Cultura

De libros y poetas

Si la poesía es la sublimación del sentimiento, resulta muy difícil comentar siquiera someramente un libro de un poeta grande, prologado por otro poeta grande. Y si son ambos amigos mucho peor. Sin embargo no quiero sustraerme a un modesto comentario a un libro que me resulta  asombroso y que me llena de ilusión hacerlo mencionar.

Juan Lozano Felices, que nació en Elche, donde vive, trabaja, ama y poetiza, se dio a conocer para mí en un libro muy importante: Soliloquio del Auriga. Este es un libro que casi vi nacer y que es parte de mi vida, sobre todo porque su autor tuvo la distinción de dedicarme uno de sus poemas, “Titre de Noblesse”, donde nos acompaña Lampedusa, personaje para mí fundamental, y uno de los protagonistas de nuestras conversaciones en los austeros despachos judiciales, donde compartimos nuestro trabajo en esa ciudad cálida y agradecida que es la capital ilicitana y que quedó para siempre en mi corazón.  Y ahora me encuentro con Memoria de lo Infinito. Y es que es un libro que me trae a mí, también, y estoy seguro que a muchos de sus lectores, recuerdos inolvidables. Estructurada en cuatro secciones, presenta cada una con una cita importante que nos revela un cúmulo de sentimientos y nostalgia: “Memoria de lo Infinito” con cita de Arthur Rimbaud; “Traspaso de poderes”, con cita de Friedrich Hörderlin; “Los dones del escapista”, con cita de Juan E. Cirlot; y “Cadenza ad libitum”, con citas de José M.ª Álvarez y Pier Paolo Pasolini. Como siempre las citas nos dan entrada a los conjuntos del poemario, y es así como el primer poema de la primera sección, “Perpetuum mobile”, nos lleva a un momento de una profunda intimidad cuando nos dice que Todo lo amado es enigma que nos preserva… Movamos el mundo a base de presagios.

No me detendré en mayores citas, pero no me resisto a anunciar al lector que Juan Lozano Felices, nos llevará a la Piazza di Spagna y a caminar sin rumbo por el Transtevere. Y nos llena de nostalgia porque, como nos dice: “Hay lugares donde siempre se está a punto de volver”. Y yo, que escribo estas letras,  con mis años ya desbocados, no quisiera marcharme para siempre sin volver a Roma y sus conjuntos. Y dejo de hablar aquí de sentimientos romanos mientras escribo estas letras, con el sonido al fondo, como lenitivo a la nostalgia, de la alegre música del “Funiculí Funiculá” en la voz de Beniamino Gigli.  Y hay, en Juan Carlos una confesión de amor en su poema “Poeta maldito no quiero ser”, donde nos dirá: 

Quiero llevar a mis hijos al parque
por jugar un tres en raya
bajo la luz dominical
y regalarle flores a mi mujer.

Sentimiento y realidad: son su vida. Estamos en presencia de un poemario íntimo, sereno, lleno de recuerdos y citas de seres memorables.  Y yo que tanto he hablado con él siempre le agradeceré que me acercara a conocer y leer a Jaime Gil de Biedma y a Constantino Cavafis. Y también a Pedro Salinas. Mañanas de otoño y primavera. Inolvidables. Y como antes anuncié,  el gran poeta de Orihuela y del mundo, José Luis Zerón Huguet, le prologa a Juan Carlos su libro. José Luis Zerón, que es el autor entre muchas más cosas, del poemario Espacio Transitorio, que nunca me canso de leer, y goza de mi admiración, dedica a Memoria de lo infinito un espectacular y profundo prólogo en el que nos acaba diciendo: “En definitiva, Memoria de lo infinito, es el testimonio vital de un poeta escéptico que no renuncia a la esperanza, ‘quizá sea cobarde negarse a creer’, ni a la emotividad ni a la felicidad sosegada. Celebro la lectura de este poemario maduro y coherente cincelado con la honradez y la calma propia de Juan Lozano Felices”. Yo suscribo completamente tu afirmación, José Luis Zerón, y termino estas notas citando la dedicatoria que me hace Juan Carlos en su libro: “Para mi amigo Julio, estos poemas que nos acercan a la llama. Con mucho afecto. Juan C. Lozano. 12-8-20″.

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Julio Calvet Botella

Magistrado y escritor.

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