Opinión

El covid-19, ¿genera también alteraciones mentales?

Imagen: O. Matryx.

Quizás cuando el lector lea el título de este artículo pensará que no le interesa su contenido porque quien lo escribe no es doctor en medicina sino un simple ciudadano que está preocupado con la posibilidad de que haya un rebrote de esta pandemia que tanto nos ha hecho sufrir.

Últimamente no hay telediario o noticiario de radio en donde no aparezcan el comportamiento de personas que se reúnen para celebrar un evento sin seguir las pautas de protección para contaminar o no ser contaminado. Con el levantamiento de la alarma que, en muchas de las comunidades, estaban en etapas en las que se prohibían las reuniones masivas, se han producido una serie de hechos que me han llevado a pensar que el maldito “bicho”, no sólo genera las alteraciones físicas que médicamente se conocen, sino que también pueden producir algún tipo de “alteración mental”.

Soy consciente que el cambio tan radical de nuestra vida día a día, cuando se ordenó por el gobierno la confinación de toda la población, fue tan duro que muchas personas no pudieron asimilar el estar encerrados en sus viviendas y perder sus hábitos de costumbres que formaban parte de esa vida. De lo que no soy consciente es que, si en épocas pasadas esas costumbres no creaban graves perjuicios al resto de sus conciudadanos, si acaso a ellos mismos, sí que pueden producir en estos momentos, graves daños a personas que tienen todos los derechos de no contagiarse porque estos transgresores no quieran acatar las recomendaciones para evitarlos y llegar a cometer lo que me parece que es un delito.

Ante estas situaciones anormales, en una desescalada de la pandemia, que muchísima gente considera que el virus ha desaparecido y por tanto se pueden volver a antiguas costumbres, sobre todo de ocio, no será extraño que vuelva a rebrotar y todo lo que se había ganado lo volvamos a perder.

Respecto a los jóvenes que en algunos casos son la mayoría de los participantes, les digo que se acuerden de los mayores de más de 70 años que han fallecido directamente por el virus o por sus enfermedades crónicas, entre los que se pueden encontrar familiares como sus padres o abuelos. Respecto a sus abuelos, quiero recordarles que muchos de ellos, en la pasada crisis del 2008 al 2014 con sus escasas pensiones, aportaron lo necesario para que pudiesen alimentarse y salir adelante, y ahora, no se merecen morir en una UCI o en una residencia separados de sus seres queridos. De seguir por este camino hay que recordar que, con el fallecimiento de los mayores, la pensión con la que anteriormente se solucionaron muchas malas situaciones desaparece y, tal como está evolucionado la economía, se echará de menos.

Como última reflexión voy a dejar escrito lo que pienso de esas “locuras” que se han dado en estos días pasados: Un rato de fiesta, de botellón, de querer reunirse masivamente con las amistades sin ninguna de las medidas para evitar contagios, de recuperar momentos que en el pasado se podían hacer, no es pretexto para eludir una obligación que pueda producir una sola muerte y muchísimo menos 28.327 fallecidos, según las listas oficiales entre los que se encuentran 76 sanitarios que estuvieron en primera línea para combatir la enfermedad.

Y me pregunto: ¿Para esto hemos tenido un confinamiento en nuestras casas? ¿Para esto han tenido que fallecer tantos españoles?

La respuesta está en nuestras manos. Si seguimos las medidas que todos sabemos que hay que adoptar para combatir el virus, teniendo en cuenta que estará con nosotros durante una larga temporada.

Esta última reflexión también debemos de considerarla, no sólo los jóvenes, sino todos los españoles sabiendo que estamos ante un enemigo que busca la muerte. Y por supuesto, el gobierno central o los de las comunidades, deberían tomar las medidas oportunas para que quienes organizan las reuniones o los participantes que asisten a ellas, fuesen amonestados convenientemente, como se hizo en los momentos más altos de contagios y fallecimientos, cuando la mayoría estábamos recluidos en nuestras viviendas y se realizaron denuncias y se pusieron multas que, estoy seguro, a más de uno se le quitaron las ganas de volver a romper el confinamiento.   

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Joaquín Ñeco

Alférez de navío.

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