Balones a la olla

El Hércules da electroencefalograma plano en Castellón de la Plana

Bromas al margen, la cosa no tiene ni pizca de graciosa. El Hércules sale derrotado del feudo de Castalia. Subió, bajó, peleó, corrió, pero todo con poco sentido, con poca profundidad. Como aquella frase hecha en fútbol de «No sabemos a qué jugamos». Salió derrotado por la mínima, pero eso fue casi una anécdota, porque habernos traído ayer, tres o cuatro goles, hubiese sido lo más lógico. A veces aún hay que ser agradecido con el fútbol. Con el fútbol y con Falcón. ¡Si no fuera por él!

Castellón 1 – Hércules 0

Y digo, que hay que ser agradecido con el fútbol, porque lo de ayer podría haber sido de escándalo, si el fútbol llega a ser más cruel con nosotros. Pero afortunadamente, de lo mejor de este Hércules, es su portero Falcón, que fue parando y desbaratando, ocasiones una tras otra, acciones que ya se daban cantadas como goles. Al final su esfuerzo sirvió para bien poco, eso sí, para evitar una goleada de sofoco.

Pocas instancias quedan a donde encomendarse. Hemos caído de nuevo a la plaza de promoción para evitar el descenso, rozando los puestos de descenso directo. Cosas más raras se han visto, pero el que quiera ponerse una venda en los ojos y pensar que esto irá para arriba, seguramente se está engañando él solo. Este equipo, con estos mimbres da para lo que da, y a estas alturas, muchos ya firmaríamos, porque fuera una temporada sin sobresaltos ni sustos, al final salvemos la categoría, y después Dios dirá. Eso salvo que en el llamado «Mercado de Invierno» los dueños saquen la chequera y tiren la casa por la ventana, pero en serio, no con los parches y reparaciones de otras temporadas. El caso es que en quince días, Lleida y Castellón nos han puesto los pies sobre la tierra.

Pronto. En el minuto cuatro hizo Falcón su primera gran parada a tiro de Jorge, lo sacó de la misma escuadra. Minuto seis, segunda gran parada, vaselina de Rubén, despeje y al larguero. En sólo seis minutos podían llevar dos goles. En el minuto trece le anulan un gol al Castellón, por fuera de juego, parece que lo era, pero el caso es que nos volvieron a pillar. Apenas minutos de sosiego, pero las ocasiones locales se suceden, en el treinta y cuatro, César perdona una, y en el cuarenta y dos salva Álvaro Pérez, de los pies de Jorge. Por si faltaba algo al borde del descanso, fue de nuevo Álvaro Pérez, el que pudo cometer penalti, el árbitro no quiso saber nada. Descanso y respiro, de haberse disputado a los puntos, como el boxeo, nos habríamos llevado una goleada.

En el cincuenta y nueve, ya inmersos en la segunda parte, llegaría otra de las grandes paradas de Falcón, con adorno incluido, pero como dice el refrán: «Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe». Ya era demasiado, y así un minuto más tarde llegó el gol, que aún intuyó nuestro portero, pero frente al que nada pudo hacer. Era el uno a cero. Centro por la derecha y cabezazo impecable de Gálvez. El central subió a rematar y no fue en balde.

A partir de ahí, lo de siempre. El conjunto local se quedó a verlas venir. Nadó y guardó la ropa. El Hércules, con tiempo todavía, se lanzó hacía adelante, pero tampoco a tumba abierta, sino más bien a borbotones, a escopetazos. Como podía o le dejaban. Cierto dominio. Una ocasión de Jona y otra de Carlos Martínez, pero sin mayor trascendencia.

Fuente: Hércules de Alicante Club de Fútbol.

Con el pitido final llegó la euforia de una afición local que prácticamente llenó su estadio, y llegó la decepción de la expedición de aficionados herculanos que fletaba el club, más no pocos que tomaron sus coches y fueron hasta tierras castellonenses. Mitad fútbol, mitad excursión dominguera.

Esto es para desquiciarse. El entrenador del Castellón, Óscar Cano, dijo a lo largo de la semana que había que llevar mucho cuidado, porque el Hércules era el Real Madrid de la Segunda División B. Todos los técnicos de otros equipos que vienen a Alicante, en sala de prensa, ponderan y ensalzan al Hércules, diciendo que tiene un gran equipo, y además hacen referencia con nombre propio a alguno de los jugadores. Dígase, los Alfaro, Benja, Carlos Martínez, Iñiguez, Jona. Entonces, ¿qué está pasando?, ¿cuál es la tecla o el acorde mal tocado que hace que desafine la sinfonía? A saber…

Este próximo domingo, ya en casa, espera al Mestalla, el filial del Valencia. O el ELECTROENCEFALOGRAMA deja de ser plano y se recobran las pulsaciones normales, o esto puede ser MORTAL DE NECESIDAD.

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Ferrándiz

Se puede ser de equipos muy grandes, muy famosos, ganadores de muchos títulos, pero nosotros somos del Hércules. Modestia y orgullo pueden ir de la mano. En nuestro corazón habita ese pálpito blanquiazul. Sentimos al Hércules, como sentimos la Explanada, el Postiguet o la Cara del Moro. Macho Hércules.

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