Balones a la olla

El Hércules y el líder Lleida firman tablas

Pasó por el Rico Pérez el líder, el equipo que a estas alturas comanda la clasificación. Nada que ver con alguno de los conjuntos que ya han desfilado por aquí. Primero en la tabla y con solamente seis goles encajados hasta ese momento, en diez partidos. Los números hablan por sí solos. Partido bonito, intenso y de muchos quilates el visto ayer, quizá incluso de superior categoría. Al final un empate con sabor agridulce para ambos, aunque visto lo visto y su desarrollo, casi el Hércules sumó un punto y el equipo catalán perdió dos.

Hércules 1 – Lleida 1

En esta vida, a veces se cumplen los sueños y otras veces no se hacen realidad.

Después del antídoto, nuevo entrenador, después de la última victoria en casa, después de la victoria en Cornellá, y tras haber abandonado los puestos de descenso, el que suscribe tuvo el sueño de que terminaríamos ganando al líder. Tal es así que, a mitad de semana, ya discurrí un gracioso titular con connotaciones médico-sanitarias. Más o menos, el ripio diría: «De la UVI pasó a planta y ayer recibió el alta»

Pero el caso es que una cosa son los sueños y otra bien distinta la realidad. Mi gozo en un pozo.  Parece de Perogrullo, pero ayer el Hércules empató, como podía haber perdido, pero como también podía haber ganado. Pasó de todo, hubo de todo, ocasiones para uno y otro, desequilibrio para uno y otro, acciones en un área y en la otra. Y al final un reparto de puntos con sensaciones diferentes sobre todo porque en los últimos minutos del encuentro, prácticamente en el descuento, los visitantes acumularon, hasta tres acciones de gol, donde el meta Falcón, hizo alguna parada antológica, y otra no entró de milagro. Hay que advertir sobre el relajo, los partidos duran hasta que el árbitro decreta el final.

Comenzó el encuentro con el lógico tanteo, no pasó nada hasta el minuto doce, con la primera ocasión leridana y el susto para la parroquia, en este primer tercio del partido, el Hércules apenas si llegaba y sólo se estrellaba al borde del área. Cuando mejor estaba el juego, de poder a poder, llegó el gol visitante. Efectivo, bonito y estético. Tuvo que ser un exherculano. Raúl, remató plácidamente de cabeza a la red, en el segundo palo, un centro que le llegó por la izquierda. Fue más demérito local que acierto visitante.

Aunque en el fútbol, no siempre la suma de dos más dos sea cuatro, sí es verdad que hay un buen porcentaje de lógica y todo lo que sucedió ayer tarde no es casual.

Dio inicio la segunda parte, con la necesidad perentoria por parte del Hércules de igualar el partido. Comenzó a arreciar el viento, y de forma huracanada atacaba el Hércules, quizá durante los minutos que más arrinconado estuvo el Lleida. Y entonces llegó el gol, en el minuto sesenta y cuatro. Una jugada casi a cien por hora, moviendo el balón con rapidez y todo al primer toque. El canterano Olmedo, centra sobre la marcha al corazón del área tal y como le venía y Carlos Martínez, con olfato de goleador, se adelanta y también sin parar la aloja en el fondo de las mallas. Apenas antes había tenido otra ocasión en sus botas, en la que se adelantó demasiado el balón. Con el uno a uno, y con tiempo por delante, curiosamente volvió a aparecer el conjunto catalán, lejos de amilanarse. Íñiguez tuvo que salvar al Hércules de otra acción bajo palos. Y ahí llegó el tic-tac del partido, la clave; quedando un cuarto de hora, hay un centro de Borja, muy activo toda la tarde, que de nuevo remata Carlos Martínez, pero en este caso falló, era casi más fácil meterla, la tuvo y se llegó a cantar gol. Y la gran incógnita, si de haberlo materializado, hubiéramos podido aguantar el resultado. De los cambios y sustituciones de ayer, uno no vino muy a cuenta, quizá por cansancio, pero lo cierto es que el Hércules perdió mucho con la marcha de Borja y la entrada de Moha. El jugador africano, parece un caballo desbocado y como decía aquel anuncio de neumáticos: «La potencia sin control no vale para nada».

Fuente: Hércules Club de Fútbol.

La buena segunda parte del Hércules, y el previsible empate que pudo ser más, quedó todo empañado con las últimas acciones del Lleida, que hicieron que a más de uno se le saliera el corazón por alguna parte. Justo al final, y ya en el descuento, Falcón hubo de sacar dos manos, despejando de forma seguida a saque de esquina, e incluso una más que no acertaron a meter en la portería de verdadero milagro. Se le estaba dando tanta importancia a la remontada, que se desatendió la zona de atrás.  Visto lo visto, el pitido final del colegiado balear, Busquets Ferrer, casi fue un alivio para Hércules, y un disgusto para Lleida, que con muy poco, se pudo llevar el premio gordo, en apenas instantes.

Más o menos, esa fue la lectura de ambos entrenadores en sala de prensa. Molo, técnico visitante, dijo tener un sabor agridulce, aunque también valoraba un punto en el Rico Pérez, y ensalzó la plantilla del Hércules. Por su parte Jesús Muñoz, reconoció que al final se podía haber perdido, pero también hizo buena la segunda acción de Carlos, mediante la que se pudo ganar. Reconocimiento a un Lleida que este año va muy en serio y que ayer en Alicante presentó sus credenciales. Nada es casual, ya a mitad de la primera vuelta y los números lo dicen todo. Seguimos en la zona baja de la clasificación, y el próximo compromiso con otro de los gallitos del grupo. Desplazamiento a Castellón.

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Ferrándiz

Se puede ser de equipos muy grandes, muy famosos, ganadores de muchos títulos, pero nosotros somos del Hércules. Modestia y orgullo pueden ir de la mano. En nuestro corazón habita ese pálpito blanquiazul. Sentimos al Hércules, como sentimos la Explanada, el Postiguet o la Cara del Moro. Macho Hércules.

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