Opinión

El Misteri d’Elx, un patrimonio inmune a imprevistos

Fotografía: Ramón Marcos Aniorte.

La identidad ilicitana es indisociable de su manifestación cultural de mayor preeminencia. La Festa, reconocida por la Unesco en 2001, cumple 19 años como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. El sonido de las campanas de las parroquias de Elche inundó el cielo de júbilo tras conocerse la feliz noticia, que llegó un 18 de mayo desde la capital francesa. El Misteri trascendió así del ámbito municipal al internacional en una agradable jornada primaveral que evocamos con una sonrisa.

Lamentablemente, la pandemia impidió conmemorar el decimonoveno aniversario de la manera deseada. Y aunque duela, la decisión de suspender las representaciones de agosto era necesaria con el fin de salvaguardar la salud y la seguridad, dado que el contexto actual requiere medidas inusuales, altura de miras y unidad para vencer al coronavirus con firmeza.

Sin duda, son contadas y muy justificadas las veces que el Misteri ha faltado a su cita en Santa María. No obstante, el hecho atípico no enturbia el cariño por el drama asuncionista, sino que ahonda más en dicho afecto y permite empatizar con los ilicitanos del pasado, que también debieron demorar la Festa en algunos momentos de la historia para afrontar desafíos de envergadura.

Hemos de retrotraernos a una docena de estíos de la Edad Contemporánea, al menos, para advertir que tampoco hubo Misteri. Las circunstancias de calado obligaron, asimismo, a su cancelación por diversas razones, predominando las derivadas de la conservación de la basílica. Pero a destacar el siglo XIX, en el que Elche padeció el envite del cólera en repetidas ocasiones con respuestas, sorprendentemente, similares a las adoptadas ahora con la COVID-19. Por aquel entonces, el confinamiento como estrategia preventiva ya generaba debates. Y para qué recordar el oscuro periodo entre 1936 y 1940. La sinrazón del conflicto civil e inmediata posguerra silenció las voces de los cantores durante un largo y penoso lustro.

Hoy como ayer, la ciudadanía reservamos la devoción por las fiestas patronales y sumamos energías para que la emergencia sanitaria sea, más pronto que tarde, una nota a pie de página en las dilatadas crónicas locales, cuyos aciagos episodios quedarán eclipsados por la encomiable labor del personal sanitario y de los voluntarios. Sin por ello fallar a la memoria de las víctimas del bacilo y sus allegados, por supuesto.

Desde tiempos remotos, el Misteri es depositario de la emoción del pueblo de Elche que, en cada función, vibra con la asunción de la Virgen y renueva los votos con su pretérito mientras despeja el futuro para que Santa María continúe albergando la obra sacrolírica sempiternamente, conmoviendo a propios y extraños dentro y fuera de España. Como hace casi dos décadas en París, cuando la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura determinó que nuestro tesoro inmaterial más preciado muestra tal grado de excepcionalidad que bien merece gozar de la protección y admiración del mundo entero.

El porvenir de la celebración de origen medieval está asegurado gracias al compromiso y entusiasmo de la sociedad por su decana tradición. Que puntualmente asome la imposibilidad de escenificarla por situaciones sobrevenidas, más allá del motivo, se tercia anecdótico de analizar la extensa trayectoria del Misteri. Además, los ilicitanos lo llevamos en el corazón todos los días del calendario, y el estado de alarma no ha detenido la rutina de la gran familia de la Festa, la cual ensaya en sus hogares para ofrecernos, en cuanto sea posible, el mejor y más genuino Misteri d’Elx, el de siempre.

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José Filiu Casado

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