Balones a la olla

El Hércules o la Ley de Murphy

El Hércules también perdió una vez más. En este caso, la cosa acabó en goleada en su desplazamiento provincial a la localidad de La Nucía. En un duelo inédito. Un rival conjuntado, bien trabajado y experimentado, que comanda el veterano César Ferrando, terminó desquiciando a los de la capital, que si bien jugaron con diez casi todo el partido, también es verdad que hicieron apenas una jugada de peligro durante todo el partido. Ninguna sensación, electroencefalograma plano una vez más, y ansiedad sumada a una preocupante impotencia. Estamos a las puertas de la Navidad, pero si hoy acabara la liga, el Hércules, hace apenas una década en Primera División, habría descendido a Tercera.

La Nucía 3 – Hércules 0

La Ley de Murphy es un enunciado basado en un principio empírico, que trata de explicar los hechos acontecidos en todo tipo de ámbitos; a grandes rasgos se basa en lo siguiente: «Si algo malo puede pasar, pasará» A partir de ahí se puede aplicar a todo tipo de casos o situaciones, desde las más intrascendentes y banales de la vida a las más trascendentales.

En el partido de ayer, ¿se imaginaba alguien que nos pudieran expulsar a un jugador en el minuto ocho de la primera parte, y jugásemos, a remolque, todo el partido con uno menos? Pues sí, eso al Hércules le puede suceder. Y esta circunstancia de una u otra forma, alteró, condicionó, y le cambió el guión al partido, que estaba previsto, planificado y diseñado de una forma y terminó siendo diferente.

Pronto, en el minuto seis, llegaría el primer susto, por mediación de Miñano, antiguo jugador del Hércules, su tiro se marchó ajustado al poste. Y dos minutos después, el colegiado Muñoz Piedra expulsó de forma muy rigurosa a Álvaro Pérez, por interpretar que su falta al borde del área, que lo era, era asimismo ocasión manifiesta de gol, por ser el delantero local, el último atacante. Nadie sabe cómo se podría haber desarrollado el partido de no ser por este lance, pero lo cierto es que a partir de ahí comenzó a gestarse la debacle, que se consumaría en la segunda mitad. Tras esta circunstancia, el técnico reaccionó sustituyendo a Carlos Martínez, en perjuicio del ataque, y dio entrada a Miranda para jugar de central y ocupar la posición del expulsado; no le quedaba otra. Por no entrar en pormenores de jugadas y minutos, sí hay que apuntar que el dominio fue claramente local, y además con solvencia. Fue casi milagroso llegar al descanso con empate a cero. Falcón tuvo alguna que otra acción de mérito, por no hablar de los dos balones a la madera, que se pusieron de nuestra parte. Un tiro al poste y un despeje de Olmedo, que queriendo sacar el balón despejó hacia atrás y repelió el larguero. Al borde de la primera parte, otra vez Falcón y un rechace de esos de portero de balonmano. Es de lo poco que se salva del Hércules, supongo que juega aquí y no en cualquier equipo de Segunda División A, simplemente porque no se vive mal en la capital de la Costa Blanca. Le debe gustar Alicante. Descanso, empate y gracias.

Pero quedaban cuarenta y cinco minutos por delante y con uno menos. Demasiado largo.

Fuente: Hércules de Alicante Club de Fútbol.

De nada sirvió lo hablado en el vestuario durante el intervalo, porque al comienzo de la segunda parte, llegó el primer gol local. Pablo Morgado, se escoró una y otra vez a la derecha, buscó ángulo y chutó a la izquierda de la portería, de potente disparo. Entonces llegó la única reacción herculana a destacar, a renglón seguido, un cabezazo de Jona que detuvo sin mucho apuro el meta local. Y en el sesenta el dos a cero. Centro de Javi Cabezas por la derecha, y de potente y certero remate de cabeza, muy ajustado al larguero entró el balón por alto, nada pudo hacer Falcón, frente a Titi. Quedaba media hora, pero daba igual, como si hubiera quedado todo un mundo. El Hércules abatido, derrotado y con uno menos bajó los brazos. De ahí hasta el final, La Nucía supo manejar y controlar un partido que ya tenía de cara. Experiencia, solvencia, conducción, buen manejo de balón, sobre el césped natural del coqueto y nuevo estadio, y cuantos calificativos bonancibles más queramos ponerle, al equipo sorpresa y revelación recién ascendido.

Pero no quedó ahí la cosa, porque faltaba la puntilla de la humillación. Para que todo fuera más duro, más trágico, y peor de digerir, en el tiempo de descuento, llegó el definitivo gol de Agüero. Galopada por la derecha, en una jugada a la contra, llevándose al defensa, y tiro raso y cruzado frente al que Falcón no pudo llegar.

Es difícil de interpretar. No fue injusto, ni mucho menos. Pero es como si el Coslada o el Torrelodones le gana al Real Madrid. Como si el Tarrasa o el Badalona, le gana al Barcelona. Siempre duele que el del pueblo le gane al de la capital, aunque sea por chauvinismo.

Algunos se querrán agarrar a la temprana expulsión, al hecho de jugar con uno menos todo el partido, pero esto ya no tiene justificación. El Hércules no juega a nada, no crea ocasiones de gol, no hay profundidad, ni dirección en el centro del campo, y la defensa es un coladero, por no hablar de la sequía goleadora de los delanteros. Si no fuera por el portero, la cantidad de goles encajados podría ser de verdadero escándalo.

Plantilla del Hércules (Fuente: Hércules de Alicante Club de Fútbol).

Al final del encuentro, el ayer delantero centro titular, Jona, habló para los micrófonos de la televisión autonómica À Punt, y su mejor testimonio o declaración, fue precisamente eso, el no saber qué decir, el no saber cómo explicarlo, le faltó llorar. Y es que es ciertamente difícil de explicar cómo una plantilla o un proyecto dotado económicamente para ascender, está haciendo aguas de esta forma, cuando ya incluso se ha puesto el parche o el remiendo de un segundo entrenador, tras el despido del primero.

Pero esto sigue, y el próximo domingo, día uno de diciembre y para estrenar el mes, recibiremos en el Rico Pérez, al conjunto gerundense del Olot. Vienen de golear al Levante, están clasificados en media tabla y desahogados. Un revés, una debacle, un cataclismo, a modo de derrota, por mucho o por la mínima, podría precipitar los acontecimientos, hasta no se sabe dónde. Jesús Muñoz ya es el segundo entrenador esta temporada tras el despido de Planagumá a las primeras de cambio, pero a nadie se le escapa que ha quedado tocado y contra las cuerdas después de lo de hoy, y si Ramírez, el accionista de referencia del Hércules, después de Ortiz, dijo esta semana a los jugadores estar a muerte y hacer valer la gestión del secretario técnico, Portillo, entonces ya se sabe a quién podría tocarle. Es cierto que el llamado «Mercado de Invierno» aún queda un poco lejos pero seguro que habrá movimientos. Por lo pronto esperemos que el tal MURPHY tenga otras cosas que hacer, y no se le ocurra acudir este domingo por el Rico Pérez, ya saben aquello de, SI ALGO MALO PUEDE PASAR, PASARÁ.

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Ferrándiz

Se puede ser de equipos muy grandes, muy famosos, ganadores de muchos títulos, pero nosotros somos del Hércules. Modestia y orgullo pueden ir de la mano. En nuestro corazón habita ese pálpito blanquiazul. Sentimos al Hércules, como sentimos la Explanada, el Postiguet o la Cara del Moro. Macho Hércules.

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