales sectores y factores que inciden en la creación de riqueza.

España tenía una poderosa industria naval, siderúrgica (esos altos hornos del País Vasco…), de armamento, agropecuaria y tantos otros puntos coadyuvantes para nuestro desarrollo.

Con la integración en Europa ha habido una readaptación, pero muchos de los elementos básicos de reforma han ido en detrimento de nuestra economía. Acaso no hemos sabido negociar adecuadamente ante la Unión Europea y a nuestros políticos les ha faltado punch o categoría o influencia, ante las autoridades comunitarias.

Fotografía: Skeeze (Pixabay).

Actualmente, un Gobierno procomunista no es la mejor garantía de confianza. Pero no es la culpa, con todo, de este Gobierno. Igualmente, los gobiernos de derechas y los socialdemócratas tienen culpa en el fracaso.

Cuando se creó el mercado común europeo, un Castiella, un Ullastres, o un López Bravo, supieron defender nuestros derechos. Poco a poco, ya tras la transición, fuimos perdiendo fuelle. Hoy en día Alemania y Francia son los motores y España ocupa un lugar muy secundario, como se ha visto en el reciente fracaso de la elección de Calviño.

Una de las «patas» de una economía fuerte es sin duda la investigación y la ciencia. Siempre hemos adolecido de falta de interés por estas vertientes. Dejamos aparte a los Gobiernos de UCD que bastante tenían con organizar la Transición. Ni con los Gobiernos de Felipe González, ni con Aznar, ni con Zapatero, ni con Rajoy, y no se diga con este Gobierno Frankestein actual, se ha hecho algo de envergadura. De los Presupuestos del Estado, a la ciencia se ha dedicado muy poca inversión. Resuenan en el ámbito infraestructural esas palabras de denuncia de Unamuno: «¡Que inventen ellos!».

Todo un premio nobel de Medicina, Severo Ochoa, tuvo que formarse en los Estados Unidos por falta de condiciones en nuestro país, y en Norteamérica forjó su ciencia y su saber. Ramón y Cajal fue una excepción pues sus condiciones de genio hicieron que en España, a pesar de los pesares y con medios humildes, desarrollara sus descubrimientos del sistema nervioso. Pero la excepción confirma la regla.

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas se crea en la dictadura y allí se pusieron amplias bases. Una dictadura, reprobable en lo ideológico pero que, en cambio, hizo algunas aportaciones fundamentales con la creación de ese consejo y la infraestructura de los grandes hospitales de Madrid.

Tenemos un potencial enorme pero desaprovechado, para la creación de patentes y para la potenciación de investigaciones científicas y de descubrimientos que pongan a nuestra nación en vanguardia. Pero el elemento humano no va acompañado de financiación, por ese sempiterno desprecio de los políticos por la ciencia. Los departamentos de ciencias, biología, bioquímica… de las universidades, adolecen de falta de medios. Así no se puede hacer mucho. La fuga de cerebros es alarmante y en España quedan aún buenos científicos, pero por amor al arte y a su país, pese a sus bajas retribuciones.

Campos de olivos (Fotografía: Enrique López Garre).

En suma, vemos que hay muchos fallos e insuficiencias. El campo abandonado, cuando una industria agropecuaria potente puede darnos mucha riqueza. Tenemos los ejemplos del aceite de oliva y del vino, de gran calidad.

La industria del automóvil, la siderurgia, la revitalización de los astilleros, la industria derivada de la pesca (nuestro país, rodeado de mar por todas partes). ¡Tanto por hacer y tanto desaprovechamiento de las condiciones idóneas en que nos movemos!

Las prebendas, la corrupción, la evasión de capitales, el amiguismo, el número enorme de puestos directivos en la Administración… todo ello, influye negativamente.

Hace falta, pues, una planificación económica de conjunto, que abarque lo nacional, lo internacional en general, y los acuerdos con Europa, de la que dependemos. Estos tres pilares son la clave para nuestra recuperación. Esa ley económica, que debiera ser ley orgánica, acerca de la Economía, consensuada en las Cortes y en el Senado, puede suponer nuestra recuperación postpandemia, tan necesaria.

Y el turismo no ha de ser el elemento básico, si hemos aprendido la lección. Ha de ser uno más de los pilares, pero no tan importante como se pensaba, por las razones que hemos expuesto anteriormente.

Basten estas líneas iniciales para comprender el problema, y espero continuar exponiendo otros puntos que desarrollen en mayor medida lo hasta aquí indicado de forma casi telegráfica.

No al monocultivo económico, sí a la planificación de conjunto, fuera de toda ideología y pensando en nuestra España por encima de todo.

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José Moratinos Iglesias

Doctor en Ciencias de la Educación, diplomado en Psicología, profundo conocedor de la Psicopedagogía e Instructor de Tiempo Libre con sus estudios de Magisterio.

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