Reportajes

El enemigo invisible

Imagen: Enrique López Garre.

Habiéndose iniciado ya, bajo los auspicios y la coordinación de la UE, el reparto de vacunas contra el coronavirus y comenzando en nuestro país la aplicación por las residencias de ancianos, cabe hacer algunas reflexiones de actualidad sobre ese virus que ha protagonizado, desgraciadamente, todo el 2020.

El año 2020 ha sido de auténtica conmoción mundial. Una sociedad que vivía dentro de una “relativa normalidad”, con sus pobres y sus ricos, con su capitalismo salvaje, de una parte, y el  comunismo-marxismo (con sus variantes) de otra, con la paulatina destrucción del planeta por el ser humano, con la hipocresía general y los meritorios casos excepcionales, con el adormecimiento de la población por los gobernantes… En fin, una sociedad con sus virtudes y  defectos, como todo en la vida. Y de pronto, se vio sorprendida.

Hubo un ataque masivo, sorprendente, como esos marcianos de las películas de los años cincuenta que invaden la tierra, como el  Godzilla japonés, como… Era un enemigo especial, un enemigo prácticamente invisible, ni ser vivo ni ser muerto; una molécula. Era… el coronavirus.

Examinemos al enemigo. ¿Cómo es? ¿Qué caracteres tiene? Como dice la especialista  Bettie J. Graham, el virus es una partícula de código genético, ADN o ARN, encapsulada en una vesícula de proteínas. Los virus no se pueden replicar por sí solos, pues necesitan infectar células y usar los componentes de la célula huésped para hacer copias de sí mismos. A menudo, el virus daña o mata a la célula huésped en el proceso de multiplicación. Dado que los virus no tienen la misma biología que las bacterias, no pueden ser combatidos con antibióticos. Solamente vacunas o medicamentos antivirales pueden disminuir o reducir la severidad de las enfermedades virales, incluyendo el sida, el sarampión, la viruela o el covid-19 (que es el caso que contemplamos).

Son vacunas autorizadas y recomendadas para la prevención del covid-19, la Pfizer, la Moderna y la de AstraZeneca-Oxford (ya se aplica en Reino Unido). En fase avanzada están otras como por ejemplo la de Jansen.

Imagen: Elchinator (Fuente: Pixabay).

Vacuna Pfizer.- Es una vacuna de ARN, lo que significa que lo que contiene es un ácido nucleico que, cuando se vacuna a una persona, entra en la célula y se “traduce”, dando lugar a la proteína de la espícula del virus SARS-CoV2. El sistema inmune lo reconoce y genera anticuerpos y una respuesta inmune. Así lo explica la doctora Sonia Zúñiga, investigadora del CSIC y colaboradora del proyecto vacunal de Luis Enjuanes, que también se basa en ARN. La Pfizer no utiliza todo el virus sino una parte de él. Se sirve de una cápsula de grasa, que entra en nuestras células sin problema, y que lleva en su interior material genético del virus. Es el ARN mensajero, que es como el “libro de instrucciones” que nuestras células pueden leer e interpretar para fabricar antígenos.

Vacuna Moderna.- Con base en la evidencia de los ensayos clínicos, la vacuna de Moderna demostró tener una efectividad de más del 94%, en la prevención de casos del covid-19 confirmados en laboratorio en personas que recibieron dos dosis y que no registraban evidencias de infecciones previas.

Vacuna AstraZeneca.- La vacuna AstraZeneca de Oxford contra el covid-19 lo previene en más de un 70% de los casos, aunque llega a alcanzar un 90% en algunas dosificaciones. AstraZeneca estudia cómo combinar su vacuna con la Sputnik V rusa, para aumentar su efectividad.

Investigaciones españolas.- Nuestro CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) ha puesto en marcha la PTI (Plataforma Temática Interdisciplinar Salud Global) con respecto a la pandemia y la crisis sanitaria. Hay 25 proyectos seleccionados. Se busca investigar el coronavirus SARS-CoV-2, que es el causante de la pandemia del covid-19. Así, vemos que nuestro país es un adalid en las investigaciones, en un marco global que no solo busca “la vacuna”, sino además la prevención, el tratamiento y el seguimiento así como los instrumentos, en general, que pueden ser efectivos en un contexto de enfrentamiento a esta terrible pandemia. La búsqueda de la “vacuna española”, se efectúa mediante el uso de un gen de un antígeno del propio coronavirus, para estimular la inmunidad del receptor. El método consiste en colocar el gen del antígeno en un “vehículo” sintético de ADN (un plásmido) que puede ser introducido en el organismo del paciente e inducir así la proteína frente a la infección.

Muchas teorías hay sobre ese invasor desconocido. Los científicos no se ponían de acuerdo. Parece que surgió en China, pero otros estudiosos del tema dicen que mucho antes de la aparición en Wuham, ya circulaba por ahí, por esos mundos de dios…

Y de pronto todo cambió, aparentemente: las costumbres, las relaciones sociales, las estructuras sanitarias, económicas y de la sociedad. En España, hasta el propio independentismo quedó desconcertado. Ya no se podían hacer esas manifestaciones masivas, pues había peligro de contagio.

Poco a poco, el mundo se fue habituando. La mascarilla era (y es) “vestimenta” usual, los abrazos se sustituyeron por la mano a la altura del corazón, el desinfectante estaba a la orden del día…

Y el coronavirus, avanza implacable; no tiene cerebro y se mueve por las leyes de la física y de la química.

Los valores de los humanos

En principio se aprecia que era (y es) un enemigo pernicioso y asesino, y así se le considera. Pero… ¿habría un “algo” bueno, dentro de esta tragedia? Si ayudara al menos a cambiar a la humanidad, a regenerarla, a hacerla más humilde viendo la pequeñez del ser humano, de los gobiernos, de las dictaduras o de los poderosos capitalistas, ante la enfermedad…

Pero no; parece que eso fue un espejismo. Ciertamente, se está produciendo una reestructuración social, dadas las circunstancias. El capitalismo feroz, se sustituye ahora en buena parte por las grandes multinacionales que pasan a ser las de la gran industria farmacéutica, que con las vacunas y los productos complementarios se convertirá en auténtica dueña de la  situación. Y no me refiero a esas farmacias, con su actuación tan meritoria, sino a los magnates de este sector. La sociedad tecnológica va sustituyendo a la sociedad humanística (si es que alguna vez la hubo), la educación pasa a ser on-line y el profesor es el ordenador, la máquina todopoderosa que puede anular conciencias… El ser humano se “robotiza” y los valores, los que quedaban, van siendo enterrados.

El enemigo viral  determinará profundos cambios en la estructura de la sociedad, pero no a bien o a mal, sino a ”distinto”. ¿Puede hablarse de una nueva sociedad tecnológica, con rostro humano? El tiempo lo dirá.

Fotografía: Wilfried Pohnke (Fuente: Pixabay).

Hay que situar a la persona, al ser humano, dentro de ese concepto de sistema retroalimentado de la Hipótesis Gaia. ¿Qué dicen los defensores de esa hipótesis, en su concepto “fuerte”? Sitúan a la biosfera, la atmósfera, los océanos y la tierra, dentro de un sistema retroalimentado para conseguir un entorno físico y químico apto para la vida. El hombre, es una minúscula parte de esa biosfera, y su insignificancia “biológica”, la ha hecho ver esta pandemia universal.

Pero el hombre, la persona,  es más, es espíritu, es alma, tiene unos valores del espíritu que las nuevas generaciones deben rescatar. Y se ha de reaccionar.

El atacante invisible nos ha desconcertado a todos y las consecuencias de su ataque, de “esos extraterrestres que invaden la tierra”, no se pueden prever.

Yo creo que al final, quien pierde es la humanidad. Y no solo vidas, sino conciencias. Los dictadores seguirán su hegemonía, las multinacionales y el capitalismo salvaje seguirán dominando a las gentes, y las corrientes comunistas continuarán  intentando el asalto para controlar las instituciones. ¿Es peor el remedio que la enfermedad?

El remedio pasa por la vacunación, pero también por  la prevención, el seguimiento continuo, nuevas investigaciones y nuevos fármacos, y sobre todo por aprovechar la coyuntura para un cambio de mentalidad de la sociedad: más abierta, solidaria y comunitaria.

El virus sigue el ataque y esas vacunas “light” que se pregonan a bombo y platillo, si no hay una acertada estrategia de aplicación, harán más ricos a los ricos y más pobres a los pobres.

Con todo, esa vacunación es necesaria, como un bastión de defensa de la persona ante el invasor inmisericorde. Pero hay que tener precaución y estar muy atentos a lo que dicen las autoridades sanitarias,  las de verdad, no las “políticas”.

El ser humano, todo lo aprovecha… para su propia destrucción.

Y así vamos.

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José Moratinos Iglesias

Doctor en Ciencias de la Educación, diplomado en Psicología, profundo conocedor de la Psicopedagogía e Instructor de Tiempo Libre con sus estudios de Magisterio.

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